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La temporada mexiquera de la Plaza México
Martes, 23 Dic 2008 | México, D.F.
Fuente: Leonardo Páez
¿Qué dejó la temporada mexiquera de la Plaza México?

Definición y antecedentes

A diferencia del mexicanista, que toma partido y defiende con sustento lo esencialmente mexicano, la condición del "mexiquero" es agarrarse de lo mexicano, o lo que se le parezca, como de un clavo ardiendo; su postura es emergente y su actitud de aprovechamiento oportunista, antes que de justipreciación con perspectiva.

Luego de varios intentos fallidos por modificar el artículo 47 de la Ley de Espectáculos para el Distrito Federal, en el sentido de que se permitiera alternar a dos toreros extranjeros con un nacional, y no obstante el apoyo infructuoso que recibió de los tres principales partidos políticos en la Asamblea Legislativa del DF, la empresa de la Plaza México optó entonces por ofrecer doce tardes con diestros mexicanos exclusivamente.

Por un lado, para demostrar una vez más que estos coletas carecen de capacidad de convocatoria para garantizar el negocio, y por el otro lograr que con ese modesto elenco le fuera autorizada la venta del derecho de apartado con un veinte por ciento de aumento en éste y en el precio del boleto, a la vez que se conformaba, como lo viene haciendo desde hace quince años, con entradas raquíticas semanales de cuando más el diez por ciento del total del aforo de la monumental.

Pero la fiesta de los toros es de tal naturaleza que se constituye en reflejo y termómetro de la temperatura de la sociedad donde está inmersa. Con los sueños de grandeza sin bases del salinismo globalizador, las importaciones indiscriminadas desplazaron de golpe a la producción nacional de calidad, pero además impidiendo la puesta al día en materia tecnológica, tanto en el sector privado como en el paraestatal. Pemex, por ejemplo.
 
Lo mismo ocurrió con la llamada fiesta brava, donde las empresas más fuertes del país, en lugar de entender la globalización como necesidad de reforzar un producto taurino nacional con calidad internacional, siguieron en su postura de importar figuras europeas caras pero con relativa capacidad de convocatoria y, lo más grave, en detrimento de un relevo generacional taurino de México tan urgente como postergado.

El resultado, como en el resto de las actividades del país, no por contraproducente fue menos obvio: saturación, cada temporada, de productos importados buenos, regulares y malos, pero a costa de una exigua producción nacional de calidad con estándares internacionales y capacidad competitiva.

Descubrir lo obvio

El principal resultado de esta temporada mexiquera es la confirmación de lo evidente: en México sobran toros y toreros buenos, pero a los metidos a empresarios, sobre todo en los estados, no les interesa foguearlos, madurarlos, promoverlos ni cotizarlos. Prefieren ahorrar en publicidad y mercadotecnia con los locales para luego echar la casa por la ventana con los de fuera que, salvo Hermoso de Mendoza, José Tomás, Enrique Ponce y El Juli, resultan prácticamente desconocidos para el público de la ciudad de México -Manzanares, Perera, El Cid, e incluso Castella y Morante.

Dos paréntesis

Uno. Luego de insistir varios años la Asociación Nacional de Matadores para lograr un punto de acuerdo en la Cámara de Diputados contra los intentos de modificar la Ley de Espectáculos del DF para que en el mismo cartel torearan dos extranjeros y un mexicano, este año la citada asociación acordó con Espectáculos Taurinos de México que esos carteles se puedan dar en todas sus plazas, antes que por convicción por las diferencias de la asociación con la empresa de la México.

Dos. En unos tiempos de entreguismo disfrazado de globalización y de menguado nacionalismo sin congruencia, la empresa de la Plaza México argumenta, no sin razón, que en ningún otro espectáculo la ley de la ciudad de México se preocupa tanto por el porcentaje de actuantes extranjeros en una función como en el taurino. A equipos deportivos, compañías de teatro, musicales o circenses, entre otras, se les permite que puestos de trabajo de nacionales sean realizados por extranjeros sin que nadie se rasgue las vestiduras. Así, el mezquino apoyo del estado mexicano a la fiesta de los toros, demagógicamente se reduce a un falso proteccionismo de los toreros, por lo demás desprotegidos, divididos y sin una idea clara de autovaloración gremial.

Obsesiones aparte, además de las habituales minientradas por el desequilibrio entre precio y oferta de productos, de la inclusión antojadiza o sospechosa de toreros sin merecimientos, de cambios de ganaderías anunciadas, de adeudos a ganaderos, de manga ancha en la concesión de indultos y apéndices, de un nulo manejo de publicidad, de la perjudicial negativa a una elemental coordinación entre Espectáculos Taurinos de México y la empresa de la México, y de la renuncia de Curro Leal “por motivos de salud” a la gerencia de ese coso, ¿qué dejó esta inusual temporada?

Reitero: La certeza de que en México hay toros y toreros buenos, capaces unos de dar espectáculo y propiciar triunfos importantes, y con cualidades otros para convertirse, en corto plazo, en diestros taquilleros y competitivos… si las dos empresas mencionadas revisan sus actitudes y procedimientos.

En pocos días veremos lo que hará la empresa con la media docena de figuras españolas contratadas, los matadores que triunfaron y dos que confirman su alternativa, así como la respuesta de un público apenas tomado en cuenta a través de una publicidad inexistente.
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"No todo lo que reluce..."

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