El grito sabio desde el tendido de “más sabe el diablo por viejo…” que retumbó en los oídos de Eulalio López "Zotoluco" tras su destacada faena con el cuarto, resultó al final digno resumen del festejo en la plaza de toros Mérida, donde el torero de Azcapotzalco realizó lo más torero tras sendas faenas; no obstante que el hidrocálido Juan Pablo Sánchez resultó el triunfador numérico, tras el corte de la única oreja.
Así, la quinta corrida de la temporada se saldó con una desafortunada mala entrada a la que sólo asistieron los taurinos, pero también destacados pasajes con un Eulalio en maestro; un entregado Juan Pablo y en donde la mala nota fue para Arturo Saldívar que, extraviado, anduvo a la deriva y perdiendo los papeles con un torazo que, para agravar su mala nota, ni siquiera le hizo el extraño de moverle las orejas.
Ante un tercio de entrada, se lidiaron toros de las ganaderías de Begoña y Mimiahuápam, primero y sexto con trapío para cualquier plaza del mundo, dos terciados y el resto cumpliendo en cuanto a presencia, destacando el cuarto en cuanto a juego, más si se fue entero al destazadero fue por el fallo a espadas.
Por lo que toca a los coletas habrá que decir que Eulalio López “El Zotoluco” tuvo una tarde entonada. Con mentalidad de figura, hizo el gasto desde que se abrió de capa.
Su primero, un toro que no mintió desde su salida doblando contrario y escupiéndose de los capotes, confirmó credenciales huyendo de la suerte de varas. Un manso con todas las agravantes, vaya y con el que el de Azcapotzalco terminó por echarse para adelante para una faena con destacados muletazos por ambos lados en la boca de riego, hasta extraer el fondo de buen son del astado.
Una faena para degustarse tras sujetar al morito, poniéndose pronto por encima de su enemigo, sin importar las fuertes ráfagas de viento. Mató al tercer viaje y fue ovacionado.
Pero lo mejor de la tarde vino con su segundo. El chintololo arrastró la muleta con un toro al que le pisó los terrenos hasta meterlo en vereda, desgranando pasajes de arte con la tela. Toreo con regusto, siempre de mano baja, que le valió para reconciliarse con el público meridano que siempre le ha apretado y hoy terminó entregado. Una pena lo de la espada, por lo que todo quedó en ovación.
Por lo que toca a Juan Pablo Sánchez, habrá que destacar que salió a justificarse con sus dos enemigos.
Anduvo entregado con su primero, un toro incómodo que punteaba y pegaba arreones y con el que lo intentó con ambas manos, por momentos templando, aunque la faena transcurrió entre intermitencias. Lo mejor, la estocada.
Se mojó la mano el hidrocálido por lo que los gritos de “toro” que le tributaron algunos aficionados, al final se tornaron en pañuelos blancos y la petición de trofeos, hasta culminar en la entrega de la única oreja del festejo, a petición popular.
Su segundo, un toro pegajoso y con el que sudó el terno, le intentó en varios terrenos, poniéndose a flote de nueva cuenta al despachar rápido con la toledana.
Quien anduvo con desgano de pesarle la muleta fue Arturo Saldívar. Con su primero, un toro topón, que se cayó cuando le bajó la muleta y alargaba la gaita sin completar el muletazo cuando lo intentó por arriba, la faena terminó con pocos dividendos y un sentimiento de desangelamiento.
Para redondear, salió el que cerró plaza. Un toro largo como un ferrocarril y con percha para la plaza más seria del planeta. El torero apenas y lo intentó en un par de tandas y como no andaba de vena, le hizo el asco al morito que, insistimos, no le lanzó una mala mirada, ni le movió una oreja.
Y se vino entonces la bronca al coleta, que abrevió con la muleta, pero se alargó con la espada hasta contabilizar 11 pinchazos y cinco descabellos, sin escaparse de un aviso. Y ante el panorama, pues lo que se veía venir: que se le ha armado la marimorena…