Tauromaquia: Los toros de regalo (y II)

"...la esplendidez coletuda iba siendo progresiva, porque..."

Si en el viejo Toreo, en más de mil corridas, no se regalaron más de 30 toros, y si en Cuatro Caminos –bajo criterios más relajados– no llegaron a la cincuentena, la Plaza México ha sido la feria del dispendio con ¡345! "Plaga" que se propagó sin control a partir de 1990.

Vea usted si no: de 1946, cuando se estrenó el coso, a 1988, en que intempestivamente clausuró su última temporada Alfonso Gaona, se verificaron 589 festejos mayores y hubo 111 astados extra; en promedio, un obsequio cada 5.3 festejos.

La esplendidez coletuda iba siendo progresiva, porque si de 1946 a 1950 (cinco años y 78 carteles) los regalos apenas fueron 5 (uno cada 15.6 corridas), la cifra ascendería a 28 entre 1951 y 1960 (138 festejos), para escalar a 37 durante el período 1961-1970 (135 corridas) y bajar a 31 en la década siguiente (154), mientras que entre 1981 y 88 –período anómalo, de apenas 83 tardes de toros– los obsequios fueron diez y 8.3 su promedio, el más bajo desde 1946-50.

Pero con la década final del siglo XX llegaron nuevos vientos a la colonia Nochebuena: primero intervencionismo gubernamental –justificado, pues sirvió para rescatar la plaza de un cierre sin solución aparente–. Después, dejadez absoluta de sucesivas administraciones públicas, abandonando los destinos del coso a la autorregulación empresarial, nefasta por donde se le mire. Y en medio del desastre, un público inerme que, golpeado por tanto "gato por liebre" y precios de entrada inaccesibles para la mayoría, acabaría por irse olvidando del espectáculo favorito de incontables generaciones de capitalinos, hasta dejar los graderíos de La México en su estado de desolación actual.

En la temporada de reapertura –89-90– los sobreros de obsequio rompieron todas las marcas (ocho regalos en 27 tardes: 3.3 de promedio), pero eso fue nada comparado con el aluvión que nos esperaba: 101 regalos de 1990 a 2000 (en 264 corridas: uno cada 2.6 festejos); 54 en 189 paseíllos, entre 2001 y 2010 (3.3 de promedio), y en lo que llevamos de la segunda década del XXI otros 79 regalitos en 174 festejos (uno cada 2.1 corridas).

Si se comparan los 29 años últimos con los primeros 42 de la Monumental, los 234 obsequios habidos los últimos 30 años (uno cada 2.63 corridas),  duplican el promedio anterior de un regalo cada 5.3 corridas, de por sí deteriorado por la obsequiosidad de Manolo Martínez y contemporáneos. Nada que ver, en todo caso, con la media más reciente, "enriquecida" por algún festejo en que hubo hasta 5 bureles extra (23-03-97), en plan de auténtica limpia de corrales. Por no llamarlo pachanga desaforada.

Ponce, el campeón

Las cuentas no mienten: el mayor obsequiante en la historia del monumental coso es Enrique Ponce, que en sus 43 tardes-noches al calor del público de Ia capital –incluidos todos los 5 de febrero… hasta que dejó de ser día de asueto– ha regalado nada menos que 14 veces, con frutos proporcionalmente escasos –desorejó a cuatro de dicha docena– y favores de la autoridad tan improcedentes como devolver un animalejo rechazado por el público para dar suelta a un sustituto, maniobra similar a la "equivocación" del torilero que, con la complacencia del juez, le permitió al valenciano lidiar y desorejar un toro de Julio Delgado (05-02-03)… y regalar luego otra más.

Castella, el retador

No queriendo ser menos que el de Chiva, Sebastián se ha convertido en decidido ofertante de sobreros, al grado que son ya 12 los que lleva obsequiados al paciente público capitalino, incluido un par en la presente temporada. Es verdad que su promedio de triunfos es superior –6 orejas y un indulto en su haber–, y que alguna vez regaló un  auténtico torazo de La Joya ("Seda de Oro": dos orejas el 05-02-16). Pero está claro que su cartel en México no sería el que es si el reglamento de la capital tuviera vedado el mañoso recurso. O, al menos, acotado a que el obsequiante se atuviera al primer sobrero reseñado, y no al "zapatito" a la medida.

Manolo, el rey

Antes de que Ponce y Castella se enfrascaran en su particular plusmarquismo, el mayor obsequiante había sido Manolo Martínez, que como mandón absoluto de su tiempo no iba a embarcarse en aventuras y siempre fue sobre seguro. Tal vez por ello, cinco de sus diez rabos que el monumental escenario fueron de séptimos toros ("Solero" de San Miguel de Mimiahuápam; "Aceituno" de Tequisquiapan; "Jardinero" de Torrecilla; "Soñador" de Valparaíso, y "Tigre" de Los Martínez).

Además se dio el lujo de desorejar a tres más de la docena dictada por su esplendidez, aunque la fortuna se le torció sin remedio con "Limonero" de La Gloria, el último toro de su vida (04-03-90). Bastante menos se prodigaron sus contemporáneos Eloy Cavazos y Curro Rivera, con 5 obsequios por barba; por cuatro de Antonio Lomelín y sólo tres de Mariano. Lo mejor, el faenón que bordó Rivera con "Horchatito III" de Garfias (07-01-73) y el de Ramos a "Miracielo" de La Gloria (27-01-91). 

11 veces Jorge

No lejos de Martínez se situó el hidalguense Jorge Gutiérrez, con otra coincidencia: también fue de regalo –y tampoco lucido– el toro de su adiós ("Inolvidable" de Carranco, 04-02-07); pero tanta inversión le sirvió de poco, una oreja solitaria y pare usted de contar. Miguel Espinosa "Armillita" tampoco fue muy allá (siete obsequiados, dos de oreja); Guillermo Capetillo, a cambio de otros siete regalos, inmortalizó a "Gallero" de Cerro Viejo (30-01-94), y tres pilones no le alcanzaron a David Silveti para alegrarnos la existencia.

Otro Manolo con 12

Siguiendo la huella de su maestro, Manolo Mejía también aparece con 12 regalos, entre ellos "Desvelado" de la divisa de Manolo Martínez, cuyo rabo paseó. Además, cobró par de auriculares de "Lajeño" de Xajay (26-03-95) y a dos más les tumbó una oreja. De su generación fue el más espléndido, dejando en siete obsequios Eulalio López "Zotoluco" (uno de oreja); Fernando Ochoa nada en cuatro, y prácticamente al margen Rafael Ortega (tres toros de regalo y dos orejas); Ignacio Garibay y Federico Pizarro (dos por añadido) y muchos otros. Mejor le fue a Arturo Gilio con "Genovés" de De Santiago (rabo: 05-02-92). Y a Antonio Urrutia, que indultó a "Pavito", de Manolo Martínez (20.11.97).

Siglo XXI

De los diestros actualmente en activo –o recién idos– Octavio García "El Payo", José Luis Angelino y Juan Pablo Sánchez llevan cinco óbolos por barba, con algún apéndice rescatado. De sus coetáneos solamente Arturo Saldívar (cuatro) consiguió armar la escandalera y llevarse el rabo de "Buen Mozo" de San Isidro (06-11-11). José Mauricio de tres obsequios desorejó a dos. Y sufrieron cornadas de toros de regalo Alfredo Ríos "El Conde" (11-01-15, por "Consentido" de La Punta) y recientemente Fabián Barba (06-01-19, por "Mitotero" de Monte Caldera). Y hablando de heridas graves producidas por astados extra añadiría la del colombiano Pepe Cáceres, de triste final y muy grato recuerdo (por "Zafiro" de Piedras Negras, 12-02-61).

De Velázquez a Leal

El primer obsequiador frecuente fue el leonés Antonio Velázquez, con seis intentos entre 1949 y 55 a cambio de dos toros de oreja ("Cubanito" de Rancho Seco y "Sonajero" de Peñuelas). Y sería Alfredo Leal, de los de mediados del siglo XX, quien regaló más astados, cuajando por lo menos tres, de los que dos lo hirieron levemente, el último de ellos, "Cuate" de Reyes Huerta, en el transcurso de una faena de verdadera antología (05-01-70): total, siete bureles y seis orejas.

Pero la mayor cosecha corresponde a José Huerta, que sacó máximo rendimiento de sus seis sobreros, con los rabos de "Motorista" de La Laguna (05-02-56), el indultado "Cantarito" (10-05-59) y "Vagabundo" (20-02-72), ambos de Valparaíso. A Jorge Aguilar "El Ranchero", también con seis, sólo le redituó "Viajero" de La Laguna (rabo: 05-02-56). Y ni hablar de Luis Procuna, que regaló dos veces y en la primera inmortalizó al famoso "Polvorito" de Zacatepec (15-02-53), según consta en la laureada película "Torero".

Hispanos

Cualquier lista la debe encabezar el Capea padre, con sus siete obsequios para cinco orejas, el rabo del histórico "Manchadito" de Garfias (17-02-85) y al menos cuatro faenas grandes. Sin olvidar el emocionante faenón de Diego Puerta con "Indiano" de Tequisquiapan y su grave cornada al estoquearlo (16-02-64: dos orejas).

Más acá, Alejandro Talavante regaló seis a cambio de un apéndice, Miguel Ángel Perera cinco por tres orejas y un rabo; y Julián López "El Juli" cuatro (cuatro orejas y el rabo de "Romancero" de Xajay, 30-01-11). Esta década sobresalen los indultos de "Sonajero" de Villa Carmela (Juan José Padilla, 16-11-14) y "Bomboncito" de José María Arturo Huerta (David Fandila "El Fandi", 14-12-14). Y allá lejos, el rabo que Paco Camino le cortó a "Novato" de Mariano Ramírez, y el de Jumillano a "Lucerito" de Carlos Cuevas (26-02-55). El maestro de Camas se despidió  de La México con otro de los tres que allí regaló, un deslucido "Arcángel" de San Miguel de Mimiahuápam (01-04-78).

Para la historia

En el orden estrictamente artístico son demasiados 345 toros para unas cuantas faenas realmente memorables. Como las de Procuna y "Polvorito", Huerta y "Cantarito", Camino y "Novato"; Leal y "Cuate"; Manolo y "Aceituno"; Curro y "Horchatito III"; Capea y "Manchadito"; Guillermo y "Gallero"; El Juli y "Romancero", y alguna más. En total se han repartido 21 rabos y hubo seis indultos. Otra cosa sería si, por ejemplo, se suprimieran los cortes de apéndices a bichos de obsequio. Y solamente se permitiera regalar el morlaco entorilado como primer reserva. Sería el final del huachicol taurino.

Conclusión

La vulgarización lo que tendría que ser excepcional y la degeneración de la casta brava han dado al traste con la posibilidad de ver algo valioso. Números cantan.

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