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Liber Taurus: Quito no pierde la esperanza

Viernes, 28 Feb 2014    Quito, Ecuador    Santiago Aguilar | Opinión   
La columna de los viernes

Tras la jornada electoral del pasado domingo los ciudadanos podrán enfocar nuevamente su diario vivir exentos de los fragores de una larga lucha política librada en el escenario de los medios de comunicación como en calles y avenidas. 


Se dice que la Fiesta de los toros es el más democrático de los espectáculos, pues el reconocimiento o desaprobación de la tarea de un lidiador es resuelta en primer lugar por el público que al término de la faena exhibe pañuelos blancos para solicitar los trofeos o, en caso contrario,  guarda un indiferente silencio que en ocasiones se desborda a la censura y el rechazo.


Lo cierto es que en la vida como en las corridas de toros, tarde o temprano, como debe ser,  prevalece la voz del pueblo. La analogía cabe al reflexionar sobre los resultados de las votaciones del día 23 en las que el Alcalde y el partido oficial fueron derrotados de manera categórica en Quito como en la mayoría de las ciudades más importantes del país.


El caso de la capital llama la atención pues se trata del, hasta hace pocos meses, bastión político del partido de gobierno en el que basó su estructura, proyectó su discurso,  dibujó su imagen y centró su gestión. La derrota de Augusto Barrera supone entonces un fortísimo llamado de atención que surge como respuesta al estado de indefensión que vivieron los ciudadanos desde el mismo día que asumió el cargo.


Es que el funcionario saliente hipotecó su espacio, presencia y voz para ponerla al servicio del entarimado político nacional en perjuicio de la independencia administrativa, la autonomía, la representatividad, el respeto a la diversidad social y la preservación de los valores culturales  e históricos. Así las cosas, los quiteños se sintieron avasallados por una desbordante campaña de ideologización que partía del pretendido desmantelamiento de su identidad para llegar a una suerte de refundación de la ciudad con claros fines proselitistas. 


En ese escenario la memoria colectiva intento ser manipulada para tratar de construir un novelero imaginario social; la historia, las costumbres y las  tradiciones sintieron un frontal embate al extremo que los mismos símbolos de la quiteñidad como su bandera y su himno sufrieron reformas dirigidas a borrar todo rastro de la presencia española en estas tierras. De allí en adelante la purga incluyó desde cambios en la nomeclatura de calles y plazas, modificación en los días de fiesta cívica, adaptación de un discurso indigenista, recreación de la lucha de clases,  reconocimiento a héroes de nueva data y claro está, ataques a la fiesta de los toros. 


Lo cierto es que las ausencia de liderazgo hizo mella en el personaje y su tienda de tal forma que el próximo 14 de mayo deberán entregar el municipio a Mauricio Rodas, joven de 38 años de edad cuyo mensaje de progreso, moderación, tolerancia y respeto a la diversidad, caló en los votantes que le auparon al triunfo.


Con este panorama, pese a que aún resta por definirse la relación de fuerzas al interior del concejo conformado por 21 ediles, cuyos espacios son materia de disputa entre el oficialismo y el partido del Alcalde electo; se espera que el tema taurino sea objeto de análisis por parte de las nuevas autoridades entendiendo la importancia que la industria del toro tiene para Quito y su gente por sus significados políticos, históricos, sociales, culturales y económicos.


 Al fin y al cabo la renovación de dignidades del cabildo trae consigo una esperanza para el restablecimiento del clima de libertad que debe primar en una sociedad democrática y justa. 


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