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Tauromaquia: Toros, cabreos y desmentidos

Lunes, 07 Jul 2014    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | Opinión   
La columna de este lunes en La Jornada de Oriente
Para los cabales, un mundial de futbol significa abstinencia rigurosa de toros. Y el cabreo, la enemistad entre dos gustos que buena parte de la menguante afición mexicana percibe como antagónicos, se encona como nunca. Como si el esplendor futbolístico tuviera la culpa de las penurias de nuestra Fiesta.

Según este enfoque victimista y antifutbolero, que la televisión convierta el mundial en un fenómeno atosigante y omnipresente va en directo perjuicio de la tauromaquia, y no hay empresa que por estas fechas se atreva a enfrentarlo. Como hay futbol en Brasil, la Temporada Chica puede esperar. Mientras, quizás amine el mal tiempo, este cielo cerrado, como la Monumental de Insurgentes. Claro que por estos días empezaron los sanfermines. Pero Pamplona queda muy lejos, casi tanto como el Ángel para los que festejaban allí las glorias del equipo tricolor.

Este, es, más o menos, el panorama que la doliente afición se pinta. Vamos a ver, sin embargo, que tal alegato-premisa tiene en realidad poco sustento. En el pasado, tanto la Copa del Mundo como los Juegos Olímpicos se compatibilizaban perfectamente con el normal desarrollo de la fiesta. Incluso venciendo la desventaja de que todos los partidos mundialistas pasaran en ese entonces por televisión abierta. No como ahora, con la gratuidad democrática como una víctima más del crudo patrón neoliberal. Y a las pruebas me remito

México 68

Los Juegos –celebrados entre el 12 y el 27 de octubre: tres domingos exactamente– no impidieron la celebración de las novilladas correspondientes a la temporada veraniega. Y eso que Currito Rivera, el hallazgo mayor y sensación del año, había tomado ya la alternativa (Torreón, 15-09-68). Pero con Mario Sevilla, el portugués Óscar Rosmano y Arturo Ruiz Loredo –que obtuvo un gran triunfo y salió en hombros mientras en CU se clausuraba multitudinariamente la Olimpiada, tuvimos para pasarla más que bien en La México. Nunca se habló de suspender, aunque en los tendidos, siempre concurridos, las sabrosas conversaciones alternaban tema entre toros y deporte olímpico.

Con un agregado importante: México 68 ha sido la olimpiada con más horas de televisión abierta transmitidas a todo el país, la novedad de la "tele" a colores como atractivo adicional. Nada de lo cual restó público a las novilladas, que se televisaban también en directo.

México 70

Tampoco la fuerza del futbol –un mundial inolvidable, el de Pelé, Beckenbauer y Bobby Charlton, entre otros monstruos del balón– fue capaz de interponerse a la Fiesta. Ese año, la Temporada Chica apenas despuntaba –la Copa se jugó entre el 31 de mayo y el 21 de junio, pero el mismísimo día de la final se anunció en La México este cartel de lujo: Manolo Martínez y Curro Rivera, mano a mano; la plaza se llenó hasta los topes, azulada de capas para protegernos de la lluvia, y animada por la presencia de muchísimo turismo mundialista, atraídos por el revuelo que la corrida había provocado en la ciudad.

Argentina 78

Los eventos intermedios –JO de Alemania 72 y Montreal 76; y la Copa del Mundo Alemania 74, con sus respectivas transmisiones dominicales– ni cosquillas le hicieron a la Fiesta. Y la Final del mundial argentino coincidió por fecha –e incluso en horario, pues Argentina y Holanda jugaron tiempos extra con la corrida que La México anunció para esa tarde del 25 de junio: Manolo Martínez, Eloy Cavazos y José Antonio Gaona no llenaron la gran cazuela, pero poco faltó. Temporada Chica no hubo ese verano, porque la empresa lo dedicó a una desarticulada serie de festejos mayores. Como ése del día de la final al que hago referencia.

España 82

Tampoco interrumpió este mundial –junio 13 a julio 8– la secuencia novilleril en La México, y menos aún teniendo en cuenta que fue el año de Valente Arellano, el malogrado y sensacional novillero de Torreón. Curiosamente, en España sí se retrajo la actividad taurina, aunque no faltara un festejo dedicado al mundial y sus visitantes extranjeros. Actuaron ese 26 de junio en Las Ventas los triunfadores de San Isidro; es decir, Joao Moura a caballo, y los matadores Julio Robles, Jorge Gutiérrez y Tomás Campuzano, con toros de Jandilla y El Campillo. Lo mismo que cualquier partido del mundial, se televisó a México, naturalmente en abierto y con Pepe Alameda al micrófono.

México 86

No la tuvo fácil Alfonso Gaona, porque el segundo mundial mexicano –el de Maradona y la mano de dios, el del acrobático gol de Manuel Negrete y los cuatro de Butragueño a Dinamarca– coincidió con otra de sus tardías temporadas grandes. Tuvo, además, que apechugar, del 31 de mayo al 29 de junio, con cuatro domingos compitiendo con los ases del balón. Pero el hombre no se arrugó y las corridas prosiguieron, aún en horario futbolero, pues esta vez hubo partidos vespertinos, incluso en la capital. En La México, la taquilla, imperturbable, respondió de acuerdo con lo atractivo de las combinaciones. Como toda la vida.

Éstos fueron los carteles: junio 1, El Capea, Jorge Gutiérrez y Luis Fernando Sánchez; junio 8: Antonio Lomelín, El Capea y Jorge (ante un entradón); junio 15: Lomelín, Pepe Luis Vargas y César Pastor, y el junio 22 el cierre de la temporada, con el rejoneador Jorge Hernández Andrés y los espadas Nimeño II, César Pastor y Manolo Mejía. Las ternas modestas reportaron entradas medianas, nunca los impresionantes vacíos promovidos por los yerros voluntarios e involuntarios de la empresa de este tiempo.

Italia 90, EU 94 y Francia 98

Cuando estos mundiales se verificaron ya estaba al frente de La México la empresa actual. Vale decir que Rafael Herrerías ya se quejaba con amargura de las novilladas. Pero éstas siguieron su curso durante dichos torneos, ciertamente en tono menor, pues si algo ha distinguido desde sus inicios a los gestores del coso capitalino ha sido su desinterés por descubrir y promover nuevos valores. Como sea, y a pesar de que los mundiales se transmitían completos por televisión abierta, no hubo más interferencias que las causadas por la voluntaria dejadez empresarial.

Corea-Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014

Al desinterés de la empresa por la temporada cada vez más chica ha correspondido el público con el suyo, haya o no futbol.

Desaparecieron de la agenda alemanista –y en consecuencia de la de la ninguneada afición– aquellas temporadas que nos mantenían en vilo durante el verano, alrededor de 25 festejos en los que rara vez dejaba de haber algo interesante, novedoso o incluso extraordinario que celebrar. Todo lo contrario de lo que ocurre en los pocos e insulsos festejos novilleriles del presente siglo, de los que no ha surgido ninguna figura siquiera mediana porque parecen diseñados por el enemigo. Es ésta la verdadera razón de que las escasas novilladas transcurran ante tendidos desiertos, reflejo de un desinterés inducido desde la entraña del negocio taurino, haya o no mundiales de por medio.

Lo único novedoso es que durante las cuatro Copas del Mundo de referencia, la empresa simplemente pegó la espantada, absteniéndose de anunciar festejo alguno. Como sucede precisamente ahora, con la final de Brasil 2014 a la puerta.

Colofón

En conclusión, la molestia del taurófilo ante la situación de la Fiesta es natural. Pero enfocarla contra el futbol, sencillamente erróneo. Como creo haber demostrado con creces.


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