Anecdotario de Giraldés: Un auténtico apoderado
Viernes, 10 Jun 2016
Tijuana, B.C.
Giraldés | Opinión
A las figuras del toreo se les respetan sus condiciones
Florentino Díaz Flores fue un gran apoderado de toreros. Tuvo mucho talento, lo demostró llevando muy bien a Santiago Martín "El Viti". Defendió muy bien los intereses de su torero, encargándose de cuidar hasta lo aparentemente menos importante y, ciertamente, cuando se dirige la carrera de un torero todo tiene importancia.
La empresa de Madrid, como siempre ha sucedido, respaldándose con la fuerza que da llevar esa plaza, manejaba también las plazas de Valencia, Gijón y de algunos cosos de Francia. En una comida, el empresario de Madrid, Livinio Stuyck y Florentino estuvieron de acuerdo en que El Viti actuara una tarde en Gijón y otra en Francia. Se habló de fechas, de ganaderías y de todo lo que suele acordarse antes de firmar un contrato.
Dos días después llegó el apoderado de El Viti a la oficina de la empresa para firmar los contratos. En el de Gijón figuraba el nombre de una ganadería de la cual no se había hablado. Pensando Florentino que se trataba de un error, con su pluma tachó el nombre de esa vacada y cuando estaba escribiendo el de la ganadería que Livinio y él habían acordado, interrumpió con violencia el empresario.
-¿Que está haciendo usted?
-Aquí hay un error. Estoy corrigiéndolo. Quedamos en que los toros serían de...
-Esa corrida, -comentó Stuyck en un tono autoritario- no va a la feria por eso figura en el contrato el nombre de otra ganadería.
Díaz Flores se tomó las cosas con mucha calma y le pidió al empresario añadir una cláusula quedando establecido que en Gijón, esa corrida la torearía su torero o no se anunciaría.
Livinio muy molesto empezó a gritar: "Con tanta exigencia ya me cansaron usted y su torero… o va El Viti a Gijón en las condiciones que señala el contrato o ya pueden olvidarse de mis plazas incluyendo Madrid.
Díaz Flores lo miró con serenidad y le dijo: "Usted volverá a buscarme. Santiago es una figura del toreo y los empresarios tienen que aceptar las condiciones de las figuras. Ah, y volveremos a hablar; es más, será en el mismo restaurante en donde hace dos días habíamos quedado de acuerdo".
A los pocos días, el empresario volvió a comunicarse con el apoderado, que con tranquilidad le dijo: "Por supuesto, don Livinio, estoy para atenderlo a la hora que usted quiera, y ya sabe usted en donde nos volveremos a ver".
Noticias Relacionadas
Comparte la noticia