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Rafael Rodríguez en el recuerdo (video)
Viernes, 19 Dic 2008 | Aguascalientes, Ags.
Fuente: Xavier González Fisher
  

En junio de 1948, la afición de Aguascalientes congregada en la plaza de toros "San Marcos", presenció el advenimiento de un torero que con el paso de los años demostraría su trascendencia para la Fiesta en México.

En ese mismo año, haría lo propio en la Plaza México, la que da y quita al decir de muchos, redescubriendo el hecho de que a todos los toros se les podían cortar las orejas y poniéndose en un sitio en el cual es muy difícil quedarse quieto.

En ese 1948, Rafaelillo, como se le anunciaba en su presentación en Aguascalientes, o El Volcán de Aguascalientes como se le llamaría a posteriori, se unió a otros dos toreros, Jesús Córdoba y Manuel Capetillo, distintos  en su forma de  interpretar el toreo, pero igualmente atractivos. Fueron bautizados por el periodista del semanario El Redondel, Alfonso de Icaza "Ojo", con el mote de "Los Tres Mosqueteros" y como los de Alejandro Dumas, encontraron a su D´Artagnan en Paco Ortiz, haciendo la temporada novilleril de ese año una de las mas exitosas de la historia de la fiesta en México.

Rafael Rodríguez explicaba que la trascendencia de la temporada novilleril de 1948 se reflejaría en lo que vino después, pues "Los Tres Mosqueteros" no siguieron una carrera taurina común, sino que se separaron y tomaron cada cual su camino después del doctorado. En efecto, lo que pudo pensarse como un cartel ideal con Rodríguez, Córdoba y Capetillo, se dio solo cinco veces y esto dentro de los dos años siguientes a sus alternativas, pues como hombres de la fiesta, maduros y con identidad propia, seguirían sus carreras, pero sin formar una terna de fijo.
 
La trascendencia a que se refiere el matador Rodríguez, descansa en el hecho de que "Los Tres Mosqueteros" vinieron a dar un aire nuevo a la Fiesta en México que lo había recibido ya de Manolete, torero que con su muerte, dejó trunco un movimiento de renovación integral en el ámbito mundial.

Por otra parte, la fiesta mexicana descansaba en unos extraordinarios pilares como Armillita, El Soldado, Lorenzo Garza y Silverio Pérez. Además, actuaban con decoro Jesús Solórzano, Gregorio García, Fermín Rivera, Calesero, Luis Briones, Antonio Velázquez, Cañitas, Luis Procuna, Carlos Arruza y varios más que podrían considerarse como buenos complementos de cartel, pero sin el peso específico de sostener sobre sus hombros una temporada completa.

Sí observamos la baraja, nos daremos cuenta que sus principales cartas estaban ya un poco gastadas, a fuerza de estar un domingo sí y el otro también cumpliéndole a sus públicos, que como todos los de la fiesta, son algo veleidosos.

Por ello, el año de 1948, representó tanto para la tauromaquia nacional, pues habrían nuevos rostros y voluntades a quienes disputar las palmas cada tarde, tanto así, que Rafael Rodríguez llenaba la México hasta el reloj cada vez que en ella se presentaba, por ello bien se puede decir que mano a mano con Antonio Velázquez sostuvo la fiesta en México desde la muerte de Manolete y hasta la llegada de El Cordobés.

Es precisamente Rafael Rodríguez el torero que más rabos ha cortado en la plaza México con un total de once, los de "Panadero" de Pastejé; "Palomo" y "Bolchevique" de Zotoluca, "Chupa Flor" de Zacatepec y "Toledano" de Coaxamalucan cuando novillero. Y los de "Collarín" de Coaxamalucan; "Visitón" de La Punta; "Lagartijo" y "Cordobés" de Zotoluca; "Churumbelo" de Torrecilla y "Morcillero" de Piedras Negras, a partir de su alternativa.

Suena fácil decir once rabos, pero es prudente recordar que de esos once rabos, El Volcán de Aguascalientes obtuvo los tres primeros en las dos primeras novilladas que toreó en esa plaza y que esas novilladas eran apenas la tercera y la cuarta de su carrera profesional.

Igualmente ya investido matador de toros, Rafael Rodríguez cortó el rabo al sexto toro de la tarde de su alternativa y que es el sexto en su haber en la plaza más grande del mundo, donde en menos de un año cortó nueve apéndices caudales.

Que quede claro que no estamos hablando de un récordman o de un tumbaorejas, nos referimos a un torero de valor y entrega, que dio a quienes tuvieron la fortuna de verlo en los ruedos, lo mejor de su tauromaquia y de su vida ya fuera en México, Aguascalientes, Monterrey, Guadalajara, Cuatro Caminos, Morelia, San Luis Potosí, Madrid, Barcelona, Caracas o Arles.

Y frente a toros de La Punta, Matancillas, La Laguna, Piedras Negras, Zotoluca, Coaxamaluca, Mariano Ramírez, Jesús Cabrera, Torrecilla o San Mateo, o alternando con toreros de la talla de Antonio Velázquez,  Luis Procuna, Calesero,  Jesús Córdoba, Silverio Pérez, Manuel Capetillo, El Cordobés, Armillita, Pepe Luis Vázquez o Luis Miguel Dominguín.

En suma, Rafael Rodríguez, desde la primera tarde, hasta la última, fue un torero que salió a dar la cara sin temer a los toros, a las plazas o a los alternantes; salía a darlo todo, sin detenerse ante los obstáculos, logrando con ello, ser una auténtica figura del toreo. Eso es lo que revela su historia, la de una figura del toreo, pues la categoría de figura se adquiere con eso, con categoría dentro y fuera de los redondeles.

Hoy se cumplen seis décadas de añoranza, y como aquel Rafaelillo de la plaza de toros "San Marcos" una tarde de junio de 1948, se alzó triunfador de la novillería y recibió una alternativa de lujo en la Plaza México, de manos de Silverio Pérez, la mejor recompensa a la campaña novilleril más fulgurante que registre la historia taurina de México. Es por eso que aquí le recordamos, por lo que su historia personal representó y por lo que supone su aportación para la construcción de la Edad de Plata del toreo en México.

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Figurón del toreo