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Tauromaquia: Más allá de la rutina

Lunes, 01 Jun 2015    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | Opinión   
La columna de hoy en La Jornada de Oriente

No han faltado este año críticas al público de Las Ventas –los isidros, les decían peyorativamente antaño-- tachándolo de complaciente, exagerado en sus manifestaciones de entusiasmo y taurinamente inculto. Algo de eso puede haber, cómo no. Pero más parece una reacción propia de los presuntos –y normalmente aburridos guardianes de la pureza, celosos por el talante inusualmente distendido que el cónclave de la isidrada está mostrando, y en el fondo contrariados ante la realidad de más toros y encierros con hechuras para embestir de lo acostumbrado y, como consecuencia, de una mayor incidencia de faenas capaces de suscitar el contento popular. Por lo pronto, ahí están las 27 orejas sumadas hasta ayer –14 paseadas por matadores, 3 por novilleros y 10 por rejoneadores, a las que bien podrían agregarse las cuatro que se cortaron en la preferia. Cifras que hace muchos años no se veían en Madrid. 

En contra de lo que opinan sesudos analistas, creo que la clave no hay que buscarla tanto en su pregonada relajación de la exigencia, como en la capacidad para sorprendernos de ciertos toreros, que están llevando este factor más allá de lo habitual. El secreto está en emocionar, y para ello no bastan chabacanerías ni autoinmolaciones genuinas o fingidas. Tampoco abusar del paulatino desapego del espectador común de los gritos de pico, miau y demás lindezas verbales que, habiendo tomado carta de naturaleza en Las Ventas desde hace muchos ayeres, cada vez dicen e influyen menos. El divorcio entre la crítica más ácida y el tendido incluido algún presidente anuncia quizá nuevos tiempos, pero nada de esto sería posible sin un puñado de momentos de alto voltaje, propiciados por alardes toreros de repentina originalidad. Mismos que vale la pena recrear aquí, para solaz propio y desasosiego de la oposición.

Castella con "Jabatillo"

El galo está convertido en la figura de la feria, aupado por la bravura y nobleza de dos excepcionales astados de El Torero y Alcurrucén. Y el día 27, su faena cumbre resultó tal porque supo iniciarla con un tejido de muletazos de tan emotivos y bellos que enloquecieron a la parroquia y la mantuvieron en vilo durante el resto de la obra. En principio, nada insólito: el cite desde largo, quieto el torero en los medios, para cambiar hasta dos veces por la espalda el viaje del cornúpeta. Pero a partir del cuarto pase –estatuario el francés– empezó un tejido de muletazos con la zurda –firmazo, trincherilla, molinete, de pecho, desdén– de tal manera ligados en hermosísimo conjunto que pusieron la plaza boca abajo. 

El coloradito de Alcurrucén siguió embistiendo deliciosamente y la faena ya no perdería vuelo ni siquiera cuando sobrevino un desarme. Los muletazos en redondo tersos, largos y templados--, se sucedían sin solución de continuidad, y se confirmó el galo como consumado artífice del pase natural. Pero ni la excelente faena ni la defectuosa estocada –desprendida, trasera y tendidajustificarían las dos orejas, de no mediar el ramalazo de emoción que fue aquel memorable inicio. Que, de paso, animó a “Jabatillo” a embestir y embestir sin tregua, de modo que el juez tuvo la humorada de ordenar vuelta póstuma a sus restos, ignorando de manera flagrante su flojo comportamiento en varas.

Luque con “Destajoso”
 
Con la capa, Daniel Luque lo reúne todo: clasicismo, mando, suavidad y una llamativa prestancia. En realidad, son éstos los rasgos esenciales de su toreo, que tendría que cuajar más pronto que tarde para colocarlo en la primera fila. Mientras eso ocurre, tuvo que sobreponerse a un volteretón tremendo en el segundo muletazo, pase de costado en los tercios, aguantando la embestida desde largo del juampedro, tercero de un gran encierro, por ahora el más completo de la feria.

Fue la primera nota de emoción –emoción ante la inminencia de  una cornada que pudo ser gravísima y venturosamente quedó en nada-- de una faena que iría a más, hasta culminar en la tanda de luquecinas que la afianzó como obra de dos orejas. La "luquecina", ya conocida de los madrileños pero ejecutada esta vez con ajuste y precisión alucinantes, es una especie de fregolina con la muleta que este joven sevillano da, abandonado al libre  juego de su instrumento torero sin ayuda de la espada. Su originalidad está en la sucesión, ese ligar los pases con el envés de la flámula que esta vez alcanzó cotas de enorme belleza y emoción. Las orejas las perdió porque su estoque hizo guardia. Si le dieron una por aclamación, cúlpese al efecto magnético de esa tanda final, que alborotó al gentío y elevó el nivel de una faena de ajuste y temple netos en repetidas tandas por el pitón derecho, pues por el otro “Destajoso” punteaba y se vencía.

Talavante con "Ballenito"

Alejandro, un favorito de Las Ventas, sorprendió a Madrid por enésima vez con su inicio de faena a “Ballenito”, un juampedro fijo y encastado, que empezó embistiendo de película pero perdió confianza al pisar mal y dañarse levemente una pata durante el primer tercio.  Ya había malogrado Talavante con la espada su primera faena –con otro toro bueno, y “Ballenito” era el último de los seis que despacharía en la isidrada de este año. Así que salió por todas y para empezar el muleteo se plantó de hinojos en el tercio en una estampa antigua, como de Joselito o Gaona. 

Acudió fiero el astifino burel, aguantó mecha el lidiador y se sucedió una tanda de muletazos por alto sin la mínima enmienda y de cada vez mayor ajuste; éste, al quinto o sexto pase, era ya asfixiante, se presentía la cogida o la descompuesta huida del diestro, y en ese momento, al revolverse en corto el bicho, Talavante acudió a la solución más inesperada que imaginarse pueda: colocando el engaño por detrás, se sacó la acometida con una arrucina ceñidísima, añadió el de pecho zurdo como remate, y sólo entonces se incorporó como un resorte para sortear la postrera embestida con majo y andante desdén y salir a saborear una de las ovaciones más fuertes y entregadas de la feria. Como que correspondía a la entrega de un torero capaz de añadir un toque brava y estéticamente personal a lo que, mal o bien, se ve todos los días.

Lo que siguió, con un toro al que el defecto físico señalado impedía descolgar e hizo dudar varias veces en mitad de un pase, no fue una faena plenamente cuajada, pero Talavante aprovechaba los instantes de duda del toro para repentizar en la cara y seguir sorprendiendo y emocionado. Por eso, tras dos pinchazos y una entera, la gente, rendida, lo obligó a dar una vuelta al ruedo harto significativa, tributo de gratitud hacia quien mejor combate actualmente la rutina del toreo.

Más toros buenos

A los mencionados habrá que añadir varios ejemplares notables en el curso de la tercera semana isidril. Ninguno de Las Ramblas, aunque el castaño y veleto “Diablo”, tercero del día 24, huidizo en varas, lució arrogante estampa y permitió que López Simón se acoplara a su dócil embestida para empezar a fraguar, oreja mediante, la primera puerta grande de un matador. De Puerto de San Lorenzo vino un “Buscapán” con nobleza y mucho que torear al que Abellán no aprovechó debidamente.

Decepcionaron los de Alcurrucén y Victoriano del Río con dos excepciones: la del premiado “Jabatillo” y la del segundo del propio Victoriano del Río, un “Vampirito” pronto, codicioso y con clase, al que El Fandi muleteó a su manera, técnicamente impecable, físicamente distanciada y expresivamente insípida: a otros les perdonarán sus falencias pero no al granadino, casi abroncado. Vino luego la de Juan Pedro Domecq, encierro ejemplar, con al menos cuatro toros de alboroto, los ya reseñados “Destajoso” y “Ballenito” y los dos primeros, que cayeron en las manos: “Delineante” de un Finito de Córdoba tan estético como medido, y “Embestido” de un Talavante con momentos extraordinario pero un tanto desigual y recalcitrante como pinchauvas. 

La contra

Los percances de los novilleros David Escudero y Joaquín Galdós –Francisco José Espada se quedó con los seis, desorejó al cuarto y pudo abrir la puerta grande– y del banderillero Domingo Valencia, fuera de peligro los tres, dieron fe de lo duro que es esto. Y las declaraciones del ganadero de El Montecillo Francisco Medina, responsabilizando a los veterinarios por el rechazo de su novillada completa y la revista de hasta 30 astados para apartar los seis galafates finalmente lidiados, entre ellos dos de desecho, destinados a correrse en las calles. Una política, asegura el ganadero, claramente atentatoria contra el futuro de la Fiesta, al arrojar a los noveles a los leones.


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