Diez orejas y tres rabos se cortaron en la segunda y última corrida de la feria de Moroleón, pero no hay que confundirnos, ya que tal cantidad de trofeos no refleja lo verdaderamente ocurrido en el escenario taurino que lució un ambiente muy festivo y un lleno a reventar. Vamos por partes.
Joselito Adame tuvo una tarde importante, pero no por las cuatro orejas y el rabo conquistados, trofeos que sin duda sobrevaloran su actuación, sino por la gran conexión que el joven hidrocálido mantuvo con el público y la actitud que desplegó. Y es que en ambos toros de su lote se vio muy dispuesto desde que se abrió de capa; a los dos los banderilleó con gran destreza para arrancar cerradas ovaciones y las únicas dianas de la tarde.
Con su primero corrió la mano a placer por el perfil derecho pero el toro, que tenía calidad y recorrido, se vino pronto a menos. Sin embargo, eso no impidió que el torero siguiera por el mismo camino con otro par de series de buen trazo. Mató de un pinchazo y estocada y fue cubierto por la benevolencia del juez que sacó los dos pañuelos mientras los restos del toro se iban entre aplausos.
Al sexto lo toreó con mucho temple y dejó tres series por el derecho que calaron hondo en el tendido. De nuevo el toro se vino a menos pero él fue insistente obteniendo su recompensa con una tanda de sabrosos derechazos. Al final colocó una estocada hasta la empuñadura, en otra gran estocada para, ante el asombro de muchos, recibir las dos orejas y el rabo del toro.
Zotoluco le tumbó las orejas y el rabo a su primer ejemplar, producto de un trasteo empeñoso, sometiendo al toro para obtener series del gusto del respetable, pero limitadas en calidad. El capitalino sabía lo que necesitaba el de San Marcos, y también el tendido, así que puso rodillas en tierra y con un desplante valiente y oportuno se metió al público en el bolsillo. Después cobró una certera estocada al primer viaje e increíblemente llegaron los máximos trofeos. El juez de plaza inexplicablemente se dejó envolver por un público eufórico y sediento de algarabía en el día más importante de su feria, y sacó los pañuelos al mayoreo toda la tarde.
Delante del cuarto, Zotoluco se superó notablemente al ejecutar un trasteo inteligente y como el toro tenía calidad, pero le faltaba codicia, el torero lo entendió pronto y le dio su tiempo y espacio exprimiéndole un par de series al natural de muy buen gusto. Mató bien y recibió dos orejas, un justo premio a su destacada labor.
Fernando Ochoa logró solo fugaces momentos por el derecho teniendo que abreviar con el segundo toro de la tarde. Pero en su segundo lo vimos relajado, pensando en la cara del toro, al que le dio su tiempo, su distancia y con paciencia lo fue llevando hasta lograr imantar la embestida del astado a su muleta, en trasteo limpio y reposado que tuvo también bellos detalles como un perfecto cambio de mano. El colofón de la faena llegó con un toro que sorprendentemente iba a más y con dos perfectas dosantinas en un claro instante de verdadera inspiración del torero que terminó su faena con otra gran estocada para recibir las dos orejas y el rabo.
Ficha Segunda y última de feria. 6 Toros de San Marcos, justos de presencia, manejables en su conjunto, de los que destacaron 3o. y 5o., que fueron premiados con arrastre lento. Pesos: 464, 474, 482, 479, 486 y 487 kilos. Zotoluco (gris perla y oro): Dos orejas y rabo y dos orejas. Fernando Ochoa (acero y oro), que sustituía a Julio Benítez \"El Cordobés\": Silencio y dos orejas y rabo. Joselito Adame (lila y oro): Dos orejas y dos orejas y rabo. El ganadero Juan Ignacio García Vivanco y los tres espadas salieron a hombros.