Los aficionados a los toros ecuatorianos aguardan con expectativa la presentación en la Plaza de Toros de Latacunga de José Antonio Morante de la Puebla, diestro que cuenta con una pléyade de seguidores en tierras de la mitad del mundo, al punto que se organiza un homenaje de la afición quiteña a quien consideran el mayor exponente del toreo actual.
El artista de la Puebla del Río hará el paseíllo el próximo sábado día 29 para escenificar un mano a mano con Alejandro Talavante en la lidia de toros de Huagrahuasi y Triana, cartel que despierta fascinación en quienes paladean el toreo puro.
Morante en declaraciones a Al Toro México pone en evidencia su intención de triunfar: "Estaré en Latacunga, si Dios quiere, con mucha ilusión de actuar nuevamente en ese querido país; cabe pues invitar a todos los aficionados a compartir conmigo lo que llevo dentro, lo que llevo entre manos con sensibilidad y mucha alegría para aportar con mi forma de entender y expresar el toreo".
Lo cierto es que el genial espada llega en un estupendo momento de su carrera profesional tras cumplir una interesante temporada en ruedos españoles en la que el toreo trascendental surgió en un puñado de faenas inolvidables, valoradas como los puntos cimeros de la campaña que cierra sus puertas.
El tratar de entender la dimensión artística de Morante nos lleva de manera inexcusable a los ámbitos de la subjetividad que marcan el análisis de toda manifestación artística, y claro está, al cuidadoso análisis de su capacidad y destreza técnica. El libro "Por qué Morante…" escrito por el periodista Paco Aguado en el capítulo titulado "Un mensaje trascendente" da las claves que permiten aproximarnos a la esencia del hombre, del torero y del artista.
Las siguientes líneas extraídas de la obra cuentan con fidelidad el ser y el vivir del críptico maestro:
"Morante es un personaje al margen de su tiempo, dentro y fuera de la plaza. Un torero clásico y moderno a la vez, con las suficientes contradicciones, humanas y artísticas, como para despistar todas las pesquisas que se quieran hacer en la profundidad de su mente y de sus sentimientos".
"Sabe y siente Morante que la grandeza de aquellas leyendas del toreo en las que se ha mirado se sostenía en su abrumadora personalidad, en sus variadas propuestas estéticas. Cada uno de aquellos toreros, como los actores míticos, como los músicos rebeldes, como los escritores malditos, contaba cosas distintas con su arte, como distintos eran los sentimientos de su interior".
"Su tauromaquia es el reino de la armonía, esa virtud de los grandes artistas que sobresale incluso en la reunión más estrecha con el toro y en la máxima intensidad de los pases, cuando pone el acento del alma en todo su trazo".
"Pero el toreo no son números sino letras de sentimientos, los que hacen que los oles del tendido retumben ya rotos, nacidos desde lo más hondo de las vísceras, y se dilaten tanto como conmueven los lances o los muletazos que los provocan".
"Las faenas de Morante son poemas de un artesano que sabe hacer magia de su oficio en tiempos de producción en cadena. Un oasis. Por eso le rodea un aura de torero genial y distinto, el que da el anuncio de su nombre en los carteles ese carácter de excepcionalidad que nunca debería perder el hecho taurino".
El caso es que Morante llega a Latacunga para mostrar su toreo y desde el, aproximarnos a la profundidad de unos sentimientos visibilizados de forma genial por una tauromaquia suya, solo suya.