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"Todos estuvieron de acuerdo en darla": Quiroga

Ofrece su versión de los hechos de la polémica novillada de Monterrey

Se entiende que al calor de la adrenalina el día del festejo lo que más quieren los toreros es verle la cara al toro y dejar que sus apoderados resuelvan, con cabeza fría, lo que se pueda presentar de imprevisto previo al festejo anunciado.

Lo que sucedió el domingo pasado en Monterrey tiene que dejar muchas enseñanzas, no sólo aquí sino en todas las plazas del país, como un ejemplo de lo que no se debe hacer al calor de la pasión.

Queda claro que el actual Reglamento de Espectáculos Taurinos firmado el 8 de octubre de 1997, durante la administración del entonces alcalde Jesús Hinojosa Tijerina, se pasó por alto en varios de sus artículos, debiendo ser fielmente acatado por el juez de plaza, Antonio Quiroga Escamilla, del empresario y matador de toros en retiro Raúl Rocha Tello y todos los que tomaron parte en el festejo.

El juez dio su versión de los hechos, acerca de cómo fue enterado por el empresario de que no contaría con caballo de pica, ni tiro de mulillas para el arrastre y la manera en que resolvieron los apoderados, toreros y cuadrillas.

"Al llegar al medio día me encuentro con la sorpresa de que no hay caballo de pica, ni mulas para el arrastre. Pregunté cuál era el motivo y fui informado de los actos perpetrados en el rancho en Cadereyta en el que hubo varios fallecidos por arma de fuego, donde estaban los caballos y del aseguramiento del lugar por parte de la Policía Ministerial que impedía cualquier movimiento externo del lugar".

Comentó Quiroga Escamilla que la novillada tenía que suspenderse, pero le dijeron que había un caballo que podría utilizarse para tal fin.  

"Consiguieron el de Adrián Fernández y dadas las circunstancias, me senté en una mesa y reuní a apoderados, toreros, picadores y banderilleros, y les expliqué la situación.  

Uno de ellos, el matador Manolo Mejía, apoderado de uno de ellos, me dijo que no quisiera que se suspendiera porque ya habían hecho muchos gastos y luego cada uno fue opinando lo mismo. Para mí, si uno no estaba de acuerdo era motivo suficiente para suspenderla, pero todos estuvieron de acuerdo en celebrarla. Les dije que la novillada era fuerte y que yo no quería ningún compromiso, pero me dijeron que era su responsabilidad y por eso accedí.  

"Lo mismo sucedió a la hora anunciada con el público a quien se le informó por medio de los altoparlantes la situación y el público no se inconformó, aplaudiendo la decisión de llevar a cabo la novillada".  

Luego ocurrió lo impensable. El caballo, no apto para la pica, ocasionó un accidente al picador Eduardo Reyna hijo, que pudo tener consecuencias muy lamentables.

"El accidente fue una imprudencia del picador Lalito. Hay un dicho que dice: "no te metas en las patas de los caballos"; el joven salió por detrás y recibió la patada del caballo, así como fue en la boca pudo ser en la frente y lo mata", agregó el juez.  

Alguien dijo que fue una imprudencia mía y no es así, quien lo diga no estuvo ahí. Por eso yo tomé la opinión de todos al medio día y todos quisieron que se diera el festejo".

"Finalizado el evento fueron los banderilleros hasta el estacionamiento a darme las gracias porque los apoyé y dejé que se diera el festejo. Hubo novillos que los pasé con dos o tres palos porque era lo que se podía hacer por ellos. Esto es lo que sucedió. Lo demás que se diga es inventado", agregó el juez regiomontano.  

Respecto a que ante la falta de picador a partir del segundo novillo y de que estos fueron picados en el cajón y salieron sangrantes al ruedo, Quiroga dijo que no se dio cuenta.  

"Que si se picaron o no, no me enteré; yo estaba arriba y el evento ya había empezado. Lo harían o no eso es otra cosa, nadie me avisó. Precisamente tengo citado a Carlos de la Cruz, hombre de mis confianzas ahí en el callejón, para que me diga qué fue lo que pasó con esa situación y poder esclarecerla".  

Señaló que también tiene citado al empresario Raúl Rocha para que le explique cómo estuvo el caso del picador accidentado y de porqué su papá, Eduardo Reyna, se lo llevó a atenderse a un hospital de San Luis Potosí, donde hoy será operado.

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