Hasta que saltó el sexto toro de la tarde, la corrida se había sumergido en un sopor debido al escaso juego de los toros de San Isidro, y fue entonces cuando la chispa de la emoción brotó con espontaneidad con la actuación de Antonio Barrera, que salió a entregarse sin reserva.
Y desde que se abrió de capa toreó bellamente a la verónica, con trazo y suavidad, a un toro que terminaría embistiendo con fuerza y transmisión, en una faena muy emotiva. Barrera entendió perfectamente que era preciso reponerse hacia adelante, precisamente para que el toro no saliera suelto de la tela, y fue así como ligó en redondo con temple y sustancia, cada uno de los muletazos.
Construyó entonces una faena variada y bonita, con destellos de sevillanía, como varios molinetes y distintos adornos que calaron en la gente. También los desdenes tuvieron su gracia y se gustó, sintiendo lo que hacía y proyectando sentimiento. Y de haber estado certero con la espada hubiera cortado dos, y no sólo una oreja. Al margen de este hecho, él demostró que sigue escribiendo su propia historia de triunfos en esta plaza, con valor y sinceridad.
Del resto de la corrida hay pocas cosas que contar, como fue el esfuerzo que hicieron los toreros por agradar, cada uno con su estilo, siendo Fabián Barba, a la postre, el que cosechó una ovación y una vuelta al ruedo.
Destellos de calidad con el capote fueron los que realizó Barba con el segundo, un toro noble que no duró nada. Y aunque el séptimo le dio una fuerte voltereta cuando toreaba con el capote, se mantuvo en pie de lucha hasta el final. Cabe resalta un templado quite por saltilleras, así como varios redondos que dio al primer toro de su lote, relajado de planta y muy torero. Fue una lástima que dicho emjemplar no tuviera duración, pues buen estilo sí tenía.
Joselito Adame también procuró dar espectáculo pero no tuvo colaboradores propicios, y sobresalieron algunos muletazos sueltos al cuarto, un toro muy hecho, y serio, al que le plantó cara con entereza y le robó algunos pases de valía.
Por su parte, Rafael Ortega tuvo en las manos dos toros de nulo juego, y cerró sin brillantez una feria donde ha cosechado grandes lauros en el pasado, y hoy estuvo marcada por la mala suerte en los sorteos. El tlaxcalteca porfió sin reserva, lamentablemente en vano.