Entre la madurez y la proyección brillaron los momentos más destacados de la cuarta novillada de la Temporada Chica, pues tanto el veterano Jaime Ruiz como el novel Pérez de Pauloba brindaron el mayor calado y ambos saludaron una ovación desde el tercio, en el marco de un festejo en el que los ejemplares de Maravillas, en mayor o menor medida, tuvieron un buen juego.
El tlaxcalteca Jaime Ruiz se nota como un novillero maduro y hoy estructuró una faena muy interesante ante el primero de lidia ordinaria. Y es que supo serle muy paciente al de Maravillas y le tuvo fe, pues sabía que contaba con un buen fondo.
En esta tesitura, su trasteo fue largo y estudiado, pero con recompensa, pues si bien es cierto el ejemplar comenzó embistiendo un tan incierto y desacompasado, terminó rompiendo en la muleta de su lidiador, que toreó con tersura al natural y proyectó reposados trazos con la diestra, siempre dándole su correcta medida a las tandas.
La estocada con la que culminó no fue en el mejor de los sitios y el novillo tardó en doblar. Esto terminó por enfriar a la gente y la petición de oreja no alcanzó a ser mayoritaria, pero Jaime salió al tercio con fuerza y cosechó las palmas de un público que supo valorar su labor.
Pérez de Pauloba, que es todavía muy joven, dejó ver que cuenta con una gran proyección. El queretano tiene cualidades varias, pero quizá la más notoria es esa capacidad para conectar con los tendidos. Con alegría y exposición cubrió el tercio de banderillas y cerró con un emocionante par al violín.
Su faena fue emotiva y le llegó fuerte a los aficionados, pues Jorge sabe correr la mano con ligazón e impregna de sentimiento todo lo que hace en el ruedo. Coreados fueron sus derechazos, al igual que los naturales, aderezados con detalles muy gitanos, como los molinetes con la izquierda y los trincherazos de mano baja, todo ante un novillo magnífico, pues tuvo nobleza y gran recorrido.
El queretano perdió la posibilidad de tocar pelo debido a sus fallos con los aceros. Sin embargo, y tal fue la buena impresión que dejó, que el público le invitó a saludar desde el tercio a pesar de escuchar dos avisos, mientras que el novillo fue premiado con arrastre lento. Aquí hay un buen prospecto, señores, y seguramente el público de La México lo verá con agrado si es que lo repiten en esta campaña, que bien merecido lo tendría.
Emiliano Villafuerte “El Moso” está todavía muy verde, pero apunta virtudes que lo pueden impulsar para ocupar lugares importantes. El novillo que sorteó tenía buena condición, pero llegó aplomado al tercer tercio y esto complicó el panorama. El michoacano anduvo insistente y en ocasiones quizá "ahogó" a su oponente, pero cuajó varios derechazos estupendos, de mano baja y temple lento, así como detalles de torería.
El rejoneador Sebastián Torre abrió el festejo ante un novillo muy manejable y ante el que rodó bien de salida, para luego colocar rejones y banderillas toreando bien a la grupa y notándose esforzado, aunque sin que su labor llegará a romper. Estupenda la pega de los Forcados Mexicanos, con Tonatiuh Lailson como cabo de cara, que a la postre dio la vuelta con el caballista potosino, premio que el rejoneador en realidad no merecía del todo.
El noble novillo que le correspondió a José María Macías no era fácil para tomarle el ritmo, pues embestía muy despacito. El tlaxcalteca hizo su esfuerzo y cuajó algunos derechazos con solera, pero no consiguió elevar las alturas de su trasteo y finalmente pasó sin mayor pena ni gloria.
Jorge Rizo tuvo detalles ante un astado con una bravura quizá más seca a comparación de sus hermanos. El capitalino obsequió buenos pasajes, sobre todo toreando con clase al natural, pero sin poder estructurar una faena consistente. Al final, se puso muy pesado con la espada y se retiró ante pitos tras escuchar dos avisos.