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Salento cierra en triunfo

Martes, 30 Dic 2025    Cali, Col.    Jorge Arturo Díaz Reyes | Foto: Toro Vive          
Colombo, el ganadero Mauricio González y Luis David, a hombros en Cali
En una feria marcada por el déficit ganadero, Salento, el hierro de los González Rincón, "Tuco hijo" y Mauricio, herederos de vieja prosapia Santa Coloma colombiana vino y cerró la feria con honores. Sus argumentos; trapío, romana, bravura con los caballos y nobleza.

De salida ovacionados todos, menos el tercero. De arrastre el primero, el segundo, cuarto, y vuelta al ruedo al sexto, "Mochuelo", número 187, de 470 kilos. Defectos, el pando fondo. Todos vinieron a menos, incluido el bravo cierraplaza.
 
Puro Santa Coloma. Todo el encierro cárdeno, en 506 kilos promedio, degollado, vueltito, encastado, bien comido, sabihondo, y de una edad presuntamente cuatreña, ya que la empresa se ha negado toda la feria, a cumplir el mandato reglamentario de exhibir la fecha de nacimiento de los toros, (Artículo 33, del reglamento taurino nacional).
 
Pero qué recuerdos familiares trajo el hierro a Cañaveralejo, una plaza donde la parentela González ha escrito sus páginas más gloriosas. No una vida, generaciones construyendo esta corrida. Eso emocionaba la joven concurrencia, continuadora de la tradición… Lo de los González, Piedrahita, Caicedo, Rincón… y atrás el conde genial, Enrique de Queralt y Fernández Maquieira, de Santa Coloma. La solera, el abolengo, el señorío, la buena ganadería sobreviviendo en los estertores de la fiesta colombiana. En esa maravilla natural, el valle del Cocora.
 
Desde allá, en el Quindío, cordillera central, vinieron a salvar en última y buena hora la feria de Cali 69, la categoría de la plaza y la fe de la afición caleña. Muy agradecida debe estar la empresa, los pocos que acertaron viniendo, acaso un tercio del aforo, y los toreros, que a duras penas pudieron con ella.
 
De adelante para atrás. El sexto, "Mochuelo", no se dejó embaucar por el capote, ni de saludo ni en el embarullado quite de chicuelinas y revolera. Hizo aplaudir a Edgard Arandia, en el monopuyazo de rigor, yendo pronto y codicioso, encelado y empujador largamente (todos lo hicieron).

Emocionó atacando y persiguiendo en banderillas, cuando al fin lo citaron con el respeto debido. Y luego, en la muleta, bravo al toque, de una, galopando, repitiendo con fiereza, exigiendo, queriendo todo. En una, dos tres, cuatro tandas, que la verdad sea dicha no estuvieron a su altura. El maestro Libardo Mora le entonó "Paquito El Chocolatero".

Iba con todo, y hasta le agarraron los ijares para ponerlo desde buen resguardo, en una noria inmerecida y ventajista. Injustamente le faltó mando y rima, como a toda la corrida. No se los dieron, no los halló e impuso su ley hasta que le dio la gana de pararse a falta de algo mejor. Mandaba. Le pegaron una estocada baja, injusta, pero letal que deslumbró la parroquia y exigió los máximos trofeos y al final, como arrepentida de lo que había hecho, la vuelta para el toro.
 
Mientras escribo esto, en la pantalla parpadea un mensaje del ganadero, a un chat selecto; "me gustaron el segundo y el cuarto". Sí, que desbordaron a sus lidiadores e hicieron gritar "¡Toro! ¡Toro!" Claro, el uno pinchado y el otro también, más un fierro tres cuartos antes de la bronca para el espada.
 
Bueno, fue una corrida de toros (más que de toreros), como debe ser. De los otros que por A o por B, desistieron en el tercio de muerte, quedan su estampa y sus dos primeros tercios.
 
Era cartel trinacional. El colombiano José Arcila quedó en deuda, con él mismo primero, con el tricolor y con el resto. El mexicano Luis David Adame, se perdió en folclorismos con el segundo, e hizo de tripas corazón con el quinto y le mató recibiendo (bajo), desorejándolo, con la complicidad de un palco recreacionista y promotor.

El venezolano Jesús Enrique Colombo, héroe de gestas en Europa, estuvo más por el populismo que por la democracia. Sin embargo, los dos últimos abrieron una Puerta mayor que otros, antes que ellos, honraron bastante más.
 
Murió la corrida, terminó la feria, y la banda, como la del Titanic, tocaba y tocaba, mientras el barco se hundía, tras haber chocado con el iceberg de la ley 2385 de 2024 "No más olé", que empujado por el helado viento de la política causaba el desastre.

Ficha
Cali, Colombia.- Plaza de "Cañaveralejo". Quinta y última corrida de feria. Un tercio de plaza, en tarde soleada y calurosa. Toros de Salento, entipados, encastados, nobles, aunque de poco fondo, de los que destacó el 6o., que fue premiado con vuelta al ruedo. Pesos: 460, 516, 450, 540, 506 y 470 kilos. José Arcila: Silencio y división. Luis David: Silencio tras aviso y dos orejas. Jesús Enrique Colombo: Silencio y dos orejas. Incidencias: El toro premiado se llamó "Mochuelo", número 187, con 470 kilos. Al término de la corrida, salieron a hombros por la "Puerta señor de los Cristales" (para lo que hay que cortar dos orejas en un toro), Luis David, Colombo y el ganadero Mauricio González.


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