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Tauromaquia: País sin novilladas

Lunes, 08 Ago 2016    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | Opinión   
La columna de este lunes en La Jornada de Oriente
Nunca hubo menos novilladas en México. Ni, en consecuencia, menos novilleros. Los que hay –no hablo de simples soñadores de gloria, sino de muchachos ya habituados a calarse el terno y salirle al utrero– se encuentran en España. Es el signo de los tiempos. Y múltiples las causas. Una de ellas, quizá la más poderosa, se encuentra en la desaparición del toreo de la escena pública.

Como solución heroica a las penurias de la pobreza, prácticamente desapareció. El  toreo, no la pobreza, que es, en términos absolutos, más acuciante y abundante que nunca en este país. Pero la desesperación juvenil –la de siete millones de "ninis" (ni estudian, ni trabajan)– no apunta más hacia la tauromaquia, si acaso a las tentaciones del dinero fácil del narco. O a cualquier otro rincón del espectro opaco de la sociedad, si cayésemos en la perversión de asociar pobreza con delito. Digamos que las posibilidades de ganarse la vida honradamente se han angostado de un modo severo para nuestros jóvenes. Y que entre las oportunidades tristemente evaporadas figura el toreo, otrora factible y anhelada tabla de salvación de muchos. Aunque fuesen muchos los llamados y pocos los escogidos.

En ausencia de festejos menores, el torero bisoño requiere hoy del cúmulo de recursos indispensable para sobrevivir en España, inscribirse en alguna escuela taurina y procurarse la atención de taurinos y empresarios de allá. Es decir, necesita o nadar en la opulencia o conseguirse un mecenas convencido de sus cualidades. Así están las cosas y, como suele ocurrir cuando un hecho cobra vigencia, se convirtieron ya en algo que, sin más, se da por sentado.

¿Qué dice la historia?

Claro que la fórmula vigente tampoco es tan nueva. Curiosamente, fue el camino que siguieron los hijos toreros dos figuras de tanta trascendencia como Fermín Espinosa y Carlos Arruza, allá por la década del 70. Curiosamente, sus padres se habían hecho toreros y tomado sus respectivas alternativas en México. Como, anteriormente, ese otro coloso que fue Rodolfo Gaona, doctorado en España (Tetuán de las Victorias, 31-05-1908), después de cubrir toda su campaña novilleril en nuestra república. Y la ruta nacionalista de Armillita y Arruza fue la misma que siguieron Pepe Ortiz, Carmelo y Silverio Pérez, El Calesero, Antonio Velázquez, Luis Procuna, Los Tres Mosqueteros, Juanito Silveti, El Ranchero, Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Curro Rivera, Mariano Ramos, Antonio Lomelín, Jorge Gutiérrez, David Silveti, todos ellos nacidos y hechos toreros importantes en México… La historia está ahí, y sus datos esenciales ni la publicrónica podrá manipularlos.

Es cierto que hacia los primeros años 30 se registró una primera oleada de diestros mexicanos cuya alternativa en España coronó exitosas campañas novilleriles allá mismo. Pero el oficio lo llevaban bien aprendido cuando arribaron a la península, varios de ellos incluso con alternativa tomada previamente en México –casos como Jesús Solórzano, David Liceaga, Ricardo Torres y El Soldado, aunque renunciaran a ella para hacer campaña novilleril por aquellos pagos. Garza renunció también a una primera alternativa, pero sus dos doctorados fueron españoles. Dos décadas después, ganarían a ley el grado de matador en ruedos ibéricos diestros tan mexicanos como José Huerta y Alfredo Leal, el último en desconocer la cesión de trastos recibida en nuestra capital para volver a alternar con novilleros en España.

Pero ellos, y los demás paisanos con alternativa española se habían curtido previamente en nuestros cosos, cubriendo esa senda que iba de las novilladas más modestas a las jugosas temporadas chicas –grandes, sin embargo, por el número y seriedad de sus festejos, que año con año se desarrollaban en Guadalajara y Monterrey, para culminar en El Toreo o la Plaza México. Quien pasaba con notas altas el tamiz de esa exigente sucesión estaba listo para el doctorado. Ya lo refrendaría en Madrid en el momento oportuno. Que para Silverio, por ejemplo, no llegó nunca, sin menoscabo de su grandeza de artista sin par.

De modo que la necesidad de viajar desde México como novilleros primerizos a la península ibérica como su única opción para hacerse toreros es, en definitiva, algo tan nuevo como este proceloso siglo XXI.

Plaza al garete

La calamitosa empresa anterior se ha desligado del manejo de la Monumental México a tiempo para rehuir la organización de la temporada de novilladas, a las que su operador en jefe siempre fue declaradamente adverso. Si antes, la llamada Temporada Chica de la capital ocupaban todos los domingos –y algunos jueves entre abril-mayo y octubre-noviembre, bajo la férula de Rafael Herrerías fue tan solo una manera de echar fuera la obligación reglamentaria de ofrecer el mínimo de doce festejos indispensable para conseguir la autorización gubernamental y dar la temporada grande subsecuente. Y el año en que encontró alguna rendija coyuntural para incumplir tal norma procedió a hacerlo sin el menor recato, aprovechando las influencias políticas de sus patrones.

El negro panorama novilleril se complementa con la supresión de los festejos menores en plazas del interior otrora fuertes –a fines de la centuria anterior habían tomado relevo Puerto Vallarta, Acapulco, Puebla y Morelia, en tanto permanecía firme Guadalajara, ya sin el esplendor que alcanzaron en otra época aquellas largas campañas que culminaban con la disputa del Estoque de Plata entre triunfadores.

En cuanto a las novilladas matutinas del restaurante Arroyo reminiscencia de las efectuadas a lo largo del segundo tercio del siglo pasado en placitas  de la capital y sus contornos, de la Ford, El Cortijo y Rancho del Charro a La Florecita y la Aurora de Ciudad Neza, su desaparición de los últimos años se corresponde con la de los patrocinadores que las hacían posibles. Por lo demás, hace ya tiempo desaparecieron empresarios como Pepe San Martín, impulsados por puro amor e interés por el futuro de la fiesta, antes que por la fenicia voluntad de lucrar con las ilusiones de los principiantes. Quedan, a la espera de un milagro, intentos sueltos de buena voluntad, en la zona tlaxcalteca especialmente. 

Francia da marcha atrás

Malas noticias siguen llegando del país galo, donde el pasado 28 de julio, el Consejo de Estado de Francia confirmó su dictamen de borrar la corrida de toros de la lista de tradiciones reconocidas como patrimonio cultural inmaterial de aquella nación. Un golpe que encaja perfectamente en la oleada de lo políticamente correcto que se está adueñando de un mundo al garete en el que, por lo visto, todo lo que pueda empeorar seguirá empeorando, en plazos y a pasos más breves que nunca.


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