El Norte nos ofrece un estrujante recuerdo de Valente Arrellano, a través de las palabras sentidas y sinceras de sus comtemporáneos y familiares, que convivieron de cerca con uno de los novilleros más importantes de la historia de la tauromaquia en México.
Manolo Mejía: Su alternante
Indudablemente que los primeros años de la década de los 80s será recordada por el surgimiento de varios novilleros, de los que destacaron fundamentalmente tres: Ernesto Belmont, Manolo Mejía y Valente Arellano.Los tres, alternando juntos, dieron un giro y frescura a la Fiesta e hicieron recordar a los "aficionados de antes", aquellos importantes novilleros de otras épocas.
Manolo Mejía, quien ha logrado figurar en el medio a través del tiempo, reconoce que Valente fue un torero que marcó una época.
"Son de los toreros que marcan época, a pesar de su corta carrera marcó una época y a la Fiesta, con su presencia y también con su ausencia", dijo.
"Con el tiempo gracias al apoyo del Doctor Gaona, que nos dio la oportunidad de alternar juntos en la Plaza México, pudimos reafirmar una rivalidad que se había dado en provincia con un torero que fue todo entrega, todo pundonor y todo carisma. Valente era un novillero diferente, sobresaliente y un torero muy incomodo en el ruedo", recuerda Mejía.
El torero capitalino dice que aquella mañana del 4 de agosto de 1984, después de no poder conciliar el sueño debido a una enfermedad, le pasó algo extraño.
"Me pasó algo muy curioso y poca gente lo sabe, yo dormí un poco tarde porque estaba enfermo, cuando pude dormir, por ahí de la una de la mañana soñé con él, soñé que toreábamos, yo lo veía, fue más o menos a la hora que fue su accidente y al día siguiente no recuerdo quien me dijo que había tenido un accidente y que prácticamente lo había matado".
Eloy: Su padrino
De Valente Arellano, el que con el tiempo sería su padrino de alternativa, Eloy Cavazos, sólo guarda buenos recuerdos.
"Valente fue una estrella muy bonita, una estrella fugaz, una estrella muy grande que yo creo que pudo haber sido todavía más grande pero que se apagó muy pronto", dijo el diestro guadalupense al recordar en su 25 aniversario luctuoso al lagunero.
Cuando se conocieron, Valente tendría unos 10 años y su hermana Salma, ocho. Y eran tan inteligentes que lograban colarse hasta las habitaciones de los toreros sólo para platicar con ellos.
"Recuerdo una Feria de Aguascalientes, oí unos toquidos en mi cuarto y fui y abrí la puerta... eran un par de niños, Valente y Salmita, venían a desearme suerte, a preguntarme de qué color era el traje que iba a sacar o que si estaba nervioso. Me causaba mucha admiración porque eran criaturitas entre los 8 y 10 años, que andaban por todo el hotel, con los toreros y haciéndoles preguntas a los ganaderos, ¡eran niños impresionantes!", recuerda el matador.
"Pasó el tiempo y supe que Valente ya andaba de novillero y empecé a seguir sus pasos y fue algo extraordinario lo que hizo este muchacho. Tenía un ingenio hermoso, improvisaba en la cara de los novillos, quites, pases, hacia de todo, le gustaba banderillear, tenía un carisma y una sonrisa que era algo sorprendente de los novilleros mexicanos que logró llenar la Plaza México y traía un revuelo impresionante", explica Eloy.
"Creció tanto como novillero que la alternativa en Monterrey se le dio con una gran categoría, con una corrida del licenciado Bailleres, de Mimiahuáam, de testigo Miguel Espinos "Amillita"y como padrino un servidor", dijo.
Con Valente, ya como matador de toros, llegó alternar en dos ocasiones, en Tijuana y Ciudad Juárez.
"Y luego lo triste: un día me habla su padre, mi querido compadre don Valente y me dice: 'Eloy, se acaba de matar mi hijo'. En realidad sentí mucho coraje de la manera cómo se había muerto", comentó.
"Después de torear en Tijuana se pasó a San Diego y el dinero que había ganado en la corrida se compró una motocicleta y se vino desde San Diego, California, hasta Torreón en la moto. Imagínense esa ntura, qué hombre, qué muchacho, con 18 años venirse en esa motocicleta desde allá y un día morirse de esa manera, de la manera mas absurda… ahorita Valente tendría 42-45 años, ya tuviera mil corridas y sería muy útil para la fiesta de los toros, porque era un torero que iba a ser muy importante para la Fiesta", reconoce su padrino.
Salma Arellano: Su hermana
Los recuerdos de Valente están por todas partes en la vida de Salma, su hermana, quien habita la casa en la que juntos crecieron desde niños. Es una casa amplia y remodelada con el tiempo, en la Calle Yucatán, de la Colonia Las Rosas, en Gómez Palacio, Durango, la que todos los vecinos del sector aún siguen conociendo como "la Casa de Valente".
Ahí sigue el jardín donde Salma ayudaba a su hermano en su entrenamiento de salón, con la carretilla. En la sala, una pintura de Reveles recuerda el cite para un péndulo de Arellano, mientras que en un pasillo una fotografía de un farol de rodillas y el rostro en primer plano del torero adornan la casa.
"Era un sol, Valente, impresionante, alumbraba todo donde estuviera, ese carisma, era muy simpático", recuerda su hermana. "Esta es la casa donde nosotros crecimos y vivimos toda la vida... el ultimo día que salió, salió de aquí y ya no regresó", narra, mientras sus grandes ojos negros se cristalizan de lágrimas.
"Al principio cuando decía que quería ser torero, se reían mucho de él, se burlaban mucho y le dijeron de todo. Cuando empezaba de novillero se iba a las plazas más perdidas del país y como no salía en ningún lado publicado, se seguían burlando de él: 'es a lo que llegaste', le decían. Y claro que cuando llegó a ser conocido le salían amigos hasta por debajo de las piedras y todo el mundo decían que eran sus conocidos. Tuvo sus entrañables amigos, pero La Laguna es difícil en ese sentido, ya despues cuando regresó de la Plaza México triunfante, se le rindieron de verdad", recuerda Salma.
Los hermanos Arellano Salúm vivieron siempre rodeados del cariño que les profesaban sus padres, tíos, primos y abuelos.
"Como hermano era una chulada, era mayor que yo y nos peleábamos mucho. Despues ya cuando nos fuimos uniendo muy extraño fue en la distancia, él estaba cada vez menos en la casa, estaba mucho en la Ciudad de México, pero esa lejanía fue lo que más nos logró unir", explicó.
El último día de Valente en su casa estaba muy contento ya que esa noche sería el acompañante de su hermana en la inauguración de la Feria, donde Salma sería la Embajadora del DIF.
"Él me iba acompañar, yo no tenía con quien ir a la inauguración e incluso él tenía listo su smoking, pero al final cambiamos los planes, lo invitaron unos amigos a la disco y fue entonces que un amigo nuestro me acompañó.
"Cuando llegaron por mi, a este amigo le dijo: 'te la encargo mucho" y cuando me despedí de él me dijo: 'que te vaya muy bien hermana'... fue la última ocasión que hablamos", contó.
A su regreso de la feria, no habían pasado ni cinco minutos cuando tocaron al timbre de su casa, eran unos amigos para avisarle que Valente había tenido un accidente:
"Hablé con mi papá, ya eran tantos golpes, tantos accidentes que había tenido que pensamos que era una más, pero recuerdo que mi papa me dijo: 'si quieres verlo vivo, ven'."
"Cuando nos dieron la noticia de su muerte, sientes que el mundo se abre, se hace un hoyo, sientes que te caes y que es muy difícil recuperarte... es la noticia más espantosa que he recibido.", dijo.
Valente Arellano: Su papá
El ingeniero Valente Arellano sabía que su hijo, del mismo nombre, difícilmente seguiría sus pasos como estudiante y profesionista de algún colegio o Universidad.
"Como estudiante era muy malo, no estudiaba, no quiero decir que fuera tonto sino que no le interesaba", dice el papá del diestro lagunero, "tenia una afición desmedida por los toros y no pensaba en otra cosa que no fuera eso, leia mucho sobre toros y vio muchos videos sobre toreros antiguos", contó.
Y a pesar de que don Valente le había puesto como condición darle el permiso de debutar como novillero cuando hubiera terminado su Preparatoria, Valente hijo avanzó tan rápido en la fiesta que cuando menos lo pensó ya se había "recibido" como matador de toros.
"Las cosas se vinieron tan rápidamente que un día le dijo en una entrevista a Jacobo Zabludovsky: 'mi papá no quería que fuera torero hasta que acabara la Prepa, ya casi acabo de novillero y la Prepa... ¡quien sabe hasta cuando!".
Relata el ingeniero Arellano que siempre pensó que su hijo sería torero:
"De chiquillo, Valente nunca me dijo que quería ser policía o bombero u otra cosa, siempre quiso ser matador de toros de toda la vida y cuando hablamos en serio me dijo así nada más, que quería ser torero".
Desde entonces han pasado más de 28 años de que Valente Arellano Salúm debutó como novillero y 25 de que tomó la alternativa como matador de toros en Monterrey.
Hoy, 4 de agosto de 2009, se recuerda la trágica muerte de aquel joven lagunero que con su carisma, valentía, arrojo y vocación, llenó toda una epoca del toreo que aún en la distancia se sigue añorando.
Sólo recuerdos e infinidad de anécdotas guarda "el Ingeniero", como le dice la gente del toro al papá de Valente:
"Eloy (Cavazos) fue la persona que más influyó sobre él taurinamente. No sé si sobre su estilo, porque Valente era muy diferente a mucha gente, la gente decía que Valente no sabía torear, lo que pasa es que no toreaba ni como Eloy, ni como Manolo (Martínez), toreaba como él".
"Aprendió mucho de la técnica taurina por Manolo Espinosa y de Eloy Cavazos lo que le impactaba era eso, que era la figura, el que llenaba las plazas, el carismático y mucho de lo que es Eloy se reflejó en Valente", afirma.
"El maestro (Pepe) Alameda me dijo: "tu hijo podría haber sido muchas cosas, pero lo que sí fue, fue uno de los mejores banderilleros del mundo de todas las épocas y me lo comparaba con Gallito, con Gaona y me dijo era mejor que cualquiera", agrega.
"Valente tuvo carácter. Los muchachos de ahora se han hecho demasiado cómodos, ya no ves a muchachos que vayan de raid a las ganaderías, ahora si no los llevas en una camioneta, con clima y celulares en mano, no van. Yo quisiera impulsarles ese espíritu de lucha, ese tanto batallar que le impulsamos a Valente. Podría haberle comprado 50 toros a Valente para que se enseñara a torear, pero nunca le hubiera dado el carácter que significa". dijo el padre.
El 4 de agosto a las 17:00 horas estaba anunciado un festival taurino en un Cortijo donde actuarían el maestro Alfonso Ramírez "Calesero", el ingeniero Valente Arellano, su hijo Valente y el apoderado de este, Adolfo Guzmán. Ese mismo día y a la misma hora se efectuaban los funerales de Arellano hijo, quien la noche anterior había perdido la vida en un accidente de motocicleta.
"Mucha gente me pregunta cómo he hecho para superar esto. Una persona me habló un día y me dijo: 'mire le van a decir que con el tiempo se le va olvidar y que con el tiempo se le va ir cerrando la herida y no es cierto, todos los días se va acordar de su hijo, y todos los días le va a doler mucho, así que más vale que se vaya acostumbrando a vivir con esto'. Y tuvo mucha razón, al domingo siguiente me fui a los toros. Es cierto, todos los días me acuerdo y de que me duele, sí me duele, pero también estoy muy agradecido con Dios porque lo veo del lado optimista: Dios pudo no haberme dado hijos y mira, ¡qué par de hijos me dio Dios!, lo que si le reclamo es que me lo dejó tan poquito tiempo", concluyó.
Doctor Siller: Su médico
La ciencia médica ha avanzado al grado tal que hoy se puede definir con métodos y aparatos sofisticados el lugar exacto de una lesión interna, lográndose en muchas ocasiones salvar la vida de los pacientes. 1984, no había aún aparatos de ultrasonido ni tomografías que ayudaran a explorar el cuerpo de Valente Arellano, quien llegó con un severo sangrado interno y que al final causó su muerte.
"El mismo momento en que llegó yo no lo vi, a mi me hablaron después de un tiempo de que estaba en el departamento de Rayos X, pero el paciente estaba consciente, completamente consciente, no se quejaba de ningún dolor, pero se quejaba de que algo no andaba bien, de qué estaba pasando ya que él sentía que se le estaba yendo la vida", expresó.
Relata que cuando se pasó al quirófano se le hizo una laparotomía, pero ya no se le pudo sacar adelante porque tuvo un paro cardiaco, incluso antes de iniciar la cirugía y no fue posible hacer nada.