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Espectro taurino: Niños en los toros

Sábado, 05 Mar 2016    México, D.F.    Jorge Raúl Nacif | Opinión   
El espacio de todos los sábados
Grata fue la noticia generada el pasado jueves acerca del triunfo de la votación a favor de los niños en los toros en San Luis Potosí, pues en el Congreso del Estado ganó de forma rotunda el rechazo a la iniciativa de ley que pretendía prohibir la entrada a menores de edad a los espectáculos taurinos.

Esta victoria es el triunfo del sentido común. Y es que son precisamente los padres, en el ejercicio de la libertad, los únicos que pueden decidir la forma en la cual educan a sus hijos y absolutamente nadie (mucho menos el gobierno) puede involucrarse en este terreno que limita los derechos.

Lo anterior fundamentalmente en el marco de un espectáculo que, lejos de generar consecuencias negativas en los niños, resulta en un proceso lúdico de entretenimiento y el cual representa una serie de valores importantes para la humanidad, con un significado en verdad profundo.

Aunado a lo anterior, no está comprobado ni científica ni socialmente que acudir de niños a los festejos taurinos derive en trastornos, o bien, como muchos aseguran sin las bases necesarias, que los niños se vuelven violentos en su vida cotidiana e incluso pueden convertirse en delincuentes.

Ninguno de los que hemos acudido a los toros desde niños somos violentos o delincuentes. Esto es un argumento tan absurdo como demagógico, simplista a más no poder pero, lo peor del caso, es que hay gente que se lo cree.

Los niños en los toros pueden aprender, en cambio, valores como la determinación, la responsabilidad, la valentía y la honestidad, entre otros. Pocas actividades tan auténticas en este mundo que jugarse la vida en aras de una creación artística, y hacerlo mediante la expresión de un sentimiento.

Prohibir la entrada de los niños a las plazas de toros es, de una forma "indirecta pero muy directa", tratar de impedir el desarrollo futuro de la Fiesta y propiciar su extinción, que es lo que anhelan no pocos grupos políticos que de forma demagógica pretenden adquirir próximos votos o popularidad.

Por supuesto que ésta es también el deseo de muchos quienes no comprenden el mundo del toro, como si todo lo que no comprendiéramos debiera desparecer. Razonamiento absurdo, sin duda, pero que impera en la incoherente sociedad actual, que pregona respetar la libertad pero que, en el fondo, es tan cerrada y discriminatoria como los pueblos de otros tiempos.

La nueva amenaza de la prohibición a los niños que surge desde el Senado de la República representa un proyecto de atentado en contra de la libertad. Y en este caso, seamos taurinos o no taurinos, debemos estar en contra que se nos pretenda limitar uno de nuestros derechos fundamentales y más preciados.

Por lo pronto, estamos ciertos que la mejor manera de defender la Fiesta es llenando las plazas de toros. Y si algo tenemos que manifestar sobre nuestro espectáculo, que sea en el interior de los cosos taurinos y no afuera, que eso de poco sirve para los efectos que tratamos en este espacio.


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