No cabe duda que Juan Pablo Llaguno atesora desde ya una clase reservada a elegidos. Ha sido interesante la manera en que se le ha llevado, e ilusión existe entre quienes le han visto desde sus primeras actuaciones en público. Es impresionante que estas alturas de su incipiente carrera en los ruedos ya haya dado de qué hablar. Y ojo que también viene su hermano Pedrito.
El eral, marcado con el numero 60 y de nombre "Pepón", le permitió al hijo del matador Llaguno gustarse desde el capote alternando verónicas y chicuelinas. Con tino se le señeló únicamente el puyazo y pasó a la muleta con una banderilla en lo alto del morrillo, lo que permitió una faena larga donde Juan Pablo disfrutó toreando por ambos pitones, destacando los remates a las series con el pase del desdén volteando al tendido.
Se llevó un achuchón del cual se levantó sin mirarse la ropa para rematar la faena con derechazos a pies juntos. Algarabía en el tendido y la Autoridad sacó un pañuelo verde, entendiéndose con ello que el eral regresaba a los corrales y para el becerrista queretano la concesión de los máximos trofeos simbólicos. Vuelta el ruedo al lado del nieto del matador Gabino Aguilar, en una faena que por cierto brindó a Manolo Mejía, presente en el callejón.
Antes, en la novillada, El Canelo fue quien estuvo más cerca de tocar pelo en el tercero de la noche, el de más movilidad aunque con los inconvenientes de terminar los viajes con la cara a media altura y faltándole un punto de transmisión.
El Canelo lo intentó, aprovechando sobre todo una serie por el lado izquierdo que el novillo tomó con un poco más de recorrido, y poniendo todo de su parte para llegar al tendido. Tardó en doblar el novillo tras una estocada contraria y ligeramente desprendida y dio vuelta al ruedo.
En su primero, que soltaba un derrote violento al terminar el viaje, estuvo tesonero y fue silenciado.
Santiago Fausto se llevó en el sorteo dos novillos que le pusieron cuesta arriba la noche, los dos fueron complicados en distintas vertientes. Su primero, tras cuya lidia saludó en el tercio, resultó débil y deslucido, mientras que su segundo resultó prácticamente un manso perdido.
Fue aplaudida su labor en éste, aunque también escuchó algunos pitos por el bajonazo con que lo despachó, dicho sea de paso, después de que el de El Batán se pusiera muy complicado para entrarle a matar en la suerte suprema.