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Tauromaquia: Encerronas capitalinas

Lunes, 08 Dic 2014    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | Opinión   
La columna de hoy en La Jornada de Oriente

Las corridas de un solo espada no han sido raras, si uno repasa la historia de las corridas en el Distrito Federal. La encerrona reciente de El Zotoluco sorprendió por lo anticlimática, al apuntarse el de Azcapozalco a un alarde normalmente reservado a figuras en la cúspide de sus respectivas carreras, o en trance de decir adiós. Una gesta, en todo caso, bastante más común antaño que hogaño, con casi tres décadas separando la hombrada de Eulalio López de la anterior, firmada por de Eloy Cavazos.  Tan singular hazaña la acometieran, a principios del siglo XX, varias figuras españolas, la última de ellas Joaquín Rodríguez  “Cagancho” el año del boicot del miedo (1936), que desterraría para siempre la posibilidad de ver solo a un foráneo ante seis toros.

Otra pauta cada vez menos frecuente es que, por estar los demás matadores en la enfermería, uno de los alternantes se quede solo con cuatro o más bichos. Ocurrió varias veces en el viejo Toreo y solamente dos en la Plaza México. Se admiten interpretaciones sobre el particular.

En la antigua Plaza México

El efímero coso donde nuestra capital estrenó taurinamente el siglo XX supo bien pronto lo que era la encerrona de un gran torero, pues el domingo 14 de enero de 1900, Antonio Fuentes lo llenaba a reventar, encartelado con seis de Santín. En años subsecuentes, siguieron su ejemplo los también hispanos Luis Mazzantini (12.01.01, con toros españoles de Benjumea), Antonio Reverte (15.03.03, con Tepeyahualco) y Antonio Montes (01.11.03 con San Diego), que cuatro años después perdería allí mismo la vida. 

El Toreo de la Condesa
 
Inaugurado en septiembre de 1907, el escenario de la época dorada de nuestra tauromaquia también desbordaría de público y pasión sus graderíos al anuncio de carteles de un solo matador, que lo mismo podía ser Juan Silveti, cuando acredito el mote de Hombre de la regadera (dos veces: 26.03.22 y 25.02.23), que Rodolfo Gaona (20.01.12), Chicuelo (07.03.26), Heriberto García (15.03.31) o Cagancho (22.03.36). Pero sería Lorenzo Garza as de la especialidad, a partir de su consagración la tarde en que el destino y la cornada de “Madroño” a Balderas le dejaron completa la corrida de San Mateo (03.02.35); si esa fue una apoteosis inesperada, las cuatro subsecuentes se organizaron ya como encerronas, desde la absolutamente triunfal del 06.02.38 (siete orejas y tres rabos les cortó a los sanmateínos, entre ellos el célebre girón “Príncipe Azul”) a su gris despedida del 21.03.43, siempre con reses zacatecanas de la divisa rosa y blanco. 

Armillita, que en la Condesa sólo se encerró una vez (20.02.44), apechugando con el durísimo lote que, ex profeso, eligiera para él don Antonio Llaguno (el amo de San Mateo no sentía el menor afecto por Fermín), desorejó esa tarde al primero y le cortó el rabo a un séptimo, ”Paracaidista” de La Laguna. En cambio, fue quien más frecuentemente se quedó con corridas prácticamente enteras por herida de algún alternante. Así, estoquearía Armilla cinco astados –los tres suyos y los del compañero lesionado—por cornadas de Alberto Balderas (22.01.33: le cortó el rabo al 6º de Piedras Negras, “Algarrobo”), Garza (26.01.36: ídem a “Zagalejo”, de La Laguna), y sobre todo Luis Castro (19.02.39): en esa corrida de Covadonga, Fermín  se quedó solo con ocho de Piedras Negras al resultar El Soldado gravemente empitonado por su primero, “Joyero”; les cortó los rabos al 3º y al 6º  --“Caparrota” y “Jumao”—y la oreja al último, “Limonero”, en el único caso conocido en que un matador ha pasaportado consecutivamente en la capital ocho reses, además con la casta y el respeto del encierro tlaxcalteca enviado por don Wiliulfo González.

Imposible omitir, hablando de encerronas inesperadas, la hazaña de Jesús Solórzano (15.12.40), cuando despenó, combinando suficiencia lidiadora con clase señorial, un sexteto de Zotoluca de catadura imponente y con mucho que torear, el 2º de los cuales, “Andaluz”, había enviado al hule a Lorenzo Garza con una grave cornada. Solórzano desorejó a “Colcherito” (3º) y dio varias vueltas al ruedo más, ante el reconocimiento de un público vivamente impresionado. 

Además, dos novilleros se despidieron como tales matando encierros completos: Fermín Espinosa “Armillita” –quién si no-- (26.09.27, con sanmateos) y Juan Estrada (14.11.43, con seis de Xajay).

En La México

Si en El Toreo había sido Garza el diestro que más reiteradamente se hizo anunciar como único matador, en Insurgentes heredaría su liderazgo otro regiomontano, Manolo Martínez, con nada menos que cinco encerronas. En la primera (18.02.73), cortó 4 orejas a los de Valparaíso; luego, como reaparición tras tres años ausente de la capital (13.03.77), despachó siete de Torrecilla y sumó tres apéndices más; bajó a dos en su corrida 1000 (05.08.79) y a una sola –también se redujo la entrada, en contraste con los tres llenazos anteriores—en la cuarta (17.05.81); en cambio, el anuncio de su despedida agotaría el papel (30.05.82), y los martinistas tuvieron ocasión de ver pasear a su ídolo el noveno rabo que cortaba en la capital, el de “Toda una época”, de San Martín, vacada que compartió cartel con Mimiahuápam en ocasión tan señalada.

A este quinteto de encerronas podría sumarse la eventualidad de verse Martínez obligado a sustituir a Curro Rivera, herido al iniciar su segunda faena en su mano a mano del 21.06.70, corrida del Mundial de futbol. Esa tarde, el neoleonés se fue en blanco, como otro paisano suyo, Humberto Moro, forzado a dar cuenta de los cuatro últimos torazos de José Julián Llaguno en una inauguración de temporada (16.12.62) por lesiones de Antonio Velázquez y Paco Camino.

Las encerronas en la México las había estrenado Armillita en su despedida (03.04.49, con seis de La Punta y cuatro orejas por cosecha), las continuó Manuel Capetillo padre --primero el 20.03.66, cuando tuvo que regalar uno de Reyes Huerta para cobrar el único apéndice, luego en su adiós del 26.02.68, sin ninguna fortuna pese a que también apeló al de regalo, de Valparaíso como los otros seis--, y las había clausurado provisionalmente Eloy Cavazos, en otra despedida tan falsa como las tres anteriores, pero mucho más deslucida que cualquiera de ellas (10.03.85).

Peor incluso que las que de novilleros tuvieron Jaime Rangel (1960) y Adrián Romero (1970).

Atroz monotonía

Cuando Currito Rivera estaba en el pináculo, le solicitó a Alfonso Gaona que lo anunciara con seis toros como cierre de una temporada triunfal; el empresario se negó, aduciendo que el solo nombre de Curro era incapaz de llenarle La México. Como los tiempos cambian, la encerrona de El Zotoluco se dio ante poco menos de media entrada de un público deseoso de aplaudir sin restricciones ni complejos. Se explica así que haya cosechado un par de apéndices y se dejara pasear en hombros mientras el graderío se vaciaba.

Eulalio, que ya ha dejado atrás su mejor momento, puso a contribución sus dos virtudes típicas –voluntad de agradar y suficiencia técnica--  a cambio de su también reconocida ausencia de variedad y clase. En el balance, las carencias pesarían más que su tenaz machaconería ante tres ejemplares del post toro de lidia mexicano –de Marrón (1º), Javier Garfias (2º) y Fernando de la Mora (6º)--, tenacidad entreverada de dudas ante el par de reses que se apartaron un tanto de dicho cartabón –Jaral de Peñas (3º) y Montecristo (4º)--. Al mejor de los seis, de Xajay, –no en balde “Mandamás” salió 5º-- tardó demasiado en encontrarle el son, antes de recrear dos templadas tandas izquierdistas y recetarle una estocada caída y trasera que amorcilló al bicho, al grado que Ruiz Torres tuvo que mandarle un aviso previo a un descabello en dos tiempos, aunque se apresurara a restañarlo con el premio de la oreja. No tan benévola ésta como la del de Garfias (“Chapulín,”, el 2º ), al que muleteó con corrección y sin excelencias.

En términos generales, sus faenas fueron largas y semejantes entre sí, con tendencia a abusar del pico y enmiendas constantes entre pase y pase. Las remató con espadazos caídos, bajonazo el del 3º. En rigor, el momento de más arte de la tarde lo protagonizó el sobresaliente Guillermo Martínez con su quite por faroles tapatíos a “Venadito”, el muy inflado y mogón cierraplaza.

Como se verá, hay de encerronas  a encerronas. Ésta del día 30 es como para poner a meditar a futuros aspirantes al soliloquio. 


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