A pesar de los hechos violentos registrados por la mañana, tras el asesinato del narcotraficante Nemesio Oseguera "El Mencho", la afición capitalina y de sus alrededores no tuvo contratiempo alguno para acudir a disfrutar de una interesante corrida en la recoleta plaza de toros de "Cinco Villas", que volvió a la actividad taurina con la categoría e importancia que la caracterizan.
Y de paso, con el triunfo de Diego Silveti y Marco Pérez, que salieron en la calesa, y no a hombros, como se estila en el coso de la familia Sirvent, donde siempre se cuidan todos los detalles y que, luego de esta magnífica experiencia, podría convertirse en la plaza alternativa toda vez que La México seguirá cerrada por tiempo indefinido.
Tampoco el clima desapacible que dio al traste con el de días anteriores, ahuyentó al público, que llenó los tendidos de "Cinco Villas" con deseos de ver toros, y así discurrió una jornada que mantuvo la emoción, y tuvo sus puntos álgidos con los tres espadas del cartel, pues también Bruno Aloi aportó vibración a la corrida y estuvo a punto de conquistar otro triunfo de haber estado más rotundo con la espada.
El encierro de Las Huertas tenía un trapío armonioso, y salvo el tercero, que era el menos del encierro, los ejemplares de encaste Domecq (vía Jaral de Peñas), despertaron expectación, de los que hubo varios toros sobresalientes, con distintos matices: el primero por su exigente bravura; el cuarto por su clase –aunque se iba suelto de los vuelos de la muleta, con mucha humillación y temple–, el quinto, que tuvo las embestidas más profundas y fue el más completo, y el sexto, que a pesar de haber durado poco, sacó buen tranco hasta que se paró.
Así que, ya con tales atributos, los tres toreros del cartel tuvieron en las manos toros para triunfar, y a la corrida le hubieran podido cortar más de las cuatro orejas concedidas, de haber estado más finos con los aceros.
Silveti está en estado de gracia, y con los toros buenos es capaz de abandonarse y torear con mucha elegancia, ritmo y temple, como así ocurrió ante el cuarto, que le regaló unas embestidas de lujo para que el torero de dinastía se recreara toreando al natural, en una faena estructurada y de calidad que gustó mucho al público, que lo ovacionó con cariño en la vuelta al ruedo tras haber ejecutado una estocada fulminante, el mejor colofón a una obra cargada de sentimiento con la muleta en la zurda.
Mayor mérito hubiese tenido redondear su labor con el toro que abrió plaza, el de mayor trapío del encierro, el más hecho de todos. El de Las Huertas fue enrazado y le pedía a Silveti que se colocara en el sitio para tirar de él, lo que ocurrió en algunos momentos de una faena sin la ligazón esperada, pero con la misma actitud que viene mostrando en otros escenarios, y al que colocó una estocada de limpia ejecución, un tanto trasera, de la que el toro tardó en doblar.
Marcó Pérez tuvo una actuación de menos a más, en dos faenas diferentes: la primera más de rutina y sin demasiado ceñimiento, con oficio y atento a las reacciones del público, y otra, la del quinto, con más entrega y arquitectura ante ese ejemplar, que fue el más completo de todos porque embistió con mucha definición a partir del segundo puyazo que le dio Alfredo Ruiz "El Miura", y que abrió una atractiva rivalidad en quites con Bruno Aloi, que expuso mucho en las saltilleras y al que Pérez dio la réplica.
Minutos después, el salmantino agradó a la concurrencia en ese trasteo, pues comprendió al de Las Huertas de principio a fin y acabó centrándose, con claridad de ideas y disposición, para conseguir un mejor resultado de conjunto estético y de impacto en el tendido. A pesar de que colocó una estocada entera, un poco contrario, el toro no dobló con prontitud y eso le arrebató una segunda oreja, que, como a Silveti la que perdió del que abrió plaza, le hubiera granjeado un triunfo de mayor relevancia numérica. Sin embargo, ahí va, poco a poco, abriéndose camino y mostrándose como torero en México.
Presionado por el triunfo de sus compañeros, y luego de haber hecho una primera faena anodina al tercero de la tarde, que incluyó una voltereta que no debió existir, y de la que afortunadamente salió ileso, Bruno salió a arrear desde esa estupenda intervención en quites que desató el entusiasmo en el tendido.
Y mentalizado a no marcharse con las manos vacías de "Cinco Villas", hizo el mejor toreo a la verónica de la corrida, en una tarde donde, debido al viento, no fue fácil manejar el capote con la soltura requerida. De esos mecidos lances pasó a un inicio trepidante de faena, en los medios del albero y de rodillas, ante un toro de buen tranco que galopó con franqueza en esta parte inicial de la lidia.
A esa inició tan emocionante toreando en redondo de hinojos siguieron un par de series de pie, tanto por el pitón derecho como toreando al natural, pero el de Las Huertas se apagó pronto y Bruno no tuvo ningún empacho en meterse entre los pitones con aguante para encelar al toro y tirar de él en la fase final de una faena emocionante, en la que hizo un oportuno y arrebatado desplante arrojando la muleta a la arena, en medio de la algarabía del público.
Lamentablemente, a la hora de matar señaló un primer pinchazo y luego una estocada entera y desprendida que provocó derrame, lo que le impidió cortar una merecida oreja, que no fue concedida por el juez de plaza a pesar de la petición del público, en una muestra más de la seriedad de esta plaza.
Bruno Aloi fue llamado a dar la vuelta al ruedo, lo que hizo con el cabreo lógico de haberse tenido que marchar a pie de la plaza, mientras sus compañeros de cartel, en compañía del ganadero Rodrigo Barroso, se subieron a la calesa del triunfo, tal y como aquí se acostumbre en vez de la consabida salida a hombros.