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Julián Garibay es una gran revelación (fotos)

Sábado, 14 Sep 2013    Guadalajara, Jal.    Felipe Aceves | Foto: Memo Sierra     
En el encuentro de Escuelas Taurinas en GDL

A través de su historia, la fiesta de los toros posee como una de sus virtudes, la imprevisibilidad. No hay tarde que sea factible desdeñar. En cualquier festejo –por más humilde que lo cataloguemos, así llueva; así truene o así relampaguee- salta una liebre que hará el caldo anhelado. Hoy ha sido una de esas tardes.

Tal vez piense usted que me gana la esperanza, que la ilusión me ciega la mente o, peor, que a falta de conocer a Dios, cualesquier santo es bueno pa’ arrodillársele ¿Le digo una cosa? Con todo respeto… yo sé lo que vi esta tarde en la Plaza de Toros Nuevo Progreso. Y si no me cree coja el teléfono y llámele a sus conocidos entre los loquitos de Guadalajara.

Su nombre es Julián Garibay. Tiene 11 años; templa como un bendito; torea lento… lento… lento; largo… largo… largo; extrae los kilométricos ¡olés! del fondo de la barriga, liga –sí señor-, liga-; tiene valor sereno; acompaña con la cintura, con la cabeza, con el cuerpo; tiene buen gusto. Por si fuera poco -precisamente por su edad- todas estas virtudes son… exactamente, usted lo dijo antes que yo: son naturales. ¡Achis, achis! ¿Es acaso el gachó del arpa? ¿El torero que México espera? Yo no sé. Lo que sí voy a hacer es gozar -mientras dure- lo que sentí esta tarde. Tiene Julián un largo –larguísimo- trecho por caminar.

Todo puede pasar: bueno, no tan bueno y malo. La responsabilidad es muy grande para el matador Antonio Bricio, Director de la Academia Municipal Taurina de Guadalajara. Pero lo es también para todos los estamentos de la fiesta en Jalisco: Ganaderos, Empresarios, Apoderados… para los que nos decimos taurinos. Es tan grande el paquete, como los son las posibilidades de éste chaval. Hoy fue su debut frente al público. El tiempo lo dirá

¡Qué tarde nos han dado los chavales! Ambiente cordial en los tendidos, en el patio de caballos, en los corrillos posteriores. Todo se conjuntó para algo que ha sido gratificante –sobretodo- para la fiesta de México. La Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros jalando parejo, el Servicio Interior de Plaza le dio la alternativa a sus pequeños hijos –muy aplaudidos por cierto- para que trazaran las curvilíneas rayas de los tercios, que rastrillaran la arena, asearan el ruedo y, que al toque del clarín, la tropa saliera en estampida para cubrirse; no sea que suelten al toro y nos coja en el ruedo.

A Olga Casanueva, de Guadalajara, le correspondió un colorado girón de Jorge Hernández Andrés, al que trató de recibir en un desdeñado “portagayola”, pero Olga no se puso de pie hasta que el bicho volvió para, ahora sí, recetarle largas cambiadas. Tuvo una distancia muy exacta, que el poquísimo rodaje de la joven Casanueva no le permitió encontrar. Eso sí, valiente, se sienta en los riñones y tuvo su mejor pasaje metida en tablas en pases por ambos lados. Ovación al calce.

Luis Manuel Castellanos, de la Escuela Taurina de la Plaza México, lidió un jabonero deslavado, bien armado del hierro de Guadiana con el que, a pesar de que se enteró pronto dónde estaba el torero y que le saboteó la actuación, el torero estuvo valiente. Ni siquiera cuando sabía con certeza que iba sobre él, echó Manuel la pata pa’tras. Sobraban los regaños y aspavientos de su asesor de callejón. Todavía le plantó una serie de manoletinas con los pitones del jabonero en el pecho. El público le llamó al tercio.

Alejandro Adame, de la Escuela Municipal de Aguascalientes, es una castañuela. Bregó con propiedad, lanceó con temple rematadas verónicas, con una media invertida y otra belmontina. Llevó al penco el buen ejemplar de Teófilo Gómez por tapatías y lo dejó con un remate pinturero. El quite por zapopinas, ni a su hermano mayor la sale mejor. Le sale pintado. Cogió los palos y… nada de al violín, ni pares “menumentales”. Banderilleó con clasicismo. Toreó al cuarteo para cuadrar en la cara y clavar en lo alto, bien igualados los aretes. Su muleteo es variado, pinturero, con variedad. Bien toreao… bien arrematao. Cerró su buen trasteo con “sanjuaneras”. Solicitud de oreja concedida por el palco.

¡Qué dimensión en los muletazos de Héctor Gutiérrez, de la Escuela de Espectáculos Taurinos de México! Pero, como dijo Jack el destripador… vámonos por partes. Lanceó por verónicas con temple y manos bajas en el mismísimo centro del ruedo, para con la muleta llevarse por alto, de nuevo a la boca de riego, al mejor becerro de la tarde, un negro entrepalado del hierro de Xajay. En su faena tuvo Gutiérrez su mejor momento, en una serie ligada en serio de verdad. Cerca del final bordó un cambio de mano por delante para –repito- ligar el pase de pecho con la zurda, de aquí hasta allá y de pitón a rabo. Faena larga que nunca bajó de tono. Merecida oreja.

Ojo, mucho ojo con las maneras de Juan Pedro Llaguno de la Escuela de Querétaro. A pesar de que pechó con uno de Claudio Huerta -el otro lunar del encierro- que era un abanico de pitones y, por más intentos que hizo Juan Pedro, no se corregía, el chaval es de llamar la atención. Desde que bregó al becerro, éste le echó mano de fea manera. Ya con los palos invitó a Héctor Gutiérrez y Alejandro Adame a cubrir el tercio. Adame cuarteó por el derecho para clavar reunido y en buen sitio, Gutiérrez por el otro lado y Llaguno cerró con un par al quiebro que arrancó una sonora ovación en el público. Para concluir, la tercia hincó una rodilla en tierra para cerrar el tercio. El de Querétaro acabó por fajarse en emocionante toreo por la cara, medios pases y metiéndose en el terreno del eral para, otra vez, escuchar las ovaciones por un toreo tan poco interpretado, pero que los aficionados saben apreciar.

Cerró el festejo Isaac Fonseca, de Tlaxcala, ante un ejemplar de Celia Barbabosa, bueno, al que Isaac le plantó un par de afarolados de hinojos, para de pie adornarse por chicuelinas con sabrosura. Realizó luego un quite por saltilleras que remató con una media digna de Ruano Llopis. El de Barbabosa tenía un punto delicado: una distancia muy exacta. Fonseca la buscó y la encontró. La buena faena tuvo su clímax en una serie de redondos con la mano diestra que nos hizo saltar del asiento. Esa y todas las series fueron correctamente rematadas. Concluyó la sinfonía por estatuarios y manoletinas, más quieto que mi tía Martina que murió hace ocho días hizo veinte años. Faena de oreja.

En fin que, una tarde que despierta las esperanzas. Una tarde que nos muestra, como México está lleno de talentos en los ruedos ¿Qué nos falta? ¿Qué nos pasa?

La empresa anuncia el cartel que reanuda la temporada novilleril tapatía. Quinto festejo. Novillos de Paco Cordero para, Alejandro López, de Aguascalientes, la presentación del hispano Raúl Cañero y del zacatecano Edgar Badillo.


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