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Un grato reencuentro en "Cinco Villas"       

Arturo Macías, Curro Díaz y José Mauricio, cortaron una oreja

El ambiente que se vivió en "Cinco Villas" este domingo fue sumamente agradable, pues siempre resulta muy grato reencontrarnos con lo que tanto nos apasiona: el sentimiento del toreo, que va aparejado a esa inveterada costumbre de acudir a un evento donde la gente está unida por una hermandad, la del toro.

Y si a la misma hora en Las Ventas de Madrid el público disfrutaba una tarde especial, aquí, en Santiago Cuautlalpan, dos toreros españoles debutantes en este escenario sentían el cariño del público. Nos referimos a Curro Díaz y Román: un veterano y un joven, y de ambos salió hablando la gente por el contraste de sus personalidades y estilos.

Pero en este doble mano a mano México-España, los de casa, Arturo Macías y José Mauricio, no se dejaron ganar la pelea, y en todo momento se esforzaron por estar a la altura de un público entusiasta y sensible que también se afanó en corear sus respectivas intervenciones, y en medio de esta emoción colectiva discurrió una tarde interesante.

Los dos trasteos de mayor acabado fueron los que hicieron Macías al segundo y Curro al quinto, respectivamente, ya que fueron los mejores toros de un encierro de Montecristo bien presentado que se dejó torear, siendo esos dos ejemplares los más completos.

El hidrocálido se mostró decidido en todo momento, y luego de un buen quite por gaoneras toreó de muleta con temple y suavidad en tandas largas y sentidas que el público festejó en el tendido. Lo malo fue que no estuvo certero con la espada, lo que sí sucedió en el sexto, al que hizo una faena de entrega y valor, muy en la cuerda de sus inicios.

Y como a este toro lo fulminó de una buena estocada, de efectos rápidos, cortó una oreja y aunque la gente le pidió una segunda, el juez de mantuvo firme en su decisión. De cualquier manera, la voluntad de triunfo ya se había manifestado sin reserva, y le vuelta al ruedo fue el mejor bálsamo a su entrega.

Curro Díaz mostró su toreo de empaque y clase desde que se abrió de capote con el primero de la tarde, un toro noble, pero que se rajó demasiado pronto. Al quinto, fue tuvo mejor condición, lo dejó crudo para hacerle una faena estructurada, con muletazos recios y toreros, que dio sobre las rayas del tercio, y ligados en un palmo de terreno, pues el torero de Linares le dejaba siempre la muleta puesta en la cara y giraba en los talones para ligar los pases.

La media estocada con la que terminó su labor fue un digno colofón a este regreso a México luego de 14 años, cuando confirmó su alternativa en el coso de Insurgentes, meses antes, por cierto, de abrir la Puerta Grande de Madrid.

José Mauricio toreó con temple y calidad al sexto, un toro que fue muy noble y tuvo calidad, al que había que hacerle las cosas muy bien porque embestía despacio. Y aunque el torero capitalino no terminó de redondear su faena, en la que brilló su toreo con la mano derecha, mató de una certera estocada, ejecutada a un tiempo, y la gente le pidió la oreja, misma que paseó en la vuelta al ruedo con su habitual sonrisa en los labios.

Al tercero de la tarde, el único toro que presentó complicaciones, lo toreó con enjundia a sabiendas de que le podía levantar los pies del suelo, y ese gesto lo agradeció el público, que estuvo siempre atento y respetuoso a cuanto hicieron los toreros.

Román cayó de pie en "Cinco Villas" y dejó varios pasajes muy meritorios, sobre todo delante del cuarto toro, que tuvo un excelente comienzo y no acabó de redondear sus embestidas. Sin embargo, el valenciano le dio tiempo y se gustó en distintas series en la que acompañó el viaje del de Montecristo con temple y suavidad. De haber estado fino con la espada hubiese cortado un apéndice.

Su faena al octavo tuvo su importancia, pues el de Montecristo se defendía, y a pesar de esa condición adversa, Román le plantó cara decididamente. Con el público a su favor, le robó muletazos de valía en un trasteo en el que no se dejó nada por hacer, un hecho que le honra.

Cabe mencionar otro de los instantes estelares de la corrida: la brillante intervención en banderillas del atlético Fernando García hijo, que cuajó magníficos pares de banderillas que fueron ovacionados con fuerza por el público.

Este interesante festejo abrió boca de cara al siguiente fin de semana en que habrá más actividad en esta singular plaza, gracias a la desmedida afición de la empresa que dirigen Lucero Domínguez y Luis Marco Sirvent, los impulsores de la Fiesta Brava en las inmediaciones de la tierra de Silverio Pérez, el inolvidable Faraón de Texcoco.

Ficha
Santiago Cuautlalpan, Méx.- Plaza de toros "Cinco Villas". Primer festejo de la "Feria del vestido de luces". Lleno del aforo permitido (unas 750 personas), en tarde soleada y calurosa, con intermitentes ráfagas de viento. Toros de Montecristo, bien presentados, manejables en su conjunto, de los que destacaron 5o. y 7o., premiados ambos con arrastre lento por su calidad. Pesos: 525, 510, 470, 500, 470, 470, 490 y 475 kilos. Curro Díaz (azul noche y oro): Ovación y oreja. Arturo Macías (negro y oro): Vuelta tras aviso y oreja tras aviso, con petición. José Mauricio (negro y oro): Palmas tras aviso y oreja. Román (azul turquesa y oro): Ovación tras aviso y palmas. Incidencias: Sobresalió en banderillas Fernando García hijo, que saludó que clavó excelentes pares de banderillas y saludó sendas ovaciones, tanto en el 6o. cómo el 7o. La corrida tuvo una duración de 3 horas 35 minutos.






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