Aunque no se logró el triunfo importante, a buen seguro la mejor lección que podrá sacar del festejo de su reaparición Luis Manuel Pérez “El Canelo”, es el haberse enfundado de nueva cuenta el traje de luces, sentir por la faja las embestidas de los novillos y comenzar el proceso de recuperación anímica tras el grave percance que sufrió en Venezuela en octubre pasado.
Fue notorio el cambio en el estado de ánimo del novillero de la tierra, de la incertidumbre del patio de cuadrillas, a la sonrisa al finalizar el festejo. Los novillos no aportaron mucho, pero el torero dio un paso adelante.
El primer novillo de su lote resultó débil y parecía tener un problema en el tren posterior, y con él Luis Manuel alargó la intentona aunque sin poder lucir. Mal con la espada, mostró toda la noche un tranquillo que le hizo meter el estoque con tendencia y atravesando los novillos.
Algo similar sucedió en la suerte suprema en el tercero, aunque en éste pudo pegar una serie de naturales de buena factura, casi al inicio del trasteo y por el único pitón potable del novillo, acaso la única serie que permitió el de Puerta Grande, ya que se apagó y terminó defendiéndose.
Al quinto lo banderilleó con lucimiento, tras salir con determinación a recibirlo en el centro del ruedo con una larga cambiada de rodillas. Lamentablemente, también este novillo llegó muy medido de fuerzas a la muleta y desarrolló sentido por el lado izquierdo. El Canelo se cruzó a corta distancia e intentó robarle los muletazos, y aunque volvió a fallar con la espada, la gente, entendiendo las circunstancias, lo sacó a saludar con afecto al tercio.
Con el segundo del festejo Pablo Lechuga se engalló tras sufrir una voltereta por el lado derecho, por donde el novillo se vencía, si bien por el lado izquierdo le pegó alguna embestida potable. No pudo redondear y falló con la espada para escuchar algunas palmas. En el cuarto, que cortaba los viajes y desparramaba la vista, fue silenciada su labor tras pegar algún muletazo suelto y despacharlo eficazmente.
Los momentos más jaleados de la noche llegarían en el sexto, tanto en el saludo con el capote, con verónicas de buen trazo, como con muletazos por ambos lados, ya que el novillo, sin ser un dechado de virtudes, fue el menos malo del encierro. Sosito y justo de fuerzas, aunque con clase en la embestida por ambos pitones, le permitió a Pablo gustarse en varios momentos. Sin embargo ya para esos momentos la gente estaba demasiado fría, en ambiente y literalmente, por lo que tras media estocada suficiente solo fue aplaudido.
Entretanto, en el tendido, otro torero de la tierra, El Payo, observaba el desarrollo del festejo a unas cuantas horas de confirmar su alternativa en la Plaza México.
Ficha Plaza "Santa María". Un tercio de entrada en noche fría, con algunas ráfagas de viento. 6 novillos de Puerta Grande, desiguales de presencia y hechuras, y de juego deslucido. Pesos: 423, 395, 375, 365, 408 y 429 kilos. Luis Manuel Pérez “El Canelo” (tabaco y oro): Palmas, palmas y saludos. Pablo Lechuga (verde botella y oro): Palmas, silencio y ovación. Se rindió un homenaje a los doctores Alcocer, médicos de plaza durante cuatro décadas en la plaza "Santa María".