Es bien sabido que, cuando un torero gitano se encuentra con un astado colaborador, la magia se hace presente en el ruedo, y eso es precisamente lo que ocurrió esta tarde en la Plaza México, pues el arte de Vanessa Montoya se fundió con la clase de ”Brillante”, de Salvador Rojas, y los duendes se hicieron presentes.
Tan intensa e importante fue la faena de esta joven torera con el sexto del festejo que, de no haber pinchado, se hubiera llevado cuando menos las dos orejas, y por qué no decirlo, incluso hubiera podido haber petición de rabo.
Con la capa no se acomodó, pero dejó una media de pintura que ahí quedó. Su faena la inició con la diestra, pero de inmediato se percató que el noble novillo de Salvador Rojas iba mejor por el lado izquierdo, por lo que se dio a correr la mano templadamente, reponiendo bien el terreno y esperando a que el burel repitiera, pues tenía poca fuerza.
Los trazos naturales fueron interminables, siempre templados y con mucho sentimiento, como toda la faena. Cuando se cambió la muleta de mano, el novillo ya había explotado e iba a más, por lo que pudo instrumentar series con la derecha de bellísima factura, muletazos larguísimos y algunos de ellos que duraron una eternidad, siempre recreándose en la suerte y jaleándose al terminar las tandas.
Un sector de público comenzaba a pedir el indulto cuando Vanessa volvió a torear con la izquierda y la cuestión se encendió aún más, sobre todo cuando el astado se frenó a la mitad del viaje, pero la torera se quedó quieta y, aguantándole, le extrajo ese muletazo, haciendo que el público se parara como impulsado por un resorte.
Vanessa terminó con algunos detalles muy gitanos, como un lento cambio de mano y el de trinchera muy a la antigua. La autoridad atinadamente no concedió el indulto, pues a este gran novillo le faltó fuerza y una pizca de bravura, pero a cambio se le dio la vuelta al ruedo a sus restos, mientras Vanessa, que perdió el triunfo, recorrió el anillo en compañía del ganadero.
Su primero, de La Muralla, tenía calidad, pero había que esperarlo mucho e irlo sobando. Montoya supo ser paciente y, hacia la parte final de su faena, cuajó tres estupendas tandas por derecha. Lástima que se puso muy pesada con el acero, incluso hasta escuchar dos avisos, pues pudo haber paseado una oreja.
Apenas fue su segunda novillada en La México, pero podemos decir que Lupita López es ya una consentida del público capitalino, pues en todo momento la estuvo animando y motivando, y vaya que tuvo una buena tarde.
Un tremendo susto ocurrió cuando, al rematar con una media verónica en su segundo, el novillo de Salvador Rojas la prendió de fea forma. Afortunadamente la Divina Providencia intervino y todo quedó en el golpe, por lo que Lupita continuó en la lidia e instrumentó una faena muy alegre, templando bien por ambos lados y aprovechando la nobleza de su enemigo. Lástima que pinchó, pero dio la vuelta al ruedo.
Con su primero toreó bien en dos verónicas y un bello remate soltando una punta del capote. Los mejores momentos de su faena fueron al natural, trazos largos pero sin forzar al de La Muralla. Se eternizó a la hora de matar y escuchó dos avisos.
La labor de Elizabeth Moreno con el primero de su lote fue muy complicada, pues entre el viento que se soltó y el sentido que desarrolló el de La Muralla, resultó imposible el lucimiento.
Su segundo se dejó más, tenía calidad, y la novillera consiguió algunos buenos muletazos, pero careció de recursos suficientes para estructurar su trasteo y todo quedó en unos cuantos detalles.
Décima novillada en la Plaza México. Unas 7 mil personas en tarde que empezó soleada y terminó lluviosa, con algunas ráfagas de viento. 3 novillos de La Muralla, bien presentados y variados de juego. 3 de Salvador Rojas, bien presentados y buenos, sobresaliendo el sexto, que mereció la vuelta al ruedo. Pesos: 416, 438, 392, 401, 392 y 382 kilos. Elizabeth Moreno (grana y oro): Silencio tras aviso y palmas tras aviso. Lupita López (azul rey y oro): Palmas tras dos avisos y vuelta protestada tras aviso. Vanessa Montoya (marfil y oro): Ovación tras dos avisos y vuelta. Al final del festejo, Vanessa Montoya dio la vuelta al ruedo con el ganadero Salvador Rojas.