La Feria de Zacatecas terminó con una corrida muy emocionante, en la que hubo toros y toreros, con varias faenas dignas de reconocimiento por su arte, como las que cuajó José Ignacio Uceda Leal, así como una de Octavio García "El Payo" y otra más de Héctor Gutiérrez, que fueron de pura filigrana.
Y gracias al buen juego, en general, que dio el encierro de San Isidro que vino de última hora a sustituir a que estaba anunciado inicialmente de Campo Hermoso, se vivieron momentos que la gente disfrutó y salió contenta de la plaza.
La tarde comenzó con una primera faena del madrileño, que hoy debutaba en la Monumental Zacatecas, en al que demostró que el que es buen torero donde quiera sobresale, y luego de compenetrarse con la noble condición del toro de San Isidro que abrió plaza, consiguió cuajarle lances a pies juntos y medias verónicas cargadas de clasicismo.
Uceda Leal se fue cimbrando con "Arqui" -bautizado así en memoria del entrañable arquitecto Jorge Medina Rodríguez, ganadero de Medina Ibarra- y comenzó a fluir con empaque y torería, la de un hombre que ha tenido que soportar injusticias en una carrera de larga duración, que está a punto de celebrar 30 años de alternativa en su plaza, la de Madrid, donde actualmente es el torero en activo con más paseíllos.
La clave fue esperar al toro, verlo venir despacito, porque tenía medidas las fuerzas, mas no la clase, y engancharlo suavemente con los vuelos de la muleta para llevarlo largo, en la línea, en muletazos de mucha galanura.
Y en los remates, tanto en los pases de pecho, cargados a la hombrera contraria, como en los cambios de mano y desdenes, Uceda Leal acabó por deletrear el toro especialmente uno que duró una eternidad, por lo que el público se frotó las manos al ver el prodigio de calidad de su toreo.
A la hora de entrar a matar señaló un pinchazo previo a una buena estocada y así cortó la primera oreja del festejo, lo que le dejó entreabierta la puerta grande de la monumental de cantera rosa. Pero lo más significativo fue que José Ignacio estaba radiante, feliz de haber sentido y hecho el toreo con la tersura que exigía el toro, y haberlo cuajado a placer para llevarse de recuerdo en el alma esa importante faena.
El cuarto fue un toro exigente, porque no se definía y a veces se quedaba un poco corto, por lo que el torero madrileño le plantó cara con la misma decisión que al anterior y acabó por entender que era preciso darle un poco más de distancia para que descolgara la cara.
Y así fue hilvanando muletazos de calidad, en otra faena quizá sin la redondez de la primer, debido a que el toro nunca terminó de romper, pero con la misma filigrana y una gran conexión con el tendido, del que salió un atinado grito de "¡torero fino!" Absolutamente cierto.
En esta segunda intervención con la espada, Uceda Leal se fue en corto y por derecho y cobró una estocada eficiente que le puso en las manos la otra oreja con la que salió a hombros, en un reencuentro con México donde hoy dejó su sello de torero clásico y artista a la misma vez.
Inspirado por la sutileza de la primera faena de José Ignacio, el queretano salió a entregarse con ese talante de serenidad y buen gusto que ahora sale a relucir en sus corridas, con una expresión tan personal que gusta mucho a la gente.
Las verónicas y las medias verónica de El Payo también tuvieron aroma de torero grande, así como las vistosas chicuelinas al paso para llevar al toro al caballo, antes de hacer una faena entendida, serena, de muchas pausas entre las series para que el toro se afianzara a la arena. Lo malo fue que no estuvo como debía a la hora de utilizar la espada, y eso le arrebató el triunfo. Sin embargo, el público recibió con mucho agrado su actuación y lo alentó en todo momento.
El quinto toro, que tenía armoniosas hechuras, se partió el pitón derecho en el estribo del picador, y tuvo que ser devuelto y sustituido por uno de Boquilla del Carmen que ya tenía poco más de dos semanas en los corrales, por lo que esto fue evidente en el juego incierto y defensivo que sacó y que no le permitió a Octavio hacer casi nada.
El tercero fue el único toro de los cinco de San Isidro que no tuvo fondo y acabó muy deslucido, no obstante que Héctor Gutiérrez, que todavía tiene frescos los puntos de sutura en la región genital, acabó por imponer su ley con claridad de ideas y un magnífico concepto del toreo.
Y si en ese toro el torero acalitano no se había podido mostrar, vaya que sí lo hizo en el último de la corrida, un ejemplar berrendo en cárdeno, de preciosa lámina cuyas hechuras no podían fallar… y no fallaron, porque embistió con alegría y calidad, además de duración, para que Héctor sacara todo su sentimiento en una faena de trazos largos, templados, con las zapatillas ancladas en la arena y el sentimiento a flor de piel.
La gente disfrutó mucho esta faena y la coreó con entusiasmo a la par de que la banda interpretaba la "Marcha Zacatecas", mientras Héctor se regodeaba toreando por ambos pitones con ceñimiento y claridad de ideas.
Aunque la estocada no fue entera, estaba en todo lo alto y el de San Isidro lo acusó, así que no tardó en doblar y el juez de plaza, que hoy estuvo acertado en no concederle una oreja del primero tras una estocada caída, aquí sí premiarlo con dos orejas que le valieron para acompañar a Uceda Leal en la triunfal salida a hombros.
Y así concluyó la feria del cincuentenario de la inauguración de la plaza, con la esperanza de que este ciclo sea un parteaguas y que la Fiesta tenga un repunte importante de cara a los próximos años.