Lupita López ejecutó la que puede ser considerada como la mejor estocada de la Temporada Chica, y fue así como le tumbó una solitaria oreja al cuarto ejemplar de Pepe Garfias, en un festejo pasado por agua en el que la sevillana Vanessa Montoya sacó la casta, se sobrepuso a una fuerte voltereta, y dejó escapar un apéndice del sexto debido a sus reiterados fallos a espadas.
El primer mano a mano femenil en la historia de la Plaza México tuvo matices interesantes, y otros de tedio provocados por la falta de raza del encierro, que sólo recordó la gran clase de esta casa ganadera con el excelente pitón derecho del que abrió plaza.
Pero aquella circunstancia adversa no fue impedimento para que las toreras demostraran su afán de triunfo, y aunque no se suscitó una rivalidad directa, cada una salió a dejar su huella.
En este sentido, es preciso apuntar que Lupita está en el ánimo de la gente. La yucateca tiene carisma y el público que había en los tendidos –muy poco, por cierto– le celebra casi hasta los andares cuando se coloca en el tercio de banderillas.
Este favoritismo no estuvo exento de pasajes de buen toreo, y si es cierto que su técnica no contiene un sólido sustento, su lánguida expresión le llega mucho al público, sobre todo cuando se acomoda y torea sabroso, despacio, con la mano derecha.
Así le dio varios redondos al noble ejemplar que abrió plaza, que fue el más potable del encierro, en medio de la algarabía de este sensacional público que sabe aquilatar cualquier cosa que se haga con templanza.
Si con este novillo Lupita no estuvo acertada a la hora de matar, al cuarto le recetó una estocada deletreada, en la que se fue derecho tras de la espada y ejecutó la suerte con una pureza extraordinaria. El novillo salió muerto de aquella mano femenina y rodó patas arriba en cuestión de segundos.
La gente pidió el trofeo con fuerza y el juez de plaza, Roberto Andrade, que reaparecía en el palco de la autoridad, la concedió.
Lupita recorrió el redondel con su amplia sonrisa en los labios, satisfecha de este avance tan significativo que repitió con el quinto, al que tumbó de otra estocada buena (media en lo alto), que también provocó una petición de oreja que no fue concedida, pues la faena no había tenido eco alguno.
Ojalá que Lupita se acerque a gente capaz, que le enseñe la técnica del toreo y los secretos fundamentales para que pueda desarrollar este sentimiento tan mexicano, y tan torero, que lleva en su sangre de origen maya.
No puedo dejar pasar por alto su buen concepto capotero, pues al segundo de su lote lo sujetó con mucho empaque, flexionando la pierna de la salida en un par de lances que antecedieron unas enjundiosas verónicas.
Vanessa sintió la presión de estar fuera de casa, y no se arredró en ningún momento. Ni siquiera después de la fea voltereta que le dio el cuarto, un novillo que desarrolló peligro sordo y con el que la sobrina de Aurelio García Montoya estuvo más que enterada y resolvió la papeleta.
Su labor con el segundo novillo del encierro no pasó de esforzada, pues el de Pepe Garfias fue muy deslucido desde que apareció en la arena. Pero al sexto, tableado y chico, la gitanita lo toreó con un acusado sentido de las distancias, y le tapó la cara con entendimiento de la embestida para darle varios redondos que calentaron el frió ambiente que había dejado la llovizna.
Así le enjaretó series con arrojo y sello, con la gente a su favor y la demostración de esa lucha tan personal que la trajo, hace más de ocho meses, a tierras mexicanas.
El novillo terminó soseando y con la cara alta, hecho que no contribuyó a obligarlo a humillar en la suerte suprema. Y lo que pudo ser el corte de un apéndice, que hubiese emparejado el resultado final del festejo, se quedó en una ovación recogida en el tercio, pues Vanessa pasó fatigas para matar ya que no termina de verlo claro con la espada.
Decimoprimera novillada de la Temporada Chica. Unas 2 mil personas en tarde lluviosa durante la lidia de 3o. y 4o. ejemplares. 6 Novillos de Pepe Garfias, justos de presentación, de escaso juego en su conjunto. Pesos: 380, 401, 405, 381, 385 y 403 kilos. Lupita López (azul rey y oro): Ovación tras aviso, oreja y vuelta tras petición. Vanessa Montoya (marfil y azabache): Leves pitos, silencio tras aviso y ovación tras aviso.