Ha habido cara y cruz, de un poco de todo: de toros, de faenas, de la actuación del juez, y ya lo verán por qué. Una corrida, esta la quinta de la feria de Pachuca, en la que ha resultado triunfador El Zotoluco, por dos trasteos distintos.
La monumental "Vicente Segura" registró una ligera mejor entrada, aunque no gran cosa, en una tarde fría que hacia el final caía ya una llovizna empapadora.
Cara y cruz de los toros: los hubo tres bien presentados y otros no tanto. Desiguales de tipo y en general bajos de bravura y fondo. El primero nunca humilló, el segundo destacó por ser el mejor, el cuarto tuvo su temperamento y el séptimo tuvo su emoción merced de sus complicaciones, pero, como los demás, se apagó. Otro detalle: ninguno abrió el hocico.
Zotoluco alcanzó momentos importantes en su primero, que nunca humilló pero que como cualidad fue que repitió con fijeza la embestida. El trasteo, realizado en los tercios, se basó básicamente por el pitón izquierdo, poniendo de acuerdo a la asistencia por la forma tan aseada con que condujo la acometida del animal que también no siempre fue fácil pues, apenas sentía el engaño, tiraba un derrote violento. Lo despachó de certera estocada.
Con su segundo, un animal que tenía motor pero también por momentos era incómodo, como que a veces salía haciendo hilo, comenzó pegándole pases por alto de rodillas. Su labor se desarrolló cerca de la zona de toriles y, a veces, dio la impresión de no haberle encontrado del todo la cuadratura al círculo.
El torero estuvo empeñoso ante un bicho violento, por ese punto de temperamento que tuvo. Lo mató de media estocada apenas tendida, resultando el segundo trofeo generoso.
Federico Pizarro reaparecía en este coso luego de no haber venido desde hacía unos cuatro años . Saludó a su primero con una larga de hinojos comprometida en tablas, y quitó con dos tafalleras y revolera que le aplaudieron.
Con la muleta, ante el mejor toro, con sus asegunes, le faltó estructura y temple. Si bien por momentos había rachas de aire que impedían llevar firme la muleta, al torero le faltó templar de la misma manera la acometida de la res, en una labor que desarrolló en tres puntos del ruedo. Señaló un pinchazo y estocada caída, y aquí el juez ha estado acertado en no conceder el trofeo.
A su segundo también lo toreó variado con el percal, en los lances de recibo y en un quite por saltilleras que le celebraron. De muleta, más asentado que con su primero, estuvo voluntarioso y con cabeza, ante un animal que parecía rompería y, por el contrario, se apagó. No anduvo fino con el acero.
Regaló un séptimo, que tenía hechuras como de toro antiguo, al que le pegó chicuelinas en los medios que entusiasmaron. Inició en los tercios con un cambiado por la espalda y la res, que no era franca del todo y probaba, con cierta emoción aunque luego se apagara, tuvieron mérito los pases que le pegó por las complicaciones que presentó. Lo mató con contundencia de estocada en lo alto.
Arturo Macías enfrentó el toro más malo, que lo saludó con una larga de rodillas. La res manseó en varas recibiendo apenas un refilonacito, y así, el torero, decidió que se quedara crudo por lo que pegaba tremendos arreones. Ante las circunstancias de la falta de fijeza del animal, optó por el toreo de efecto, ya sabemos, con el público. Falló con el acero y a punto estuvo de írsele vivo el animal.
Con el sexto, el menos en edad y presentación, y deslucido, estuvo bien con el capote en los lances de recibo y en quites, y con disposición en la muleta con un toro que tuvo media embestida y salía con la cara arriba, los muletazos que ejecutó hicieron que tuvieran cierto eco en el tendido. Hubo los de rodillas por alto, y tras dos pinchazos, el juez, generosamente, soltó una oreja.
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