En la novillada de apertura del Certamen Novilleril "Descubriendo un Torero", en Zacatecas, el triunfador fue el novillero hidrocálido Jorge Didier al cortar la única oreja del festejo, en tarde con diversos matices en los que sobresalió la clase y verdad que posee el novillero Antonio Mendoza, quien simplemente cautivó con una faena de gran valía.
Una lástima que la espada ésta vez no haya sido la aliada y se haya perdido la posibilidad de cortar una oreja. Mario de Loera y Joel Delgado "El Panita" vivieron la otra cara de la moneda, pues sus respectivos novillos se fueron vivos a los corrales.
Poca fue la respuesta de la afición a este festejo que desde horas antes de su inicio estuvo amenazado por el agua, factor que pudo contribuir a la poca asistencia en los tendidos del coso de cantera; no fue, hasta el inicio de la lidia del segundo novillo cuando la tormenta cayó, y antes de que saliera el tercer novillo, los novilleros, y autoridades, revisaron las condiciones del ruedo para determinar si se proseguía o no con el festejo.
La afición estoica se quedó a pesar de lo fuerte de la lluvia, por lo que los novilleros determinaron continuar con el festejo, dejando pasar unos minutos para que disminuyera la precipitación.
Ya en lo concerniente al festejo mencionar que la tarde abrió con la lidia de "Bienvenido", de la ganadería de Rancho Seco, y correspondió en turno al novillero hidrocálido Jorge Didier, quien se abrió de capa para pegar dos faroles de rodillas y después lancear por verónicas. Dos puyazos recibió el de Rancho Seco, que tuvo bravura en el caballo.
Después de la suerte de varas, el novillero Antonio Mendoza ejecutó un quite, vistoso, con esa solera que le impregna a su percal, por lo que Jorge Didier tomó su capote para replicar el quite y adornarse con un quite por caleserinas.
Le brindó la muerte del novillo a Manuel Rivera, presidente del Consejo Directivo de la EACTEZ, y ya en su quehacer poco a poco fue metiendo en vereda al novillo, que tuvo nobleza, calidad, y transmisión. El novillo pedía dejarle la muleta en la cara, llevarlo largo, y cuando Didier entendía la fórmula, surgían muletazos de valía, pero también al intentar cambiar el procedimiento, la faena se iba a menos.
No se pone en tela de juicio la capacidad lidiadora de Didier, pero hoy el novillo era para más, por momentos se encontró y pudo regalarnos muletazos largos y templados, eso dejó un gran sabor, pero en otros, el novillo le ganaba el terreno, y lo hacía desdibujar los trazos. A pesar de la mala colocación de la espada la ración de acero fue suficiente para que el novillo doblara, cortando una oreja, la única del festejo.
El segundo llevó por nombre “Dentista”, de la ganadería de Rancho Seco, y correspondió en suerte al novillero Antonio Mendoza, quien tuvo un saludo capotero por delantales buen saludo, delantales, rematando con una revolera. Ejecutó un quite por saltilleras, ya con el agua hasta los tobillos, sencillamente colosal por el valor, el temple del lance y su limpieza.
La faena fue un portento de sitio, poderío e inteligencia, toreo largo de mano baja con la derecha con remates de pecho muy conseguidos. Mendoza toreó con calidad, sobre todo con la diestra, en una demostración de poderío. Al final, las manoletinas como un epílogo ajustadísimo que terminó por convencer a los aficionados que en Antonio Mendoza hay un torero de los pies a la cabeza. Las condiciones del ruedo no eran ya las óptimas, y esto no ayudó a la mejor ejecución de la suerte suprema, fallando, y yéndose con una salida al tercio, que hoy, tuvo más valor.
El tercer novillo “Tapabocas”, de Marco Garfias fue una dura prueba para el novillero hidrocálido Mario de Loera, pues no se empleó, siempre a la defensiva, con peligro, muy complicado, pero el novillero destacó por su firmeza y los muletazos a este novillo han sido literalmente robados uno a uno y de mucho mérito, además dejando ver que sabe hacer bien las cosas, pues los momentos que dibujó fueron de valía.
Tras las fallas con la espada sonaron los tres avisos, y se ordenó regresar al novillo a los corrales, novillo que por propio pie no hubiera podido hacerlo, pues se amorcilló, y a pesar de la exigencia de la afición de regresarlo a los corrales, el Juez de Plaza determinó que se apuntillará ahí, acto que reprobaron.
El cuarto novillo de la tarde y con el que cerró el lluvioso festejo llevó por nombre “Aspirante”, de la ganadería de San Isidro, que correspondió en suerte a Joel Delgado “El Panita”, quien con determinación saludó al novillo que mejor juego dio con el caballo, pues peleó con fuerza, demostrando su bravura.
El novillo exigió firmeza al novillero de León, que estuvo voluntarioso, pero le costó enseñar a embestir a su oponente. No estuvo acertado el joven espada que falló con los aceros y que escuchó los tres avisos.
Es necesario comentar lo lamentable que fue que tras varios intentos de tirarse a matar sin que el toro doblara, El Panita dejó la espada adentro, y así, tomó otro acero y se tiró a matar nuevamente; es decir, dejó dos espadas al novillo de San Isidro, situación que provocó la severa molestia de la afición que exige un espectáculo con mayor respeto y seriedad.
En este caso, la autoridad que encabeza el Juez de Plaza, Manuel Esparza, debió actuar con otro criterio y no dejar pasar por alto el tan lamentable hecho.
Para el próximo domingo Jorge Didier, triunfador de la primera fecha, repetirá al lado de Edgar Badillo, Jorge Rizo y Alexis Garay, quienes lidiarán un ejemplar de Pozo Hondo, dos de José Julián Llaguno y uno de Marco Garfias.