Hoy fue una de esas tardes donde quedó claro que para triunfar, no solo se necesita plantear con frialdad una faena para dar una lidia adecuada y resolver las complicaciones del astado que se tiene enfrente, sino que en ocasiones hay que ir más allá y tener un sentido de lo que la gente espera ver.
Sobre todo tomando en cuenta el porcentaje mayoritario de público que ocupa el tendido contra los aficionados más entendidos. Y no siempre esperan y/o valoran lo mismo unos y otros.
Hoy se fue con cuatro orejas en la espuerta José Arévalo, y yendo más allá de si fueron generosos los trofeos o no, siendo objetivos, así hubieran sido sólo dos las orejas –una en cada novillo-, lo cierto es que se trata de un triunfo de puerta grande. Honor a quien honor merece.
Y el triunfo lo mereció Arévalo porque efectivamente fue más allá. A su primero, el de juego más deslucido del encierro, lo recibió con tres largas cambiadas de hinojos, la primera a porta gayola.
Quitó con originalidad con el capote y clavó banderillas vendiendo las suertes, así hayan caído no siempre en la mejor colocación los palos. La virtud del novillero hispano fue estar bullidor ante un novillo soso y débil, es decir, poniendo lo que le faltaba de juego al novillo. Por supuesto la gente le respondió, y tras una estocada entera y desprendida, obligó sin mucho esfuerzo a que la autoridad soltara las dos orejas.
Claro, hubo de repetirse la presión de la gente -insistiendo, sin tanto esfuerzo- en el que cerró plaza, donde paseó José otras dos orejas tras una faena ‘volcánica’ ante un novillo que de salida buscaba los tobillos del torero, dificultad a la que respondió Arévalo con cabeza y alarde de facultades físicas.
En el último tercio, a pesar de que el novillo no tuvo un pase por el lado izquierdo, se pasó cerca los pitones -esto quizás inadvertido por el gran público- y nuevamente se ganó a la gente por su desparpajo, si cabe, y por darle a la gente espectáculo. Estocada entera y caída para otras dos orejas que paseó en la vuelta al ruedo, antes de la salida a hombros.
Con distinto peso y argumento Cristian Hernández también cortó una oreja en el primero de su lote, tras una faena medida e inteligente ante un novillo justo de fuerzas, que cortaba el viaje y tenía violencia en la embestida. Tras sobar las embestidas logró en la parte final de la faena series de buenos muletazos por ambos pitones, esto antes de dejar una estocada algo trasera y tendida que sirvió para que doblara el de Gonzalo Yturbe y que le fuera concedida la oreja.
En su segundo, un novillo deslucido, intentó darle su lidia aunque no logró hacer trascender la faena. Escuchó palmas.
Fernando Labastida estuvo firme con su primer novillo, que si bien no terminó de emplearse de salida, después en la muleta cuando se le hacían las cosas con firmeza de plantas y pulso, tuvo embestidas claras por ambos lados.
Tuvo un inicio dominador doblándose con él, aunque después la faena no terminaría de tomar altos vuelos, amén del viento que molestó. Un bajonazo y estocada tendida y contraria para escuchar palmas, mismo balance que en su segundo tras una faena sin terminar de conectar ante un novillo que no tuvo transmisión y fue menos claro.
El rejoneador Julián Viveros, que abrió plaza, tuvo una actuación de altibajos, ya que tras fallar repetidamente para dejar los rejones de castigo -no pudo dejar mas que uno, que finalmente cayó-, dejó después un par de banderillas al violín que le fueron coreadas.
Tras la actuación de los Forcados de Querétaro -que cumplieron aunque el novillo de Celia Barbabosa perdió las manos en el momento del encuentro desluciendo la pega-, echó pie a tierra y escuchó los tres avisos por sus fallas con la espada. Apuntar que en un par de ocasiones el sobresaliente Paulo Campero salió en su turno al quite y lució.