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Crónica Reciente

Histórico triunfo de Castella y Guerrita en Cali
Martes, 30 Dic 2008 | Cali, Colombia
Fuente: Juan Antonio de Labra / Enviado
      

La fiesta de los toros vivió una de sus grandes jornadas el día de hoy en la plaza de Cali. Y la ganadería de Juan Bernardo Caicedo se cubrió de gloria al ser indultados dos magníficos toros, después de las faenas que les hicieron el francés Sebastián Castella y el colombiano Guerrita Chico, que formaron la mundial en una demostración fehaciente de que el espectáculo de los toros sigue teniendo, en tardes como ésta, una pasión orgásmica y es el reflejo de algunos de los valores de la vida humana.

Humana y animal. Así es, porque cuando dos toros regresan al campo tras la batalla, consiguen la mayor recompensa, la del descanso del guerrero que vuelve a casa victorioso. La diferencia estriba en que esta lucha se fundamente en dos miedos que se encuentran; que se funden para crear belleza, armonía, sensualidad, emoción y sentimientos. En esencia, que provoca el arte más complejo de cuantos existen en el mundo: el del toreo.

Que un toro y un hombre se entiendan de este manera es motivo suficiente para preservar a la Fiesta, tan atacada y malentendida. Y los antitaurinos que trasgredieron la sana convivencia de la afición, y se tiraron al ruedo como espontáneos con unos absurdos cartelitos, por desgracia no pudieron quedarse en el tendido a presenciar lo que ocurrió. Seguramente se hubieran hecho aficionados.

Porque ahí hubo magia. Castella se sublimó con “Fulero, el quinto, un toro encastado, no fácil, al que toreó con mucho fondo técnico y expresivo hasta construirle una faena de altos vuelos. Y de abajo-abajo le puso la muleta el de Beziers para someterlo con un temple asombroso, en series largas y de un magnífico acabado.

Cuando cogió la muleta con la zurda, el toro sacó su fondo de calidad por este pitón y Sebastián le dio varios naturales muy desmayados, llevando al toro cosido en la tela con gran suavidad. Tampoco tuvieron desperdicio las dosantinas, tersas y ligadas, un portento de ritmo en la cintura. Para ese entonces, la gente ya comenzaba a pedir el indulto y la euforia colectiva estalló al momento en que el torero se marcho otra vez a las tablas a cambiar la espada por el ayudado.

Entonces sí que sabía que podía indultarlo. Y se dio a torea para él, caminándole al toro hacia el tercio, con unos muletazos con donaire sevillano que fueron el colofón más exquisito a tan magna obra. La palma de la mano derecha de Sebastián acarició el lomo del toro, y la simulación de su muerte fue el epílogo a una historia entrañable.

Cali vibró con Castella. Y Castella siente a esta plaza como uno de sus más valiosos talismanes. De tal forma que su temporada colombiana no ha hecho más que empezar, de manera rotunda y clamorosa.

El paquetazo que había dejado CastellaGuerrita era mayúsculo. Pero saltó a la arena de “Cañaveralejo” el toro “Abejorro”, el más hecho y bonito del encierro, que desde salida embistió con mucho tranco y recargó en varas con una gran nobleza, pues tuvo al picador a merced, recargado el caballo en tablas y casi sentado.

El toro no se cansó de embestir y fue todavía mejor que “Fulero”, por duración y poseer un nivel más equilibrado de sus embestidas. Fuelle, que se dice, y transmisión, queriendo coger siempre la muleta por abajo.

Es verdad que Guerrita torea poco, pero suplió su falta de experiencia para cuajarlo a lo grande, con un toreo de excelente concepto donde brillaron los redondos, largos y sentidos, ante un público que estaba de su parte. No podía ser de otra manera.

Y el segundo indulto de la tarde tomó forma conforme crecía la petición, evocando así la grandiosa tarde que tuvo en este mismo escenario la ganadería mexicana de Piedras Negras, cuando Eloy Cavazos y Palomo Linares indultaron sendos toros de la legendaria divisa rojo y negro, a mediados de la década del setenta.

La presidencia, con excelente criterio, no obstante que había perdonado la vida a un toro anterior, de forma objetiva y sin caer en triunfalismos de ninguna índole, ordenó el indulto de “Abejorro”, un ejemplar que por hechuras, caja y cara, puede servir quizá todavía más al ganadero en su finca.

Antonio Barrera sorteó el lote complicado de la corrida, compuesto por un primer toro que desarrolló mucho genio y le puso la tarde cuesta arriba al sevillano, que hizo el esfuerzo por plantarle cara a pesar de que se venía al pecho y tiraba gañafonazos de mucho respeto.

Sin embargo, el cuarto, un jabonero muy enrazado de principio que terminó un poco aburrido, fue un toro que le permitió calentar el ambiente mediante una faena de arrojo y reciedumbre. El toro desarrolló cierto sentido por el pitón izquierdo y le volteó de fea manera, una circunstancia que sólo sirvió para demostrar al público que se estaba jugando el físico. Después se rajó el de Juan Bernardo Caicedo y se defendió en tablas. Y como mató de una excelente estocada, le concedieron una oreja de ley.

La gente espero hasta el final. Nadie se quería salir de la plaza. La comunión entre toreros, ganadero y público era total. El éxtasis de la Fiesta había conseguido una vez más rescatar los mejor de nosotros. Aquello era un estallido de emoción, la más profunda, la que deja huella y hace afición.

Ficha

Sexto festejo de feria. Más de tres cuartos de entrada en tarde templada. 6 Toros de Juan Bernardo Caicedo, disparejos en hechuras, pintas y tipo, encastados en su conjunto, salvo el 1º, que tuvo mucho genio, de los que sobresalieron 5º y 6º, que fueron indultados. Pesos: 514, 446, 450, 446, 518 y 484 kilos. Antonio Barrera (azul y oro): División tras aviso y oreja. Sebastián Castella (salmón y oro): Oreja y dos orejas simbólicas. Guerrita Chico (blanco y oro): Silencio y dos orejas simbólicas. Los toros indultados se llaman “Fulero”, número 62, negro, y “Abejorro”, número 3, castaño. Destacaron en banderillas Manuel Molina, El Formidable, Chiricuto, Raúl Morales y Jaime Devia, que saludaron. Y en varas, Anderson Murillo.


 

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