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Tauromaquia: Con más pena que gloria

Lunes, 08 Jun 2015    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | Opinión   
La columna de este lunes en La Jornada de Oriente
En la isidrada de este año partieron plaza cuatro matadores mexicanos, dos colombianos y un par de novilleros nacidos en el Perú. De éstos, Joaquín Galdós, el segundo en comparecer, no tuvo tiempo de nada porque fue cogido al lancear a su primer utrero de El Montecillo y se lo llevaron a la enfermería con conmoción cerebral profunda. Pero el otro, Andrés Roca Rey, a punto estuvo de desorejar al sexto del Conde de Mayalde, el lunes 18.

Barquerito (colpisa.com) lo vio así: Roca Rey quitó por saltilleras de gran compás, revolera y brionesa. Brindis al público. Parecía que podría ser gran toro, pero se acabó descomponiendo… La faena, de propuesta agobiante, fue de pronto una pelea. Roca se animó con esas trenzas de muletazos sin ayuda, cobrados con la vuelta del engaño en suerte cambiada y con cambios de mano patentados por Daniel Luque… una estocada de ley que pudo ser fatal porque el cuerno del toro le pasó rozando la mandíbula… Hay torero.

De los latinoamericanos encartelados solamente Joselito Adame dispuso de dos tardes para explayarse. En la primera, mayo 8, topó con un lote imposible de El Cortijillo. Se desquitaría el domingo 17, muy torero con su primero y rotundo en el cierraplaza, un encastado burel de El Montecillo bautizado como “Droguero”: el hidrocálido, que había animado el primer tercio por zapopinas, con la muleta le pudo, lo desengañó y terminó corriéndole la mano a placer, destacando sus limpios y mandones naturales. Lo fulminó de estocada recibiendo y cobró la única oreja mexicana del ciclo. Porque a Saldívar le tocó lo malo de Valdefresno y sólo lució en quites (mayo 10) y a Diego Silveti, que salió con la cornada de Aguascalientes suturada –luego han vuelto a operarlo– le sobró voluntad y le faltó toro (fue segundo espada la tarde de los de Salvador Domecq y la cornada de Jiménez Fortes).

Mención aparte merece El Payo, asentadísimo y muy torero en todo momento, pese a la sosería de los de Fuente Ymbro lidiados el sábado 9. Para el citado Barquerito, la grata impresión que El Payo dejó con su quite tan bien traído al toro ensabanado vino a confirmarse luego… "Para recoger al sobrero, seis verónicas embraguetadas y ligadas, dibujadas a compás, y dos medias igual de bellas las dos… Y se templó a modo El Payo: figura vertical, ajuste, brazos buenos, engaño bien volado, ligazón. Y entendimiento para tapar al toro que, en cuando sintió el poder de El Payo, se le rajó sin remedio. Excelentes pases de pecho. Una tanda con la izquierda francamente lograda. Y un ambiente de frialdad y distancia difícil de explicar y medir. ¿Público de sábado? No va a ser sencillo ver torear con tanta armonía en lo que queda de feria".

Esa armonía no la encontraría el caleño Luis Bolívar con los de Baltasar Ibán (día 25: pitos en los dos), pero sí a ratos, muy meritoriamente, el antioqueño Sebastián Ritter, con su primero de Partido de Resina, un torazo cárdeno con cierta docilidad pero con mucho que torear en su aparente sosería; lo describe su paisano Jorge Arturo Díaz Reyes (blog propio): "Incomprendido, Sebastián levantó con el enrazado segundo una faena de aplomo, distancia y reposo plausibles, que sus ningunos contratos enaltecían más. Iba camino de premio y lo quiso todo. Citó a recibir dos veces, pinchó tres, puso una espada en guardia, otra de bajonazo y oyó un aviso".

Y eso fue todo, por lo que a diestros latinoamericanos se refiere. Nada que agradecer a la empresa de Las Ventas. Y de nuevo, sería Joselito Adame quien mal que les pese a ciertos empresaurios de por acá, refrendó su alto cartel en Madrid. Ángel González Abad (ABC) lo vio así de claro: "La otrora revolución mexicana hubiera quedado en una manifestación pacífica de no ser por la raza que demostró Joselito Adame en el último de la corrida del domingo 17… sin saber que el toro iba a tener mucha transmisión, se fue a recibirlo a porta gayola, luego lo dejó crudo en el caballo y toreó limpio y aguerrido con la muleta. Montó la espada para soplarle un estoconazo recibiendo. Oreja de ley y volvió a erigirse en el mandamás de la tropa mexicana. Misión cumplida, Comandante Adame".

El cuento de la "Semana Torista"

Usted es empresario de toros. En Madrid, nada menos. Y tiene que cubrir, como sea, un mes completo a festejo diario por cuenta de la feria del santo patrono. En su agenda hay encierros de ganaderías en franca decadencia, rescoldos de linajes famosos. Y un montón de contratos baratos con diestros que apenas torean, porque si armara una feria basada en las figuras y en novedades de veras interesantes, las primeras se llevarían toda la ganancia. Y eso no, recordemos que usted es empresario. Y que sabe mucho de esto. Sabe que, si anunciara tal clase de toros con las mismas ternas en julio o agosto, por taquillas no pasarían ni dos mil curiosos. De ahí su estratagema maestra: llamémosla "Semana Torista", programemos seis o siete de esos carteles en seguidilla y ya está: plaza llena, público ad hoc –con abundancia de “entendidos” en el tendido– y que viva el rey.

¿Resultado? El previsible: ni los toros embisten ni los toreros pueden. Las excepciones –Robleño, Escribano apenas tienen ocasión de apuntar. Y hierros otrora ilustres –Baltasar Ibán, Pablo Romero, Cuadri, Miura darán para cuatro embestidas al paso, entre amagos y topetazos. También los de los primos Adolfo Martín y Victorino Martín, de fama más reciente pero no menos claudicante. Resumiendo, ha conseguido dar cierto toque de variedad a los carteles, liquidar unos contratos a bajo costo, y a arrojar docena y media de toreros al foso de las fieras. Buena lana a cambio. Y hasta el año venidero, si Dios la vida nos presta.

Beneficencia gafada

Victoriano del Río compitió en kilos y pitones con los encierros toristas, los superó en mansedumbre –los seis huían despavoridos del peto– y convirtió la corrida de Beneficencia en opaca sucesión de monótonas porfías a cargo de El Juli y Perera, enfrascados –salvo por el tercio de quites del cuarto bicho en inexistente mano a mano. Felices, los del 7 confirmaron que, mientras ellos tengan más voz y voto que nadie en Las Ventas, El Juli no vuelve a abrir la Puerta de Madrid ni, a ser posible, a pasear una oreja más en esta su plaza.  Y que todos los pereras de este mundo vayan tomando nota. Sobre todo si su aspiración es repetir triunfos como los del año pasado, cuando los tomó a contrapié y con la guardia baja.

Al margen, la confirmación de que el toreo actual, su público natural, está y estamos urgidos de toreros con imaginación, artistas capaces de reinventarse y sorprendernos. Porque Perera y El Juli –éste, sobre todo– habrán estado por encima de sus toros, pero las suyas son tauromaquias tenaces, armadas sobre el mismo troquel, poderosas y autosuficientes pero huérfanas de sorpresa. Y bien que lo pagaron.

… Y Urdiales

Diego Urdiales, riojano de Arnedo, 40 años, pocos y regateados contratos, toreó en este San Isidro tres tardes y seis toros y apenas dio una vuelta al ruedo entre opiniones divididas tras despachar a su segundo de Núñez del Cuvillo, y salió dos veces al tercio en su última comparecencia, el jueves 4, con los de Adolfo Martín. Pudo cortarle la oreja al primero si cambia un pinchazo por el ejemplar volapié del cuarto. Pero dejó esencias de tauromaquia rancia con ese toreo suyo tan natural y asentado, cadencioso y sentido en su forma de conducir el viaje atropellado de aquel toraco de Cuvillo, del abreplaza de Adolfo y, sobre todo, de “Aviador”, el noblote cuarto de esa misma tarde, que apenas podía moverse y sin embargo pasó una docena de veces siguiendo la muleta imantada, suavísima del riojano. Los que claman por el toro repetidor a ultranza no salían de su asombro.

No le alcanzó para cortar oreja, pero lo que hizo, que no fue mucho –verónicas de trazo y empaque admirables, media de cartel en un quite, redondos toreando y templando de verdad, cambiados por bajo de insólita gallardía y limpio remate, bastó para dejar un sabor distinto, ecos de Bienvenida y Chenel, músicas y aromas de otros tiempos a contrapelo con la fiesta utilitarista, orejista y monocorde de hogaño.


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