Dueño de una apabullante naturalidad, con la prestancia que da la experiencia y los aires de figura que le acompañan, el diestro madrileño Julián López "El Juli" tuvo una tarde de sobrada importancia en la plaza Monumental de Mérida donde, al igual que sus alternantes, terminó con el balance de una oreja, que dice poco de lo vivido en el marco de la sexta corrida de la temporada, tras la faena de escándalo que le cuajara al que hizo quinto y que por el fallo a espadas se saldara al final con una vuelta de estruendo, en reconocimiento a lo dejado en el ruedo.
Sus alternantes, Eulalio López "El Zotoluco" y el caballista Jorge Hernández Gárate cumplieron con profesionalidad y decoro, en una tarde que, -dada la mansedumbre del encierro de Marco Garfias-, en todo momento se tornó cuesta arriba.
Así entonces, a unas horas de la corrida de aniversario de la plaza de toros México y de la cual tanto Zotoluco como El Juli estarán ausentes, sin duda que se apetecía verlos en mano a mano, ante una afición conocedora y exigente como la de la plaza de toros Mérida.Y al final la expectación se saldó con billetes de alta denominación.
Con su primero, El Juli realizó una faena plena de técnica, para entendidos, dadas las condiciones de su enemigo. El garfeño, un inválido de medias arrancadas y que rodaba irremediablemente por la arena, fue herramienta propicia para una demostración de madurez, oficio y buen gusto.
Con la muleta retrasada, el torero madrileño literalmente se inventó la faena, de menos a más, hasta embarcar a su enemigo en tandas de inicio impensables. Más el toro nunca mintió: descastado, parándose a la mitad del muletazo, terminó por echarle mano cuando intentaba un pase de pecho. El toro se quedó por debajo lanzando al madrileño por los aires en momentos dramáticos. Al final, sólo fue el susto.
Enrazado, El Juli volvió a la cara del astado para enjaretarle una nueva y sentida tanda por derecha, antes de irse tras la espada que sepultó en sus tres cuartas partes, para la obtención de una oreja.
Pero si ya se había dejado ver con ese su primero, lo mejor de la noche llegó con el que hizo quinto. Si bien hay que decirlo, fue el mejor del encierro por su calidad y nobleza, el garfeño tampoco fue un dechado de raza y bravura, por lo que de nuevo habrá que destacar que se trató de una labor plena y con fundamento.
Vaya, una faena de escándalo tras sujetar al distraido al que terminó por meter en la canasta para dar paso a una bella pieza, de mano baja y pinceladas bien rubricadas, que terminaron por poner en ebullición a la plaza.
Con banderas desplegadas, El Juli dio paso a una faena tersa y templada, con solvencia, madurez y pleno regusto.
Con el toro entregado y el torero ensimismado, la faena alcanzó nota de sobresaliente, tras exquisiteces redondeadas con detalles plenos de torería en los remates y en el mismo colofón de la labor con muletazos del desdén, siempre en un palmo de terreno o en su caso caminando con torería hacia los ijares.
Para ese entonces los aficionados estaban de pie, más tanto embelesamiento terminó en desgano tras el feo metisaca, pinchazo en lo alto y estocada, que le privó al torero de un triunfo de escándalo. Seguro que la aclamada vuelta no la olvidará en un buen rato.
Zotoluco anduvo profesional y torero con su primero, un manso de libro al que entendió a cabalidad y cuyo mérito fue sujetarlo. En un despliegue de conocimientos que terminó con el toro en sus terrenos, a manera de confianza en la búsqueda de mayores lauros, el diestro de Azcapotzalco alcanzó una labor entendida y profesional, que no coronó debidamente con la espada. Se le fue la mano abajo, por lo que fue un acierto del juez Ulises Zapata, denegar el trofeo.
Con su segundo, no fue menos; no obstante, también hubo de remar contracorriente. A diferencia de su primero, el de Marco Garfias resultó un toro pronto, pegajoso por momentos y por consiguiente incómodo. Zotoluco destacó por dar la lidia adecuada a su antagonista al que terminó por meter en vereda hasta alcanzar destacados instantes con la sarga por derecha. Ahora si, acertó con la espada a la primera, por lo que paseó triunfal una oreja.
Por lo que hace al rejoneador Jorge Hernández Gárate tuvo una actuación de mención, tras mostrar un plausible sentido del espectáculo, pese al descastamiento de sus dos astados. Con su primero puso la cuota que le faltó al morito, al que enceló con sus cabalgaduras, destacando con rejoncillos, banderillas cortas y un par a dos manos, sin dejar de lado el "violín" que cuajó en todo lo alto.
Con el cierra plaza anduvo en el mismo plan. Echado para adelante ante un toro parado al que; no obstante, terminó por encelar para alcanzar algunos momentos de valía al torear de costado. Como matara pronto, el juez le otorgó el tercer apéndice del festejo, redondeado tras la obtención de un nuevo trofeo.