Una sabia moraleja (video)
Domingo, 17 Feb 2013
Guadalajara, Jal.
Juan Antonio de Labra | Foto: José Pelayo
Juan José Padilla cortó la única oreja de la tarde
"No te fies de las mujeres bonitas", decía mi abuela con esa malicia tan propia de la gente que está curtida en la vida. Y lo digo porque en el sorteo, los apoderados y las cuadrillas se frotaban las manos imaginando una corrida de ensueño, pues varios de los toros de La Venta del Refugio estaban en tipo y tenían hechuras para embestir.
Porque no se trababa del toro clásico en esta plaza, que casi siempre tiene mucha cara, sino toros reunidos, enmorillados y de fuertes culatas, pero muy agradables por delante. Y conforme transcurrió la tarde los taurinos fueron cayendo en el desencanto ya que esas hechuras "bonitas" de ciertos toros del hierro queretano, no resultaron como se esperaba. Así es esto de complejo. No cabe duda.
Juan José Padilla se vio obligado a sobreponerse a un lote infumable, compuesto por un primer toro que se paró muy pronto y comenzó a defenderse, algo que ya había apuntado desde el tercio de banderillas, cuando el jerezano prefirió invitar a Joselito Adame a colocar un par, literalmente, "a toro pasado"; es decir, ya cuando él mismo había intervenido en una primera ocasión. Y Joselito no se tomó aquello como un gesto chungo, pues Padilla es un gran compañero, así que le echó la mano por aliviar el tercio y el esfuerzo físico en la rodilla maltrecha del torero español.
El toro llegó a la muleta sin fuelle alguno, se agarro al piso y se defendió, en una faena breve y de trámite en la que Padilla resolvió con dignidad.
Y si la ley de probabilidades indicaba que ya debía embestirle un toro, el cuarto tampoco se prestó nada al lucimiento; por el contrario: desarrollo sentido y arreó con violencia en una faena en la que el jerezano hizo de tripas corazón y sacó esa casta indómita que no le cabe en el cuerpo.
Después de brindar la muerte del toro los niños que se habían puesto un parche en el ojo, y con ello le habían rendido un sentido homenaje al romper el paseíllo, Padilla se revolucionó al máximo en un excelente tercio de banderillas y, posteriormente, a lo largo de un trasteo dinámico y emocionante, con redondos, pases de pecho, desplantes y demás florituras que enloquecieron a un gran sector del público. Y como mató de una estocada efectiva le entregaron una oreja, premio más bien simbólico que sirvió para recodar su trascendencia en el toreo… y en la vida.
Joselito devolvió la graciosa "cortesía" a Padilla en el segundo, un toro cárdeno nevado, bajo y de preciosa lámina, y entre ambos cubrieron el tercio de banderillas. Minutos antes había hecho un estupendo quite por chicuelinas, y más tarde el hidrocálido se esforzó en una faena que tuvo algunos altibajos, y sólo tres o cuatro tandas buenas hasta que el toro cambió de comportamiento. A ello se sumó la mácula de una estocada demasiado caída, en la que a José se le fue la mano abajo en el momento del embroque.
En el quinto, al que volvió a banderillera con entusiasmo, también le hizo una faena encomiable, pero sin llegar a redondear del todo. Lo más interesante fue la manera en que sobó al toro para hacerse de él, y a fuerza de brindarle confianza el de La Venta del Refugio comenzó a entregarse, lo que sucedió sólo en contadas series antes de que ocurriera algo similar al toro anterior, que terminó desfondándose.
Diego Silveti también trató de agradar delante de un lote que le pidió el carnet. Su primer toro tuvo un aceptable pitón izquierdo, por el que embistió con transmisión, porque el otro pitón, el derecho, no tenía un pase: se quedaba corto y rebañaba peligrosamente. Así que sólo pudo dar algunas series decorosas, ante la indiferencia de un público que hoy lo trató don dureza.
El sexto fue un toro que apuntó cosas en los primeros compases de la faena, y tenía una fijeza atractiva, y cuando se comportó así Diego le robó pases limpios y templados hasta que lo probó por el otro lado y el toro se orientó y ya no le regaló ninguna embestida. En ambos casos, Silveti estuvo demasiado errático con la espada y eso emborronó, en gran medida, su plausible labor.
Antes que se entrara a matar anuncio el regalo de un toro, y casi inmediatamente después también Joselito hizo lo propio, lo que ocasionó una algarabía en el tendido que, a coro, comenzó a pedirle otro sobrero más a Padilla a coro… a lo que el jerezano no se hizo del rogar y levantó el dedo índice. A la muerte del sexto, por la megafonía de la plaza, la autoridad negó los dos regalos posteriores (de Joselito y Juan José) por ser antirreglamentarios y nadie le importó demasiado, la verdad de las cosas.
Y como era de esperarse, el séptimo tampoco embistió; a éste toro sí que no le ayudaban las hechuras nada, pues era basto, un tanto alto y atacado de cuello. Diego se salvó de una fea cogida al caer en descubierto y sólo sacó rota la banda de la taleguilla, de la pierna derecha antes de pasarlo de muleta con afán y darse a pinchar en repetidas ocasiones.
La sabía moraleja de la tarde fue aquella que pregonaban los taurinos de otra época, por aquello de los "bonitos": "el toro, la mujer y el melón, como salen son".
Ficha Guadalajara, Jal.- Plaza “Nuevo Progreso”. Novena corrida de la temporada 2012-2013. Poco más de un tercio de
entrada en tarde agradable, con algunas ráfagas de viento. 7 toros de
La
Venta del Refugio (el 7o. como regalo), parejos en hechuras, bien criados y rematados de
kilos, pero de poco juego en su conjunto, pues fueron inciertos y les
faltó fondo, además de que algunos desarrollaron peligro. Los más
potables fueron 2o. y 5o., pero sin romper del todo. Pesos: 545, 490, 495, 515, 550 y 540 kilos.
Juan José Padilla
(blanco y oro con remates negros): Silencio y oreja.
Joselito Adame
(blanco y plata): División y ovación.
Diego Silveti (azul purísima y
oro): Silencio en su lote y silencio tras aviso en el de regalo. Destacó
en varas
David Vázquez, que picó con arrojo al 7o., así como
Diego
Bricio en la brega.
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