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Macías: mismo carácter, menos revoluciones
Viernes, 13 Mar 2009 | México, D.F.
Fuente: Juan Antonio de Labra
  
Arturo Macías madura como torero, y prueba de ello fueron los buenos momentos que cuajó en la Temporada Grande, cuando demostró que sigue siendo un torero de gran valor y carácter, que ahora ha reducido el número de revoluciones de su desenfrenado "motor" de años pasados.

Y en el papel fue uno de los toreros mexicanos que mejor se contrató, pues vino a dos tardes clave de la Temporada Grande: el 18 de enero, a lado de José Tomás, y el 8 de marzo, con Enrique Ponce. No era para menos, pues le avalaban cuatro puertas grandes al hilo, un palmarés que, en esta plaza, siempre debe servirle para ese cometido.

En la primera corrida Arturo aceleró de manera más pausada, pero igualmente decidida, pues en su fuero interno es un constante luchador; un hombre que sabe perfectamente dónde están sus fortalezas y que, gracias a su madurez, ahora comienza a comprender también cuáles son sus debilidades, en aras de mejorar.

En este sentido, cabe señalar que la tarde del 18 de enero toreó muy bien, asentado y con temple, dejando de lado esos frenéticos arrebatos de tardes anteriores, y concentrándose en hacer las cosas con mayor serenidad.

Aquella tarde lo traicionó la espada, pues debió cortar tres orejas -y no sólo una- a los toros de Teófilo Gómez. Sin embargo, la solidez de su actuación, su carisma natural, y el emepeño que nunca escatima, le granjearon el cariño de un público que se le entregó sin reserva tal y como él mismo sale a la plaza todas las tardes: a entregarse.

Y así reapareció el 8 de marzo en otro cartel rematado, con Ponce y Joselito Adame, que venía a confirmar su alternativa. En esta nueva comparecencia, Macías volvió a rayar a gran altura con un gran toro de San José, e independientemente de si merecía o no el rabo que le concedieron, que al final fue muy protestado, dejó muestras de que sí es capaz de torear muy bien, con temple y asentamiento.

Así cuajó muletazos de gran trazo y sentimiento, sin dejar nunca de lado ese arrojo que consitituye el chispazo de sello que sólo debe servir para aderezar el toreo fundamental, ese que le puede colocar todavía en lugares más altos, pues a todas luces se vislumbra que será la figura juvenil que tanto espera la afición mexicana. Ese es el camino. Y él lo sabe.
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Afina el "motor"

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