Desde el barrio: Hablaron las empresas
Martes, 21 Feb 2012
Madrid, España
Paco Aguado | Opinión
La columna de este martes
La postura de los empresarios está clara. En ese largo y decisivo pulso de poder y dinero que mantienen con los toreros más destacados, su mensaje va implícito en los carteles que han cerrado para las primeras ferias: aun en plena crisis, prefieren que la gente no acuda a las plazas a ceder un solo centímetro ante las pretensiones de las primeras figuras.
Y así, a las flojas combinaciones de las ferias de Valencia y Castellón se suman ahora las aún no oficiales de Sevilla, una abrumadora sucesión de carteles pésimos con los que el heredero de Eduardo Pagés mantiene esa férrea postura que parece pactada entre los grandes patrones de la empresa taurina española.
Después de varios días de ruido en las redes sociales, donde cualquier rumor es tomado como verdad absoluta –incluida una posible retirada de El Juli que nadie pudo creerse–, la conclusión que arroja la elaboración de la feria de Abril es la misma que la de los dos ciclos de levante: que en este pulso de intereses los que menos importan son los del espectador.
Pero, teniendo en cuenta la situación económica del país, todo hace prever que la ciega soberbia empresarial, despreciando en sus carteles tanto a las primeras figuras como al aficionado, tendrá como penitencia directa unos resultados desastrosos en la taquilla.
Con una Valencia depauperada por la corrupción y el derroche de sus políticos locales, un Castellón azulejero asolado por la crisis del ladrillo y una Sevilla sin alegrías incapaz de asumir los precios de alto standing de la Maestranza, el paisaje de los tendidos en 2012 va a asemejarse mucho al de las plazas medio vacías de los duros años 70.
Y precisamente esa presentida caída en picado en la asistencia de público será la mejor baza para el contraataque de las figuras represaliadas, al margen de su errónea táctica en la lucha por los derechos de imagen. Los grandes nombres siempre han sido imprescindibles para tirar de los abonos, y más aún en tiempos de crisis, cuando el cliente se lo piensa dos veces antes de realizar cualquier dispendio económico, sobre todo si la oferta no es de su agrado.
Es decir, que no tardando mucho –apenas en un mes, cuando salgan los carteles de San Isidro— veremos a las empresas recurrir de nuevo a todo el bloque de primeras figuras para poder sanear sus balances. Como también se revelará que Simón Casas y Canorea han sido simples peones a sacrificar en una estrategia dirigida por colegas más inteligentes que los han utilizado como globos sonda para confirmar ese viejo dicho de que lo barato sale caro.
Todavía es pronto para sacar conclusiones definitivas en esta guerra que se promete larga. Estamos apenas terminando el mes de febrero y no parece que entre el grupo de toreros secundarios al que los empresarios han recurrido como alternativa haya muchos nombres capaces de hacer olvidar los de El Juli, Morante o José Tomás. Y lo más probable, incluso, es que nos llevemos más de una decepción.
Por eso las auténticas figuras siguen a la expectativa, esperando el momento para mover sus mejores fichas en el tablero. Saben que sin ellos el espectáculo no funciona, y con ese convencimiento los más grandes podrían estar fraguando ahora una alianza mucho más poderosa, natural y lógica que la de ese artificial y manejado G-10 que ha demostrado su incapacidad. Sólo esperan el cantado fracaso de la errática estrategia empresarial.
La guerra no ha hecho más que empezar, y ya veremos quién la gana cuando llegue "la calor".
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