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Aunque hubo mata, no se dio la patata (video)

Domingo, 23 Ago 2009    México, D.F.    Jorge Raúl Nacif           
Ernesto destacó

El director de la Facultad de Comunicación en la que cursé mis estudios solía decirnos, para animarnos en los momentos difíciles: “Donde no hay mata, no hay patata”, y es verdad, pero lo triste es que habiendo mata, y de buenas características, no se produzca la patata esperada.

Y es que los novillos de Sergio Rojas, lidiados esta tarde en la quinta novillada de la temporada en la Plaza México en lo que fue la reapertura del coso capitalino, tuvieron calidad en términos generales, pero todos se fueron con la orejas al destazadero tras no ser aprovechados por unos alternantes que dejaron ir una excelente oportunidad.

El mejor librado fue el primer espada, Ernesto Sánchez, que con el que abrió plaza logró un par de sabrosas tandas con la mano derecha, embarcando bien las embestidas del novillo y templándolo adecuadamente. Cuando se mascaba algo importante, tanto por el recorrido del astado como por lo bien que estaba entendiéndolo el muchacho, la faena vino a menos ya que Ernesto no logró redondear, debido quizá a su escaso rodaje.

Aún así, por los buenos pasajes que dejó y la intensidad que le puso a su labor, Sánchez pudo pasear una oreja de haber acertado con el acero en la primera oportunidad, quedando el premio sólo en aplausos cuando dobló el de Sergio Rojas, burel que bien hubiera sido mecedor de un arrastre lento.

La lidia de su segundo pareció una calca de lo sucedido con el primero de su lote: inició corriendo bien la mano pero luego la faena vino a menos, en ésta ocasión porque el novillo comenzó a refugiarse en tablas y a regatear las embestidas, pese a su nobleza.

Ernesto consiguió algunos muletazos de mérito, e incluso cerca estuvo de llevarse un percance, pues resbaló delante de la cara del novillo y quedó a su merced; la nobleza del astado, que jamás hizo por él, y la oportuna intervención de los subalternos, impidió el susto.

Tras fallar en la suerte suprema, terminó su labor de una estocada muy baja que no le gustó al público, quien lo despidió con abucheos, más por la mala colocación del acero que por su faena en sí, pues hubo buenos momentos.

José Antonio Guerra es un muchacho que sabe llegarle al público con su toreo, pero necesita adquirir mayor sitio y concentrase para fijar las zapatillas, lo que sólo se consigue toreando y toreando. Su primero fue un castaño que tuvo gran calidad en sus embestidas, siendo aprovechado por momentos y, en otros, desperdiciado por un Guerra que no logró tomarle la distancia justa.

Su segundo tuvo un comportamiento incierto: de salida brincó al callejón buscando salida y mansurroneó, pero empujó con los riñones en el peto y terminó por romper en el tercer tercio. Guerra emocionó a la afición con su primera tanda de derechazos, todos ellos ligados y con temple, pero luego terminó por nublarse, anduvo sobre piernas y dejó pasar una buena opción para triunfar y, sobre todo, para que las empresas de provincia volteen a verlo, pues en lo dicho, tiene potencial pero necesita torear.

Pepín Vega tuvo una actuación desconcertante. Si bien es cierto que su primero fue el lunar del encierro, no tuvo recursos para resolver la papeleta y pasó fatigas, siendo incluso empitonado por el glúteo izquierdo, afortunadamente sin consecuencias.

Con el sexto de la tarde, un novillo que sin ser extraordinario se dejaba meter mano, Pepín pegó pases destemplados y sin mayor transmisión hacia el tendido, salvo algunos detalles, saliéndose de la suerte antes de que el burel completara el recorrido. Se eternizó a al hora de oficiar con el acero y, tras un aviso, la afición lo despidió con pitos.

Al final del festejo la hija del ganadero, Paulina Rojas, fue izada en hombros, ante los gritos de “¡ganadera, ganadera!" Quizá fue exagerada la salida en volandas, pero el público sentía que los novillos merecían mejor suerte y que, aunque hubo mata, no se dio patata.


 

Ficha
México, D.F.- Plaza México. Quinta novillada de la Temporada Chica. Unas dos mil personas en tarde soleada, con intermitentes ráfagas de viento. 6 Novillos de Sergio Rojas, justos de presentación, buenos en general, de los que sobresalieron 1o. y 2o, siendo todos aplaudidos en el arrastre. Pesos: 410, 386, 385, 400, 449 y 392 kilos. Ernesto Sánchez (azul rey y oro): Palmas y pitos. José Antonio Guerra (verde esmeralda y oro): División y pitos. Pepín Vega (azul marino y oro): Pitos y pitos tras aviso. Al finalizar el festejo, la hija del ganadero fue izada en hombros. Eduardo Navarro salió al tercio por un estupendo par de banderillas en el quinto.


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