Desde que Fabián Barba acudía todas las mañanas al aula de la Escuela de Tauromaquia de Madrid se trazó una meta: convertirse en matador de toros; y desde luego que se trata de un logro a corto plazo en la carrera de los que sueñan con ser toreros, pues el reto grande, y más que nada definitivo, es llegar a ser figura del toreo.
Quizá por eso la frase famosa que cuelga por encima de aquel recinto resulta muy elocuente: “Ser torero es casi imposible; ser figura es un milagro”. En ese camino tan sinuoso transitan la inmensa mayoría de quienes se visten de luces. Lo más bonito es caminarlo con ilusión, el auténtico motor de la vida no sólo de los que se visten de lucen, sino de todo aquel que desea ser feliz.
Y Fabián Barba lo sabe. Por eso ahora demostró algo importante: recobró la ilusión, y lo hizo cortando dos orejas después de una labor en la que combinó su habitual academismo con la chispa que sirve para encender la llama de la emoción.
Así conjugó carisma y buen toreo al mismo nivel hasta imponerse a un toro encastado, nada fácil, al que toreó con entrega hasta arrancarle una oreja de peso. Vamos, un tanque de oxígeno.
En el octavo repitió la dosis en otra faena entonada en la que sufrió una fuerte voltereta para cortar otra oreja que le abrió la puerta grande, la primera de una feria a la que todavía le queda mucha cuerda.
Rafael Ortega también cosechó un apéndice del toro más bravo del encierro, tras una actuación animosa, variada y alegre, en la que cuajó un excelente tercio de banderillas compuesto por un par al cuarteo, otro al violín y uno más, de cortas, al quiebro.
Después comenzó muy bien toreando por el pitón derecho, encajado de riñones y con temple, en muletazos largos y sentidos. Pero un par de minutos más tarde el trasteo se desvirtuó cuando el de Medina Ibarra se fue para arriba, embistiendo con mayor ímpetu y fuerza.
En un exceso de confianza, y cuando hacía un desplante, el toro le levantó los pies del suelo y le propinó una fuerte paliza, de la que volvió para darle muerte de un pinchazo y estocada entera para que le entregaran el apéndice.
Con el toro que abrió plaza estuvo centrado y sobrio en una faena poco valorada por la gente, que todavía no entraba en la corrida.
Antonio Barrera sorteó uno de los toros más complicados de su vida, según comentó en una entrevista. Y vaya que ese segundo fue un toro de voltereta cantada, por el sentido que sacó desde que apareció en la arena. Al sevillano lo que quedó más remedio que echar mano de recursos para quitárselo de encima.
Y aunque el quinto tampoco ofreció demasiadas prestaciones, Antonio entendió que era preciso estar firme y fue así como construyó una faena maciza que remató de una certera escotada. Le pidieron la oreja que no fue concedida, pero dio una vuelta al ruedo en medio de una cariñosa ovación.
Juan Antonio Adame estuvo muy solvente con la espada y en banderillas, aunque al final le faltó emplearse a fondo para sobresalir. De su actuación se puede mencionar la actitud que mostró, dotada de una juvenil entrega que agradó a la gente. Pero eso, hoy día, no es suficiente.
Ficha Viernes 24 de abril de 2009. Primera corrida y segundo festejo de feria. Menos de media entrada en tarde calurosa. 8 Toros de Medina Ibarra, bie presentados, desiguales de hechuras y juego. Sobresalió el 5o. por su bravura y calidad. Otros, como el 2o., presentaron complicaciones. Pesos: 549, 512, 471, 484, 500, 536, 462 y 514 kilos. Rafael Ortega (azul rey y oro): Silencio y oreja. Antonio Barrera (rosa y oro con cabos negros): Silencio y vuelta tras petición. Juan Antonio Adame (azul pavo y oro): Palmas y silencio. Fabián Barba (hueso y oro): Oreja y oreja. El aspirante a banderillero Edgar Camacho saludó por un gran par. En varas sobresalieron Javier Prado y David Vázquez. Barba salió a hombros.