Perera hace historia en La México (video y fotos)
Domingo, 25 Ene 2009 | México, D.F.
Fuente: Juan Antonio de Labra / Foto: Sergio Hidalgo
Miguel Ángel Perera escribió su nombre con letras de oro en la historia de la Plaza México, tras cortar el rabo del toro “Precursor”, de Xajay, en una actuación rotunda que terminó por convencer al público a base de entrega y un admirable fondo técnico, mientras que José Mauricio cuajó una soberbia faena al tercero, que le valió el corte de dos orejas.
Así que sobre el mismo escenario convivieron armoniosamente dos conceptos del toreo igualmente válidos, uno dotado de una valentía y una vibración arrolladora -el de Perera- y el otro de una naturalidad sublime -el de José Mauricio- infrecuente en un torero que está en vías de afinar el oficio.
En este sentido, la tarde se cargó de un contenido especial que fue a más hasta desembocar en el corte del rabo del toro de Xajay que cerró una función tan larga como gratificante.
Bien lo dijo Miguel Ángel en la entrevista que le hizo nuestro compañero Jorge Raúl Nacif al bajarse ayer del avión: “No vengo a probarme, sino a demostrar lo que soy”. Y efectivamente, demostró que es una gran figura del toreo con un techo muy alto.
Tantos días de zozobra, operaciones y una dura rehabilitación, seguramente quedaron en el olvido para el extremeño, que merecía un triunfo como éste después de haber pasado unas semanas terribles, repletas de dolor e incertidumbre.
El triunfo supuso esta tarde para Perera un delicado bálsamo a tanto sufrimiento, el que generó la gesta de Madrid de la que, al menos hoy, ha cobrado toda su fuerza al dar sentido a una forma de ser y sentirse torero de la que no muchos se pueden ufanar.
La corrida no empezó bien para Miguel Ángel, que se vio presionado al no conseguir levantar el vuelo en la primera faena del festejo, ante el toro de la ceremonia, pues no era fácil conectar con un ejemplar que venía andando, soseando y sin emplearse en la muleta.
Lo verdaderamente importante de esta actuación fue que tuvo el fondo suficiente para ir a más, como de hecho lo consiguió, aunque sin redondez, en esa primera intervención.
Y parecía que se había acabado todo para Perera con el quinto, un toro zancudo, sin remate, y protestado desde su salida, se impuso con determinación y se inventó una faena maciza, de pensado arrimón, que le dio el aval ante los más exigentes, pues las protestas desaparecieron.
Una oreja sabía a poco, es verdad, quizá por eso tomó la sabia decisión de regalar un toro de otra ganadería con la esperanza de obtener un triunfo sonoro, y no la solitaria oreja que iba a decir poco, mediáticamente, después de la preciosista faena de José Mauricio, que había estado sensacional.
Así que con el de Xajay volvió a plantarse con la misma fibra y realizó una faena estructurada e inteligente, aprovechando la emotividad de un toro que tuvo una gran virtud como fue la movilidad. En la media distancia, Perera enseñoreó su temple exagerado, la largueza de su trazo y, en suma, la profundidad de su toreo. Sin atropellos, sin enganchones, toreando de “aquí hasta allá”, que decía el gran Manuel Capetillo. Y cuando todavía no se cansaba de hipnotizar a “Precursor”, comenzó a “juguetear” con redondos de espaldas, metido en los pitones, sembrado en las cercanías y el riesgo que éstas conllevan, para hacer explotar por completo una faena pletórica de vibración que el público recibió con una admirable capacidad de comprensión.
Una estocada entera, un tanto trasera pero fulminante, le puso en las manos el codiciado trofeo; ese que sueñan los toreros extranjeros, que tiene campanillas de El Dorado, y que el espigado extremeño consiguió en su primera comparecencia como matador de toros en La México.
Este triunfo tan contundente le servirá para hacer un replanteamiento de su carrera en México, pues la larga convalecencia tras la cornada de Madrid le obligó a perder un atractivo paquete de corridas en plazas de importancia. Y esta no es un torero para verlo una tarde suelta, qué va.
José Mauricio dio un campanazo muy importante, pues no sólo gustó su carismático talante, sino también un toreo de muchos kilates. La faena al tercero, el único toro bueno de Barralva, un auténtico dechado de clase, le formó un lío muy gordo. La naturalidad de su toreo, la suavidad y el temple lento, despacioso, fueron los argumentos más significativos de una obra de súbita inspiración, donde dejó en claro que es un torero con sello de artista.
Y es que torear así de relajado no es frecuente verlo. Cómo le hubiese gustado a David Silveti esta faena, en la que por momentos evocó su figura, teniendo el brazo que no torea completamente suelto, sin crispación, al tiempo que metía la barbilla y sacaba el pecho en cada trazo. Su toreo fue sincero y espontáneo, por eso le llegó tanto a la gente.
El momento de mayor belleza surgió cerca de toriles, al momento de arrojar el ayudado de la arena y dar, hacia los adentros un par de trincherillas excepcionales por su cadencia y pellizco. Y de no haberse desesperado un poco, al intentar recibir un toro que le pedía al echarse encima del morrillo para matarlo, hubiese también cortado un rabo. Quién sabe.
Miguel Ángel Perera deslumbró a todos con sus portentosas cualidades, pero lo que hizo José Mauricio el día de hoy tiene mucha miga. A pesar de su lógico verdor y su poco entendimiento de los terrenos, no todos los días sale un torero con esa clase y esa naturalidad, ¿verdad José Mari Manzanares padre?
Los buenos momentos de Manolo Mejía fueron escasos, pues toreó con temple y solvencia pero sin ajuste. La gente le recriminó en varios pasajes este hecho y, por otra parte, le celebró un significativo brindis al picador Efrén Acosta, así como una estocada de excelente ejecución al cuarto toro del festejo o el quite al alimón por navarras que realizó con José Mauricio al sexto.
Ficha Decimoquinta corrida de la Temporada Grande. Poco más de un tercio de entrada. 6 toros de Barralva, disparejos en hechuras, descastados en su conjunto, salvo el 3º que tuvo mucha clase, premiado con arrastre lento. El 5º fue protestado por su escaso trapío. Y un toro de regalo de Xajay, emotivo, que recibió arrastre lento. Pesos: 470, 513, 503, 497, 490, 506 y 504 kilos. Manolo Mejía (verde limón y oro): Palmas y silencio. Miguel Ángel Perera (azul y oro): Ovación, oreja y dos orejas y rabo en el de regalo. José Mauricio (coral y oro): Dos orejas y ovación. Perera confirmó con el toro "Palomo", número 60, negro. En banderillas destacó Christian Sánchez, que saludó en el 6º. Perera y José Mauricio salieron a hombros.
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