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Tauromaquia: Los jóvenes, la ética y el toreo

Lunes, 02 Dic 2013    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | Opinión   
La columna de este lunes en La Jornada de Oriente
Hace cosa de un año, las redes sociales vibraron al llamado de alguno de sus usuarios, partidario de la abolición de las corridas. Y por supuesto, la fiesta de toros perdió por paliza, al conjuro de la frase "toros sí, toreros no". En una barra dominada por el inmediatismo y los malos modos, donde la razón sucumbe a la gritería y los tópicos de moda, qué otra cosa cabía esperar.

Pudiera pensarse, sin embargo, que en una universidad las cosas tenderían a ser diferentes. Y no me refiero sólo a las reiteradas muestras de apoyo a la tauromaquia por parte del exrector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente o su Director de Publicaciones, Ignacio Solares, pues existen, en la capital y en el interior del país, otros ejemplos relevantes. Hablo más bien de los jóvenes estudiantes cuando, temporalmente alejados del ruido mediático, se ven obligados a analizar y argumentar posiciones y conclusiones relativas a la fiesta.

Dilema laboral

Como profesor responsable de un taller de Ética Empresarial en la Ibero, se me ocurrió elaborar un dilema –ficticio, como todos– según el cual el director de cierto diario deportivo que decide clausurar su sección taurina a pedido de su pequeña hija, por un  lado, y bajo la presión de anunciantes de conocidas firmas transnacionales, dispuestos a invertir en publicidad con tal que el periódico amplíe sustancialmente su espacio dedicado al futbol americano. Tal resolución implica el despido de tres cronistas y reporteros de toros. Ante la inesperada situación, estas tres personas, inconformes con su cese, le presentan al director una carta bien razonada en favor de la fiesta, que incluye las opiniones vertidas por personalidades del arte, la ciencia y en general la cultura, las mismas que esta columna publicó recientemente (La Jornada de Oriente de fechas 23 y 30 de septiembre de 2013); el lógico objetivo de la misma es que reconsidere su postura y les devuelva su fuente de trabajo.

Los alumnos del taller –jóvenes de entre 21 y 24 años, que cursan carreras relacionadas con la economía y los negocios saben de antemano: 1) que tienen que asumir el papel del director aludido para resolver en consecuencia; 2) que lo que decidan debe estar apoyado en valores humanistas, por lo que hay que compaginar éstos con los intereses comerciales en juego. El grupo está integrado por unos 20 estudiantes y, atendiendo a lo controversial del tema taurino, se les pide que trabajen en parejas y discutan a fondo el caso.

Sondeo inicial y discusiones preliminares. La primera ronda de discusiones, en el aula, devela la presencia de una aficionada furibunda a la fiesta y dos o tres jóvenes más dispuestos a apoyarla. Sin embargo, hacen mayoría los opositores, incluido un estudiante alemán de intercambio para quien, lógicamente, los toros representan un anacronismo comparable al circo romano. Por momentos, moderar las discusiones se hace difícil: realmente, el tema desata y exalta pasiones.

Es una sesión de hora y media, orientada a calentar motores y escuchar opiniones. Las parejas de estudiantes tienen una semana para discutir entre sí y presentar por escrito sus respectivas resoluciones al dilema planteado. La tarea será evaluada de acuerdo no con la resolución que finalmente adopte cada "director", sino con la coherencia y la validez ética de las argumentaciones.

Revisión de tareas

La primera sorpresa es ésta: a pesar de que las discusiones cara a cara del primer día mostraron una mayoría relativa contraria a las corridas de toros  –aunque nunca tan aplastante como la que acostumbran exhibir las redes sociales, esa barra del caos y las reacciones viscerales, en los trabajos por escrito, debidamente meditados y fundamentados, esa tendencia se revirtió completamente. Es decir, que casi todos los reportes atacaron por injusta la decisión de darle puerta a la sección taurina y dejar en el desempleo a los responsables de la misma, al tiempo que censuraban una decisión aparentemente ligada al amor filial del director, tras la cual se ocultaban claros intereses comerciales. Pero más que combatir la creciente presencia del futbol americano –aunque también algo de esto hubo, por oposición a la inculturación que conlleva, la orientación dominante aconsejaba compatibilizar ambos asuntos, aduciendo que enriquecería el contenido del diario respetando las distintas preferencias de los lectores.

De 11 trabajos presentados, en nueve el director reconsidera su primera decisión (suprimir la sección taurina), convencido por la bien argumentada carta de los cronistas. Por el contrario, sólo dos equipos de estudiantes se mantuvieron firmes en la idea de suprimir las páginas taurinas. El alumno alemán, razonablemente, dividió en dos vertientes su argumentario: por un lado, en su papel de director implicado en el dilema decidió mantener los puestos de trabajo y la sección taurina de su diario; por otro, como estudiante extranjero, y desde su incomprensión natural de las corridas de toros, simplemente añadió que le parecen un "deporte éticamente dudoso".

Valores rectores y funcionales; artísticos y culturales

Los valores rectores esgrimidos para tomar su decisión los centran los alumnos en la justicia (sería injusto despedir a tres personas no por la mala calidad de su trabajo sino por la temática del mismo) y la libertad (contraria a la tácita censura de la tauromaquia, pero ligada también a la libertad de expresión y el respeto al derecho a la información del público lector). En cuanto a los valores funcionales de orden laboral se mencionaron, entre otros, la lealtad, la empatía y la equidad que debe tener un director hacia sus empleados, así como la responsabilidad y el respeto que merecen tanto los cronistas como los lectores;  hubo también menciones a la solidaridad entre sí de los periodistas de la fuente taurina. Y a la honestidad del director al reconsiderar y dar marcha atrás a su decisión primera.

Entre los valores propiamente taurinos –éticos y estéticos que los jóvenes alumnos rescataron pueden mencionarse la creatividad y la plasticidad (dos de los reportes reclaman el valor artístico de las fotografías taurinas, agregando uno de ellos la necesidad de contar con al menos un fotógrafo experimentado y capaz, detalle que el dilema presentado por mí a los alumnos no consideraba); e inclusive la valentía: una estudiante la relaciona tanto con la capacidad y conocimientos de su tema que revela la carta de los cronistas, como con la que es propia del torero al desplegar su arte ante el peligro; aclaro que se trata de una estudiante que prefirió trabajar sola y que, de entrada, declaró que no le agradaban en absoluto las corridas de toros: se nota que leyó y meditó a fondo las opiniones de los personajes de la cultura contenidas en la carta al director, pues recoge palabras de Charles Chaplin, Lisa Loft y Rafael El Gallo en apoyo de la decisión finalmente tomada, al asumir el papel de director enfrentado al dilema ético descrito.

Contravalores

A tenor con lo anterior, quienes se pronuncian porque el imaginario director  reconsidere su postura inicial verían lo opuesto –mantener el veto a la fiesta– no precisamente como muestra de amor a la hijita, sino como falta de criterio y de ética profesional, al ampararse en la ingenua solicitud de una niña para privar de trabajo a los cronistas y de información taurina a los lectores. La mayoría se propone explicarle a la niña, en términos adecuados, que su horror a la sangre y a las corridas (obviamente nunca asistió a una, y  está enterada del tema sólo a través de redes sociales) no tiene un fundamento sólido, como tampoco su insólita petición al papá.

Resoluciones en contra

De las dos que se registraron, una de ellas incumplió las reglas del juego (asumir el papel del director), al preferir los integrantes de ese equipo la directa elaboración de un alegato personal, que parte de la peregrina afirmación de que los toros no pertenecen a la cultura mexicana sino a la española –bajo esa lógica, ni la lengua que hablamos ni la arquitectura que vemos y habitamos ni la religión que mayoritariamente se profesa en México ni cinco siglos de artes, ciencia y artesanías originadas en este país formarían parte de nuestra cultura; más adelante mostrarán desacuerdo con las opiniones de Octavio Paz y Camilo José Cela, aunque sin refutarlas con razones propias, al tiempo que niegan cualquier validez a los experimentos que, utilizando "microchips" insertados en varios astados, llevó a  cabo el neurobiólogo Juan Carlos Illera del Portal en sus investigaciones sobre el grado de estrés y de dolor que experimenta el toro durante su lidia (información incluida en la carta de los cronistas). Como es natural, el no adoptar el papel del director y la ausencia de argumentos –y no su libre resolución del dilema determinó una calificación baja para dicho reporte.

Más centrado, el otro texto convalida la petición de la hijita aduciendo que ésta ha sido solamente portavoz de una corriente abolicionista mayoritaria. Reconoce que no porque no aparezcan  noticias sobre el toreo éste va a desaparecer, pero tal abstinencia informativa algo ayudará a la larga. Reitera la negativa a considerarlo parte de nuestro patrimonio cultural, e invoca los "derechos de los animales" para reafirmarse en su posición de suprimir la sección taurina del diario.

Conclusión provisional

Elevar el nivel de la discusión y, sobre esto, dar un tiempo razonable para que las aguas se remansen y el análisis racional –condicionado además por el respeto a valores éticos logre abrirse paso entre personas habituadas a discutir y pensar dialécticamente, tiene un efecto mucho más favorable a la tauromaquia que cuando el tema se somete a encuestas apresuradas y gritería controversial.

Pero además de esta revelación esencial, la experiencia que traté de describir en la presente columna dice muchas más cosas sobre los jóvenes y su manera de ver y analizar la cultura, repensar la expansión de los derechos y discutir e interpretar, con la serenidad debida, puntos de vista encontrados. Seguramente, dado el interés concreto por darles la palabra y dejarlos que se expresen directamente al respecto, habrá ocasión de volver muy pronto sobre el análisis y las consideraciones sobre tauromaquia de estos estudiantes de Ética Empresarial.

Jóvenes eran también los diestros que ayer, en La México, les pusieron el pecho a los pitones, para demostrar, en las buenas y en las malas, que la ética y la estética taurinas permanecen vigentes. Y para confirmar, arrimándose, todo lo que la tauromaquia significa y ha significado para nuestra cultura  de casi cinco siglos.


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