El Zapata y Ventura enloquecen al público (video)
Domingo, 16 Ene 2011
México, D.F.
Juan Antonio de Labra | Foto: Sergio Hidalgo
El tlaxcalteca cortó dos orejas al quinto de la tarde
La expectación por ver a Diego Ventura se desbordó y la entrada que registró La México fue excelente, si consideramos que no se le conocía en México. Seguramente, a su estrategia de promoción sirvió haber toreado previamente tres corridas en cosos de provincia, en las que cosechó tres puertas grandes y encendió la mecha del "boca a boca" que conlleva un efecto de publicidad favorable.
De tal suerte que sorprendió gratamente ver en los tendidos unas 28 mil personas, hecho que supone un gran logro en la carrera de Ventura, ya que ni siquiera otras figuras extranjeras, aparentemente más conocidas de la afición, han conseguido meter tanta gente en la tarde de su presentación o en posteriores comparecencia, inclusive habiendo triunfado en La México.
El público acudió gustoso a presenciar a este nuevo fenómeno del rejoneo, que malogró tres faenas con el rejón de muerte y se privó de cortar media docena de orejas, o menos si no hubiera regalado un sobrero de Garfias, porque lo que había hecho con su lote de Rancho Seco, bastó para enloquecer a la gente, que se le entregó sin reserva y disfrutó mucho su actuación.
Los momentos más brillantes los consiguió sobre los lomos de "Nazarí", un caballo de un temple y una expresión torerísimas. La forma de galopar de costado, llevando a los toros cosidos al estribo, fue algo que maravilló a los espectadores y los hizo ponerse en pie varias veces a lo largo de las intervenciones del carismático caballista.
Pero también gustó lo que hizo con otros caballos de su cuadra como "Maletilla" o "Wellington", que utilizó durante la lidia del primer toro de la tarde, un ejemplar de dócil embestida que se lastimó al resbalar. No obstante, Diego aprovechó la suavidad que tenía, y lo cuajó a placer en una faena completa y entregada que finalizó clavando banderillas cortas sobre "Califa", el valiente y temperamental caballo de matar.
Otro de los pasajes más significativos de su actuación sobrevino en la lidia del cuarto, cuando “Morante” lanzó arriesgados mordiscos al de Rancho Seco, reuniéndose con torería en todos los embroques. Y los quiebros que realizó montando al bayo "Oro" también impresionaron a la concurrencia. Pero tampoco se quedó atrás con "Ginés", que sacó en el toro de regalo, al que hizo cosas muy espectaculares, como fueron esos alegres balanceos antes de clavar las banderillas.
En resumidas cuentas: lo de Diego Ventura en La México el día de hoy fue un lío gordo, con gritos de "¡torero, torero!" y una comunión total con el público, así que es muy posible que al conjuro de su nombre meta todavía más gente cuando vuelva a las corridas de aniversario del mes de febrero, y siga su camino triunfal en busca del cariño de la afición mexicana.
La mácula, y vaya que le pesó, fue haber estado tan desacertado con el rejón de muerte en los tres toros, y marcharse a pie después de una tarde como la que ofreció. Aquello debe haberle revuelto el estómago.
El que demostró que la empresa incurría en un error al no contratarlo fue Uriel Moreno "El Zapata", que no se quedó detrás de Ventura, y en su parcela, como torero de a pie, también cautivó al público.
La entrega del tlaxcalteca rayó la temeridad a lo largo de distintas intervenciones, sobre todo con capote y banderillas. Y al margen de la fuerte paliza que le dio el primer toro al intentar un quite por chicuelinas, sacó la casta y dio espectáculo en los tres tercios de la lidia.
La faena más centrada se la hizo al segundo de la tarde, un toro encastado al que debió tragarlo mucho cerca de tablas. El viento no incomodó al torero, que se plantó como un león para ejecutar una faena maciza que no coronó con la espada.
Al cuarto le cuajó un tercio de banderillas inverosímil, pues clavó un par al violín, por dentro, citando a una distancia tan corta que parecía que no había forma de realizar la suerte con limpieza. Pero a base de corazón y agallas, El Zapata sacó a flote el tercio y hasta una vuelta al ruedo tras hacer alarde de facultades corriendo hacia atrás y de costado, quebrando la cintura y encelando al toro, como si fuera "galopando" a la manera de Ventura pero a pie. ¿Se puede creer? Pues lo hizo, y la gente no lo podía creer y le aplaudió a rabiar.
El trasteo tuvo altibajos, ya que el toro se aplomó y era preciso llegarle mucho a la cara para obligarlo a embestir. A la hora de matar, El Zapata se volcó literalmente sobre el morillo y colocó una estocada eficaz de la resultó volteado aparatosamente. Esta dramática escena y el despliegue de raza y afición, le valió el corte de dos orejas que el público pidió con insistencia.
Ahí está un nombre más para los carteles de aniversario, y la prueba fehaciente de que cuando se tiene hambre de triunfo, no hay excusas que valgan para dar la cara y salir a jugársela como lo hizo El Zapata esta tarde en el coso de Insurgentes.
José Mauricio tuvo una desconcertante actuación que sin duda le pasará factura, y si la tarde anterior ya se la habían puesto las cosas muy cuesta arriba, francamente no se sabe cómo podrá sobreponerse al encono de la gente, que le pitó con rabia a la muerte de sus dos toros.
Al primer ejemplar de su lote, alto y deslucido, le pegaron mucho en el caballo y esta situación irritó a la gente sobremanera. Cuando José Mauricio trató de resarcir aquel ambiente hostil y se fue a los medios a brindar, le chillaron a tal grado que prefirió arrojar la montera hacia las tablas. Y aunque trató de pasarlo de muleta con entereza, lo cierto es que aquel detalle no había gustado nada a la gente.
El sexto presentó complicaciones desde el capote, y José Mauricio salió decidido a buscar el triunfo. Destacó en un quitazo por gaoneras con el compás abierto, pero pocos minutos más tarde no consiguió ligar los pases delante de aquel toro reservón y peligroso, y como otra vez se puso pesado con el acero volvieron a caerle encima. Al margen de que la tarde haya sido aciaga para el torero capitalino, su actuación también incidió en el cúmulo de emociones que hicieron vibrar a la gente de principio a fin de una corrida donde hubo de todo.
Ficha México, D.F.- Plaza México. Decimoprimera corrida de la Temporada Grande. Poco más de dos tercios de entrada (unas 28 mil personas) en tarde soleada, con intermitentes ráfagas de viento. 6 toros de
Rancho Seco, disparejos en hechuras y presentación, de los que destacaron el 1o. por su nobleza, el 2o. por su bravura, y el 4o, que fue manejable. Un toro de
Garfias como regalo, justo de presentación y noble. Pesos: 490, 485, 540, 486, 485, 470 y 480 kilos.
Diego Ventura: Ovación, palmas y ovación en el de regalo.
Uriel Moreno "El Zapata" (verde olivo y azabache): Ovación y dos orejas.
José Mauricio (azul rey y oro): Pitos tras aviso y pitos tras dos avisos.
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