El Aula Magna del Convento de San Francisco fue el escenario para la presentación del Club Taurino de Quito, un colectivo de aficionados representantes de todos los sectores de la fiesta de los toros de la ciudad, convocados y reunidos con el objetivo de llevar a cabo una acción seria y articulada dirigida a promover la cultura popular ecuatoriana en la que, precisamente, se anclan las corridas de toros.
Entre los objetivos más importantes de la organización se encuentra la instrumentación de un proceso constante y articulado para rescatar el espectáculo integro en la capital a través de acciones de orden legal, social, político y de comunicación; tareas que se llevarán a cabo tanto en el país como en el exterior.
El núcleo de la afición quiteña encarnada en libre pensadores y destacados representantes de la cultura nacional participaron de un acto que contó con una notable puesta en escena, alimentada por una serie de símbolos manifestados a través de la música, la pintura, la literatura y la fotografía; expresiones que supieron dar forma y fondo a la declaración de intenciones del Club Taurino de Quito.
José María Morán, Presidente de la organización, precisó sus propósitos al afirmar que los valores que inspiran a la tauromaquia, gozan realmente de un mayor trasfondo moral y ético que el discurso de quienes se oponen a ella. Por qué se necesita difundir a la sociedad, su importancia histórica, cultural, ecológica, económica y social. Pero sobre todo, se debe demostrar que la tauromaquia jamás debe ser catalogada como un acto de violencia social y menos algo políticamente incorrecto y proscrito, sino precisamente lo contrario.
Con la suspensión de la Feria de Quito, las fiestas de la ciudad perdieron su naturaleza y contenido original, expresó Juan Sebastián Roldán al recrear la suerte de convulsión popular que trastocaba la urbe con sus grandes efectos económicos que beneficiaban a importantes tramos de la sociedad. Sin los toros, Quito perdió la esencia de sus anuales festividades.
En materia musical, Carlos Grijalva argumentó el estrecho vínculo entre la música nacional y la fiesta de los toros al constituirse en elementos básicos de nuestra cultura popular.
Uno de los momentos de mayor intensidad se vivió cuando el pintor Osvaldo Viteri pinto una esplendida tinta que retiene en el tiempo uno de los pasajes de la corrida de toros; no en vano el artista considera que: "Desmesurada es la altura de los pueblos de América, porque tiene cimiente profunda. El duende existe también en nuestra América, en ese realismo mágico de luces y sombras de soles y lunas. En el páramo andino he sido testigo a medianoche de ver fosforescentes cornamentas iluminadas por las nieves perpetuas. De hielos y de soles está hecho nuestro corazón que es capaz de amar y sufrir ferozmente".
El primer acto formal del Club fue un conversatorio sobre el libro "La Tarde Perfecta", escrito por el empresario francés Simón Casas quien de forma vívida refirió el contenido de la obra y su forma de caminar por una vida dedicada a la fiesta de los toros; participaron del diálogo los periodistas Paco Aguado, de España ,y Juan Antonio de Labra, de México; en forma simultánea se mostraron estupendas imágenes de la fotógrafa quiteña Ana Maria Chediak.
Simón Casas se refiere en el texto a la corrida realizada en Nimes el 16 de septiembre de 2012, cuyo superlativo resultado artístico ha llevado a considerarla como la corrida del siglo; la actuación de José Tomás, dijo, ha pasado ya a la historia; lo propio de las obras maestras es dinamizar la reflexión, iluminar la memoria, ofrecer al espíritu una mayor percepción y marcar con su sello el paso del tiempo. Esta corrida tuvo en mí un efecto revelador, y lo mismo les ocurrió a los espectadores: uniendo a los miles de testigos en una misma emoción, la obra de José Tomás se vivió como una liturgia.
El acto que marcó el nacimiento del Club Taurino de Quito, ratificó las profundas raíces sociales de los espectáculos taurinos y su pervivencia en el tiempo por su carácter mestizo y popular.