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Diego corta oreja en una noche especial       

El público se manifestó con júbilo ante los ataques antitaurinos

La de hoy en Monterrey fue una noche de ilusión taurina, pero también de enfado, de un ¡Ya basta! con este nuevo gobierno que, mientras el estado se cae a pedazos, se toma a la tauromaquia como cortina de humo para esconder la ineptitud ante tanta desgracia.


Hay sed en un estado con presas secas, y hay presos que dejaron seco al estado en manos de gente con cabeza hueca. Y es que vea: el regionalismo de los aficionados, que siempre claman por ver a un regio en el cartel, esta noche hizo tregua y sin hacer una gran entrada, sí ocupó más de media plaza para demostrar abiertamente que "Nuevo León es Taurino", como reza el eslogan.

Fue la primera ovación de la noche en cuanto apareció por el ruedo una manta desplegada con esta leyenda, en una tarde en la que Samuel García y su esposa Mariana Rodríguez, anunciaban horas antes el primer veto de su gobierno a un decreto en el que, se había declarado semanas antes, que las tradiciones, entre estas los toros, los gallos y la charrería, son Patrimonio Cultural Inmaterial en el estado.

Los más de seis mil aficionados que se dieron cita a la primera edición de la Corrida de Las Luces, fueron no tanto por el cartel de tres jóvenes debutantes, figuras en ciernes, sino a demostrar cuánto se quiere a la tauromaquia en nuestra región. Y es que tauromaquia es más que seis toros que mueren en una tarde peleando en el ruedo de una plaza. No se compara jamás tener en cautiverio "siete perros adoptados en casa y ser animaleros", como se definieron los personajes en cuestión.

Difícilmente las nuevas generaciones de cristal o de milenials entenderán este sentimiento tan grande como el que esta noche hizo posible que la religiosidad estuviera de manera presente en la plaza, representada por la imagen de la Virgen del Roble, la Patrona de Monterrey, para ser aclamada fervorosamente por el público en una solemne peregrinación en el ruedo.

¡Ya basta! y es momento que revisen las cifras de gente que vive por y para el toro en tantos renglones de la economía y presten atención mejor a los casos de desaparecidos, hombres y mujeres que son el comentario diario entre los habitantes, o también dar atención a la ineficiencia del transporte público para la gente que ocupa hasta de tres trasbordos para llegar a su trabajo o simplemente, para que en las oficinas de gobierno trabajen con transparencia.  

Ya dejen en paz a los toros que es también una forma de distracción pública para ese sector de gente que como el que esto escribe, lo tiene arraigado desde los abuelos.

¿De qué sirve que la soprano Loly Cepeda haya interpretado magistralmente el Ave María de Schubert, si ciertos milenials no tienen sensibilidad, ni cultura, ni conocen del arte, como el que también desplegaron la bailaora Amalia de León y el jinete ecuestre Dante Esparza previo a la ceremonia religiosa?

Al margen de las consideraciones aquí plasmada al calor del apasionamiento provocado por los ataques antitaurinos, esta noche fue de voluntades de los tres toreros debutantes en Monterrey, que se esforzaron ante el público regio en todo momento.

Héctor Gutiérrez fue el director de lidia. Después del vistoso saludo capotero al toro que abrió plaza, poca tela tuvo de cortar ante un ejemplar que punteaba la muleta y echaba la cara por arriba con peligro. El segundo de su lote tampoco le permitió conectar con el público, que se quedó con las ganas de verlo triunfar como ya sucedió en otras plazas de importancia, teles como Guadalajara y Aguascalientes. Ojalá que más adelante se le vuelva a programar.

Diego San Román corrió con mejor suerte y supo aprovechar desde que lanceó por verónicas y chicuelinas a un "Barba Clara", un toro repetidor en los engaños.

Luego de un aseado y artístico inicio con la franela, el queretano ejecutó muletazos por ambos pitones y terminó haciendo el toreo un tanto efectista, con una arriesgada serie por manoletinas de rodillas que, para los menos enterados, resultó digno del aplauso. A este ejemplar lo mató de estocada entera y consiguió el único trofeo de la noche, mientras que el de Golondrinas fue aplaudido en el arrastre.

El segundo de su lote también fue deslucido, pero había que hacer despertar a la plaza que padeció un calor bochornoso de casi 35 grados.

Miguel Aguilar tampoco se pudo acoplar ante su primero, además que el viento estuvo presente en el flamear de su muleta. Para colmo, "Bilbaíno" también punteaba el engaño con peligro.

Tras dos horas y media de festejo, "Iluminado" saltó al ruedo. Era el último del deslucido encierro de Golondrinas que esta vez no favoreció "la noche de las velas", pero Aguilar sacó de la chistera, como acto mágico, el Corrido de Monterrey y todo mundo se alegró en la plaza, que buena falta hacía.

El hidrocálido ejecutó entonces sí una faena variada y voluntariosa que se emborronó después de tres pinchazos y que lo privó de cortar la oreja que merecía.

Y así, mientras esperamos que la razón tome su cauce en donde debe ser, los aficionados ya esperan con ansías el segundo festejo del mini serial el próximo viernes en el que se anuncia otra corrida temática, la goyesca, en honor al genio español Francisco de Goya y Lucientes. Un poco de cultura tampoco hace daño a nadie.

Ficha
Monterrey, N.L.- Plaza "Monumental Monterrey". Primera Corrida de la temporada. "Corrida de Las Luces". Poco más de media entrada (unos 6 mil espectadores) en noche de calor bochornoso, con algunas ráfagas de viento. Toros de Golondrinas, desiguales en presentación y poco juego en general, de poco juego, salvo el 2o. que fue el más manejable. Destacó el 2o., que fue el más manejable. Pesos: 584, 526, 505, 535, 526 y 512 kilos. Héctor Gutiérrez (azul marino y oro): Palmas y palmas tras un aviso. Diego San Román (malva y oro): Oreja y silencio. Miguel Aguilar (blanco y oro): Silencio y palmas. Incidencias: Antes de la corrida se llevó a cabo una solemne procesión en honor a la Virgen del Roble, Patrona de Monterrey, en la que todos los actuantes participaron, bajo la luz de las velas. El celebrante fue el sacerdote Juan José Escamilla Gutiérrez, párroco de la Santísima Trinidad.






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