Tlaquepaque: Una siembra de esperanza (fotos)
Miércoles, 03 Ago 2016
Guadalajara, Jal.
Felipe Aceves | Foto: Memo Sierra
Octavio López con la magnífica becerra de San Constantino
La apuesta hecha por Casa Toreros en la plaza "El Centenario" de Tlaquepaque rindió sus frutos, y la serie de cinco vacadas ofrecidas en este asolerado coso de Jalisco mantuvieron el interés de un público que disfrutó la entrega de los aspirantes a novilleros que participaron en este certamen.
Eso de ser agricultor, no es nada fácil. Y si de "sembrar" toreros hablamos, las dificultades se multiplican. Durante los sábados del lluvioso julio y agosto –seis, para ser exactos– fue convertido por Casa Toreros en un, metafórico coamil taurino. Por lo pequeño de su ruedo; por lo agreste –aunque bien organizado, no exento de peripecias– de su desarrollo. Los nacimientos no son muy ornamentales que digamos.
Apelo a esta metáfora, porque asistir a un festejo de este tipo está vedado a los ojos profanos. Aquí no hay relumbrón. No hay lucimiento ni socialité. Aquí hubo afición a tope... y mucha lluvia. Amor a la Fiesta, en toda su profundidad. Entrega de todo mundo. Desde el más humilde chalán –dicho sea con respeto– hasta los responsables de cada área. Había que ver trabajando a todo el equipo, acondicionando –una tarde y otra también– un ruedo castigado por las aguas que saben caer en San Pedro; embarcar, recibir las vacas; tenerlas entre algodones y que eso permitiera que los ejemplares llegaran al festejo en condiciones de ser lidiadas.
Cada tarde fue una evidencia de la vitalidad de la fiesta, del milagro que tengamos niños y adolescentes que sueñan en ser toreros, en esta época de un anti taurinismo hipócrita. Y si el milagro se consolida, que alguno llegue a ser figuras del toreo.
A través de los festejos, varios novicios consiguieron destacar, a pesar de unas limitaciones obvias en este tipo de ganado; pero que por eso mismo propician la evidencia de encontrar virtudes fundamentales en los jóvenes aspirantes.
Como suele suceder, en el cartel de triunfadores "ni son todos los que están, ni están todos los que son". A diferencia de otras tardes, en este último festejo no se lidiaron vacas de desvieje, como se les llama, sino que fue una "tienta pública" (con becerras de dos años de edad), y por tanto no fueron estoqueadas. Esta faena campera trasladada a la plaza representó un digno colofón de los cinco festejos, que por el ambiente que dejaban a su paso empujaron a la empresa a programar uno más, ahora de triunfadores.
Quienes mostraron espolones fueron: el triunfador, perteneciente a la Academia Municipal Taurina de Guadalajara, Julián Garibay, quien alternó con otros destacados: Juan Pedro Herrera, de Aguascalientes, a quien se le nota ya un interesante rodaje, y José María Mendoza, origniario de la capital, un joven que su percha me hizo recordar aquel rubio regiomontano llamado Félix Briones Siller, y que en esta caso se trata de un aspirante que es hijo del reportero radiofónico, nuestro compañero Edgar Mendoza.
A dos toreros, la suerte no les permitió en esta ocasión colarse al festejo final, pero sí al gusto de los aficionados asistentes: Eduardo Neira, espigado y elegante prospecto duranguense quien, a pesar de haber escuchado un par de bocinazos fue llamado a recibir una sonora ovación. Otro joven con buenas cualidades es el michoacano, Isaac Fonseca.
Sería mal aficionado sin no le doy relevancia al ganado lidiado. En la vacada de triunfadores vimos "tentar" un ejemplar de altísima nota, con el hierro de San Constantino, propiedad de Juan Pablo Corona, que a la sazón fue la más sobresaliente de todo el ciclo.
Eso de ser agricultor, tampoco es barato. Y no hay muchos tiradores dispuestos a caminar el surco. A hundir los pies en la tierra bronca, llenarse –literal– de lodo las botas, sólo con el afán de propiciar brotes de esperanza de alguno –o algunos– de los jovencísimos candidatos. Mi reconocimiento sincero a Casa Toreros, por este esfuerzo grande. Humano y económico.
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