Sergio Flores, natural de Tlaxcala capital, tiene buen cartel en Madrid desde que se presentó de novillero, en el año 2010. Recuerdo que en la isidrada del año siguiente le negaron una oreja que la plaza reclamaba con unanimidad. Y que en julio de ese año sufrió allí mismo una cornada brutal –en realidad fueron cinco en una—luego que en su primer novillo se había repetido la encendida solicitud del apéndice, con bronca al canto para el desaprensivo juez de plaza. Y al año siguiente –el de su alternativa en Bayona a principios de septiembre—toreó antes otra novillada en Las Ventas, cumpliendo toreramente con ganado imposible. Se le reconocía, pues, como un torero serio y bueno, listo y en sazón para doctorarse. Pero el triunfo pleno no llegaba.
Y este año, al confirmar su alternativa el 6 de junio durante la feria del Arte y la Cultura, el toro de la ceremonia, “Jareño”, de Juan Manuel Criado, zaino bronco y alerta, hizo presa en Sergio justo cuando, la muleta en la diestra, daba un pasito al frente para cruzarse e incitar la embestida: resultaría con una seria contusión en la rodilla derecha, pese a la cual reanudó su emotiva y muy torera faena, solo para ser cogido nuevamente al entrar a matar. Sangrante y medio conmocionado, aun fue capaz de descabellar a su heridor. Llevaba una cornada grande en el muslo derecho y afectados los ligamentos de su rodilla. La faena, decidida, brava y templada, compuesta por muletazos largos y mandones, se encaminaba ya al triunfo cuando ocurrió la desgracia. En otra plaza que no fuera Madrid habría cortado una oreja indiscutida e indiscutible.
Deslucido encierro. La corrida del Día de la Hispanidad –como llaman allá al 12 de octubre—tiene cierto abolengo entre los madrileños. Y como de celebrar la llegada de Colón a América se trata, suele anunciarse para ese día algún diestro de ultramar. Que en este caso fueron dos, el colombiano Luis Bolívar y, por México, Sergio Flores, que alternaron con el murciano Paco Ureña. El lote más asequible le correspondió al torero de Cali, mientras el más deslucido lo sorteaba el tlaxcalteca; Ureña enfrentó a un par de sosos con los que tampoco fue dable destacar.
Para Sergio, la historia no se apartó de lo que ya había vivido antes en Las Ventas: una actuación responsable y seria, de torero cuajado y de buen corte; un público menos receptivo esta vez que en sus mejores tardes novilleriles, y palmas tibias a la muerte de sus dos adversarios –de José Luís Pereda y La Dehesilla, respectivamente--, ninguno de los cuales respondió con celo al temple y la colocación con que el tlaxcalteca intentó ligarles los pases en redondo por ambos pitones. A ambos los mató bien, pero en el sexto, por prolongar de más el trasteo, le mandaron un aviso.
Tarde ésta del sábado en que Luis Bolívar debió aprovechar mejor al abreplaza, que sin ser gran cosa resultó el más apto de los seis, para estar mucho más acertado con el de los Hermanos Sánchez Herrero, en su línea de torero recio y de muletazo largo y espatarrao. Salió al tercio. Misma recompensa que encontró un Paco Ureña que, pese a torear muy poco, sorprendió por el asentamiento, verdad y pureza de su estilo torero.
Fecha incómoda. El día de la Hispanidad han partido plaza en Madrid bastantes toreros mexicanos, con fortuna diversa. Hay que tomar en cuenta que la fecha es poco apetecible para las figuras, que si regularmente rehúyen la feria de otoño, con mayor razón hacen ascos a un cartel que en muchas ocasiones es el que echa cerrojo a la temporada en la Villa y Corte. Lo cual implica que tampoco sean las divisas más solicitadas las que lidien esa tarde, ni esté de ánimo muy receptivo el público madrileño, poco proclive de suyo a manifestaciones entusiásticas. En síntesis, que desde hace más de medio siglo, el festejo de la Hispanidad se da bajo una especie de anticlímax. Como es lógico, los resultados suelen estar en consonancia.
Tres alternativas y tres confirmaciones. De seis alternativas otorgadas a diestros mexicanos en la primera plaza de España, tres se registraron en torno al 12 de octubre. Digo en torno porque la primera se dio el día 11, en 1928, y la tomó Edmundo Maldonado “El Tato” de manos de Diego Mazquiarán “Fortuna”, aquel vasco que estoqueó un toro desmandado en plena Gran Vía; con toros de Veragua y Aleas y en corrida de la Prensa, el catecúmeno pasó punto menos que inadvertido. Al contrario de Antonio del Olivar, que al recibirla de Luis Parra “Parrita” un miércoles de 1955 cortaría la oreja del cierraplaza, de Prieto de Cal como toda la corrida. Por último, en 1981, fue Rafael Sandoval el alternativado y su padrino Pepe Cáceres, el gran e infortunado maestro colombiano, ejerciendo de testigo el linarense José Fuentes con toros de los hermanos Fraile Martín. Fue una alternativa sin eco, que se saldó para el paisano con más pena que gloria, incluido un par de avisos en el del doctorado.
En materia de confirmaciones, la primera se remonta a 49 años atrás, cuando el hidrocálido Jesús Delgadillo “El Estudiante” –aunque allá ignoraron la escolaridad y el diminutivo, dejándolo en Jesús Delgado—recibió los trastos de Antonio Ortega “Orteguita” con un ejemplar de Arellano y Gamero Cívico, primero de un encierro de saldos que no dio ninguna facilidad al padrino ni a los confirmantes, que eran Santiago Castro “Luguillano” y el de Aguascalientes. Y desde ese remoto pasado, un viaje como una exhalación hasta 2010, a otro 12 de octubre en el que Alfredo Ríos El Conde dejó buen sabor al presentarse por única vez ante los madrileños, Fue su padrino Luis Vilches y el testigo Eduardo Gallo, con el toro “Cumplidor”, de Juan Luis Fraile.
Coincidiendo en la procedencia del ganado tanto con El Conde como con Sandoval, Fermín Spínola confirmaría alternativa el 12 de octubre de 2011 con el castaño “Buscatodo” de Valdefresno, la vacada salmantina propiedad de hermanos Fraile. Valeroso y dispuesto con éste abreplaza, que le cedió Carlos Escolar “Fracuelo” en presencia de Andrés Palacios, a punto estuvo Fermín de desorejar al quinto, mas su espada cayó baja y todo quedó en una fuerte petición. El cronista de la agencia Efe, Antonio Heredia, no regateó elogios, pues habló de “toreo de altura por naturales con ligazón y estética… una delicia de toreo… (pero) la espada cayó algo baja, y donde pudo y debió haber dos orejas el presidente lo dejó en ninguna… la vuelta al ruedo del mexicano fue de clamor”.
Tarde cumbre de Juanito Silveti. Sin duda, la efeméride mayor para un 12 de octubre en Las Ventas, y una de esas tardes antológicas que de cuando en cuando solía darse Madrid, ocurrió en la corrida del Montepío de Toreros de 1952. Presidente de tal asociación y organizador por tanto del festejo era Antonio Bienvenida, enfrascado por entonces en una sonada disputa en pro del toro en puntas –a principios de temporada había denunciado la generalización del afeitado y eso le ganó la animadversión de sus “colegas” figuras y no pocos ganaderos de postín, con repercusiones en el trato que en lo sucesivo le darían los empresarios más poderosos.
Antonio formó cartel con el capitalino Juan Silveti Reinoso y el andaluz Manolo Carmona para despachar una corrida cuajada y cornalona del Conde de la Corte, bravísima para los caballos y para los de a pie. Y se autohomenajeó cortando tres orejas de su lote. Lo mejor del caso es que sus alternantes no se quedaron atrás, y salieron a oreja por toro: total, seis toros, siete orejas y los tres en hombros por la puerta grande.
Sobre la consagratoria actuación de Silveti escribió en ABC J. Carmona: “Juan Silveti dio acordes de gran belleza estética, aliada con un bien templado valor, heredado de su padre, “El Tigre de Guanajuato”... Al segundo bicho, bravo, grande y poderoso, se lo pasó rozándole los pitones en subyugantes verónicas… en el tercio de quites dibujó filigranas… (y en la faena) sus maravillosos pases cambiados, derechazos y series de naturales con los obligados de pecho levantaron clamores… estocada entrando en corto, descabello al segundo golpe, gran ovación y paseo en hombros. En el quinto volvió a mostrar su gran clase de muletero en faena preciosista para fulminar a su enemigo, previo pinchazo, de una gran estocada, premiada también con oreja y la consiguiente apoteosis de este gran torero azteca, tan artista como valeroso.”
El primer 12 de octubre que encarteló a un español (José María Martorell), un mexicano (Guillermo Carvajal) y un colombiano (José Zúñiga “Joselillo de Colombia”, confirmante), fue el de 1956, con un encierro de Saturnino Pérez Alonso poco apto. En 1962 volvió un paisano al cartel de la Hispanidad, mas la buena del hidalguense Jaime Rangel a su primero la malogró con la espada, una tarde en que el cuarto de Francisco Ramírez hirió de gravedad a Antonio de Jesús. Rafael Sandoval –al que hemos visto tomar una alternativa gris al año siguiente—iba a ser el tercer novillero mexicano en hacer el paseo (12.10.80), tras Eduardo Solórzano (1935) y Juan Antonio Mora (1946), cuyos desempeños no pasaron de discretos.
Arruza y Saldívar: muy bien… sin premio. En 1983, Manolo Arruza tuvo lo que, para Vicente Zabala padre, sería su mejor actuación en Madrid. Leamos el ABC del 13 de octubre de ese año: “El hijo del Ciclón Mexicano tuvo el gesto de no hacerle ascos al corridón de Palha… nos ha gustado más con el toro difícil que con el fácil… tuvo una gran actuación, recordó a ratos a su padre (pero) es una lástima que no vibre, que le falte la mejor virtud de Carlos… Su último par de banderillas, llegando paso a paso hasta la misma cara, con los palos abajo, pegados a las piernas, fue una estampa inolvidable… En conjunto una actuación muy importante. Ha gustado su dominio, ese no perder los nervios cuando ya había dos toreros en la enfermería… Mató tres toros, fue ovacionado en dos. Y hubo una fuerte petición de oreja en el quinto, que el presidente injustamente no concedió.” Alternó Manolo con el colombiano El Puno (conmocionado por el 4º) y el español José Hernández “El Melenas”, que anduvo a trompicones con los temibles palhas.
También estuvo a punto de cortar apéndice Arturo Saldívar hace apenas un año, a un toraco de Samuel Flores al que se arrimó como desesperado. Pero además de ajustarse con “Peina Niños” paró, mandó y ligó en corto como para tumbarle la oreja. Luego lo pinchó tres veces y la cosa quedó en palmas de reconocimiento. Alternaba con Eduardo Gallo y Miguel Ángel Delgado.