El toro despitorrado
Martes, 09 Dic 2008 | Tlaxcala, Tlax.
Fuente: Carlos Pavón
El ganadero ve nacer un becerrito a mitad del campo y le coloca un arete para identificar perfectamente su procedencia materna. Más adelante, lo herrará para su correcta matrícula en los libros de la vacada. Durante el herradero se le vacuna.
Cuantas veces sea necesario, en caso de alguna enfermedad o herida, se le someterá al cajón de curas. En caso de ser hijo de una vaca de poca lactancia, se le reforzará con leche de establo. Cuando es ya un eral, se le tentará -a campo abierto o en el tentadero-, y después se le aplicarán desparasitantes.
En algunas ganaderías -al llegar a novillos- se le forrarán sus cuernos con pasta protectora, para evitar el maltrato de los mismos y protegerlos contra el hormiguillo (amogonamiento patológico). En fin, se le cuidará como a un hijo, porque el toro de lidia es un ser muy especial dentro de una ganadería.
Después de todo ese escrupuloso proceso, por fin... su destino es la plaza. Se abre la puerta de toriles y salta al ruedo, y si es un toro bravo es muy posible que remate en los burladeros cuando le llaman los banderilleros.
En ese momento, por torpeza o por mala fe, se estrella y la punta del cuerno se atora un momento (con toda la fuerza, peso e inercia del toro) tan sólo un instante en la madera del burladero. En fracciones de segundo, al levantar el toro la cabeza para tirar el derrote en las tablas, el pitón, a veces el cuerno entero, se desprenderá desde la cepa y quedará colgando de la cabeza (si quedó alguna parte sin desprenderse).
Por reglamento ese toro se considerará “inutilizado” para la lidia y su destino será únicamente el rastro, o bien posiblemente y también por reglamento, se lidiará en estas condiciones con la consiguiente reprobación del público. ¿Su valor? Tal vez 30,000, 40,000 o hasta 70,000 pesos pagados por el empresario, perdidos en un instante y lo peor, lo que casi nadie percibe y valora, el pesar tan grande del ganadero al ver reducido todo su esfuerzo en un animal cuyo destino será ahora… el abasto de carne. En 2006 en la feria de Tlaxcala, dos toros de Montecristo que correspondieron a Julián López “El Juli” (la misma tarde) despitorrados, y en la México (temporada 2007-2008) uno de Rancho Seco que correspondía al sevillano Antonio Barrera fue despitorrado junto a un burladero lateral.
Cuando la superficie del burladero está forrada de lámina, como es el caso ahora, de los burladeros de la Plaza México, el pitón del toro resbala generalmente hacia arriba. Por este motivo, no ha ocurrido últimamente -desde que mi memoria me ayuda- un desaguisado de estos.
En este espacio que se me permite, he de recomendar a propietarios de plazas, concesionarios, comisionados taurinos y a los legisladores de reglamentos, la implementación técnica de que he hecho experiencia reciente en un burladero de una plaza de pueblo. Sus características son las siguientes:
Lámina galvanizada del 24 (superficie total del burladero exterior).
Hule faldón (con lona entreverada) de 7 mm de grueso de la misma superficie.
El hule faldón se pegará totalmente con pegamento de contacto a la lámina, con pequeñísimo sobrante de hule, y se remachará en pocos puntos, apenas necesarios para su fijación. Los dos materiales unidos se atornillarán en ocho puntos al burladero (tornillos de cabeza redonda) con la lámina hacia el exterior.
Los bordes del burladero se forrarán con hule para escalón, lo que evitará el contacto humano con el perfil de la lámina.
Es deseable que el burladero haya sido fijado en el suelo con una leve inclinación del ruedo (abajo) hacia el callejón (parte alta) para que el derrote salga más fácilmente. Además, evitar el pintado de franjas blancas demasiado anchas en el contorno del burladero.
Para mayor protección, adicionalmente se recomienda colocar un montón de arena elevado en el centro del burladero, desvanecido hacia los lados, pues así el toro percibe un pequeño obstáculo y generalmente ayuda a deterner su inercia en el momento de alargar el cuello para tirar el derrote.
Este sistema podría contribuir a que los toros no se despitorren en los burladeros, y me parece importante ponerlo en práctica porque se deben evitar lesiones accidentales del toro que no sean inherentes al proceso natural de la lidia.
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La fuerza del toro
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