Este fue un intenso mano a mano entre dos toreros importantes, uno con la sabiduría que dan mil corridas toreadas, el saber estar y el saber hacer. Otro con el arrojo que da la juventud, con hambre, con ganas de llegar a ser figura y permanecer ahí. Fue el enfrentamiento de dos toreros unidos por la entrega y la convicción.
Muchas veces el cortar orejas no es tan importante como el sabor de boca que queda en el público. Esta noche la gente de Cancún vivió la emoción en las faenas de estos toreros, ante toros, hermosos de estampa, con trapío, peso y edad, pero sin la emotividad necesaria para que el público hubiera vibrado más. Ciertamente, los dos toreros estuvieron por encima de los toros.
Zotoluco sacando agua de las piedras en ambos toros, logrando enmendar sus embestidas y logrando tandas de derechazos excepcionales, con temple y suavidad. Su primero no cayó pronto, por lo que perdió las orejas; en su segundo, cortó dos apéndices y al final salió a hombros.
El Payo, con unas ganas que no le caben en el cuerpo, arrimándose, exponiendo, con variedad de recursos y con transmisión hacia el tendido. Mal con el acero, por lo que pierde las orejas.
La gente entusiasta a la hora de las faenas, pero fría cuando debían sacar por lo menos al tercio al Zotoluco en el primero y al Payo en sus dos toros, además en el de regalo, porque estuvo muy entregado durante toda la corrida.
Sin embargo, quedó un ambiente muy propicio para las corridas siguientes, ya que la entrada fue excelente, el ganado bien presentado, aunque sin palabra de honor, y los dos toreros estuvieron a la altura de la expectación que se había generado.