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El aroma y el dramatismo del toreo
Sábado, 13 Dic 2008 | Aguascalientes, Ags.
Fuente: Jesús Zavala / Especial

Sin duda alguna José Tomás es, hoy en día, el torero del que más se ha hablado y escrito a raíz de su gesta librada en Madrid los días 5 y 15 de junio pasado, con la apertura de dos Puertas Grandes.

José Tomás es hoy por hoy el matador que más interesa y también el que más cobra. Sin embargo, sería injusto dejar de reconocer que existen otros diestros, ciertamente con características diferentes, que son parte de la fiesta y que muchos de ellos aportan una tauromaquia al toreo del siglo XXI, como es el caso de Morante de la Puebla.

De los carteles que han compartido José Tomás y Morante de la Puebla destaca la tarde del 24 de agosto de 1999 en Almería con toros de Zaldueno. Me permito transcribir un fragmento de la crónica de ese día escrita por José Enrique Moreno en la revista 6 Toros 6: “El pulso más intenso entre los dos toreros más artistas de la nueva generación se libró en Almería, y de él surgió una de esas tardes de toros que difícilmente se olvidan. Cuántas emociones juntas, cuánta calidad en una misma tarde… La corrida del martes fue un derroche del mejor toreo posible en el momento actual de la fiesta, un bacanal de arte. Al madrileño, que abandera la pureza y profundidad del toreo, que guarda con celo el secreto del toreo eterno, le ha salido un serio competidor sevillano que se transforma en ángel y desparrama arte con singular desparpajo. ¡Vaya pareja de torerazos!”

Yo me pregunto: ¿estaremos a casi cien años después ante otra página histórica y memorable del toreo?

Durante la temporada del año 2000, José Tomás compartió muchas tardes con Morante, y en verdad era el único hombre que, en las grandes tardes del monstruo de Galapagar, no salía acomplejado y desgranaba su toreo de arte hasta ser capaz en ocasiones de renovar la catarsis impuesta por su rival “José Tomás –reconoce Morante- me ayudaba mucho porque transmitía una paz diferente. Me asombraba verlo pisar con aquella naturalidad aquellos terrenos increíbles, pero a la vez me daba cuenta de que andar en ese sitio no era un imposible”.

2 Tauromaquias 2

Las tauromaquias nuevas, de finales del siglo XX y de principios del actual, han logrado un sincretismo admirable. En el caso de José Tomás la mezcla entre lo manoletista y belmontista. La de Morante tiene dos pilares: el gallismo y el belmontismo. Y ello plantea una intrincada cuestión estética.

He tenido la oportunidad de ver torear a estos dos grandes toreros. En lo personal ambos me han cautivado y conmovido. Cada uno tiene su propia personalidad y su forma de decir el toreo. Lejos de ser antagónicos son complementarios. José Tomás es la verdad, la pureza, la quietud, el dramatismo. Morante es el arte, el pellizco, el duende, el aroma.

José Tomás, al igual que Belmonte, nos dice: “Te pones aquí y ni te quitas tú ni te quita el toro, si sabes torear”. Tanto Morante, como uno mismo, nos asombramos los terrenos inverosímiles que pisa el de Galapagar. La quietud y serenidad de este hombre son impresionantes. En su momento los aficionados clásicos de principios del siglo XX pronosticaron la muerte de Juan en las astas de un toro porque “así es imposible torear”. Incluso Rafael Guerra "Guerrita" sentenció: “El que quiera ver torear a Belmonte que se dé prisa”.

Por su parte, Morante es otro estilo, cuyo toreo despide perfume de azahar. El expresar su sentimiento, como todo artista, es la búsqueda constante de este torero de ensueño.

Se ha dicho que la tauromaquia de Morante tiene dos pilares: el gallismo y el belmontismo. “Porque el trazo de la ejecución de las suertes -explica José Carlos Arévalo-, con capa y muleta, es belmontino, trianero, de forjador nocturno, pero su llegada al cite y su salida del toro es gallista, alada, aérea, incluso en los molinetes de remate, tan belmontinos”, y agrega: “Es increíble degustar el perfume de toreo gallista y el desgarro belmontino al mismo tiempo. Y en los nexos de unión, en los desplantes, en los remates toreados, unas veces surge el toreo vertical de adorno sevillano”.

La tauromaquia de José Tomás está fundamentada en un patetismo estético, en el que la verdad, la pureza, la quietud, expresados de forma dramática, se viven angustiosamente para desembocar en una catarsis.

En cambio, la tauromaquia de Morante, nos conduce por otro derrotero, en donde lo trágico se torna en una belleza diáfana, en donde el pellizco es esencia, el drama es juego, el duende fuente de inspiración, y el toreo una manera muy sevillana de entender la vida y el arte.  

En síntesis: José Tomás es el toreo eterno y Morante es el toreo etéreo.

Una advertencia: no nos podemos permitir, si nos consideramos aficionados, caer de nuevo en esa rabiosa competencia que no tuvo razón de ser que entablaron los seguidores de Belmonte y Gallito, por que cada uno, José Tomás y Morante, son únicos en lo suyo. Debemos saber reconocer que ambas tauromaquias, la tomasista y la morantista, provienen de un mismo tronco y que tienen dos arquitectos diferentes cuyo arte nos conmueve y ensimisma.

De los matadores que he visto torear, quiero añadir, me parece que José Tomás abreva de Manolo MartínezDavid Silveti, y Morante de Paco Camino. Dos expresiones del arte del toreo que tuve la inefable dicha de gozar y de andar por ambos senderos: el del aroma y el del dramatismo.

¿Qué más podemos pedirle a la vida al existir hoy dos toreros de época, como son Morante y José Tomás?: que algún empresario sensible los programe juntos más tardes en 2009.

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