Hoy, Luis David y Héctor Gutiérrez fueron los máximos triunfadores de un festejo que tuvo sus matices, algunos buenos, pocos, y otros agrios, que tuvo como factor el rumbo de la tónica el poco juego que dieron los toros de Boquilla del Carmen, en el que Arturo Saldívar pudo conseguir también un trofeo junto con sus compañeros de terna, de no ser porque no fue valorada su labor frente a su primer astado, por un público que, como ya sabemos no sabe ver toros (porque así es), en lo que ha sido la primera corrida de la Feria de San Francisco en Pachuca.
Esto, sobre todo, ante una importante entrada que registró la monumental "Vicente Segura" de Pachuca, que salió del coso no precisamente convencida por su resultado, y es que, los asistentes, parecían, repetimos, esperaban algo más del resultado de lo de hoy (cosa que no sucedió, pero fue que la entrega de los toreros no cejó y quedó de manifiesto).
Así las cosas, cuando por las circunstancias enrarecidas en la capital del coso de Hidalgo se han puesto cuesta arriba como hoy, por propuestas de un diputado y grupos de animalistas que buscan la prohibición de los festejos taurinos en la entidad, ha sido un triunfo que sí haya festejos taurinos, (en primera) y que la gente respondió, haciendo una importante entrada este domingo en Pachuca, que, dicho en lo que llaman un run-run, nadie se lo esperaba.
La afición de la capital de Hidalgo no mermará, sin duda, pero, en cambio, no ayuda el resultado, el juego de los toros de Boquilla del Carmen,. Esta tarde, desde su salida, ni siquiera se empleaban a los capotes, ni menos voluntad de seguir a los engaños, y, menos, emplearse a los caballos.
Bien. La gente respondió. Los toros, con edad, bien presentados, no tuvieron fondo; tan descastados, con apenas cierta voluntad para que los toreros les pudieran hacer algo. El que correspondió en segundo lugar del lote a Luis David, fue violento, y el público pensó que era bravo, pero fue un espejismo, sacó más ese algo de genio que de bravo, y el juez, contagiado por el entusiasmo, le premió con un inmerecido arrastre lento (de dónde).
Total, un desastre, del que ya alguien auguraba lo que iba a pasar con esos toros.
Y así, la terna remontó una corrida, de la que, como todo aficionado, y sobre todo el profesional que se pone delante del toro, desea que un festejo llegue a buen puerto y que haya triunfos.
Decíamos, pues, que Luis David, con su segundo, un astado, que sacó cierto genio, pero que como virtud fue que se movió, la experiencia del torero, su voluntad y valor, pudo dibujarle tres verónicas, cuando la res echaba las manos por delante y fue manso al caballo. En quites trazó un par de mandiles rematando con el manguerazo de Villalta, siendo aplaudido.
Nuevamente le mandaron llamar a cubrir el segundo tercio, haciéndolo con un cuarteo, un sesgo y un violín que le fueron reconocidos. Y, así las cosas, la concurrencia confundió la violencia con la bravura, pero, el diestro supo aprovechar, tomarle la distancia al toro, quien estuvo firme ante acometidas en las que parecía que le iba a coger, y que, en cambio, le dibujó ayudados importantes, compensando la falta de entrega del toro. Con la zurda tuvo momentos que no fueron menos, porque el toro no era fácil, transmitiendo su entrega a la gente. Mató de estocada apenas baja, suficiente, para cortar dos orejas (de las que una de ellas sobraba), y un incomprensible arrastre lento al toro, por lo antes dicho.
Con su primero poco pudo hacer de capote, por la poca fuerza que apuntó el astado desde su salida, que, a su vez, se defendió con el picador. No fue el mejor tercio de banderillas que protagonizó el torero, y, sobre todo, en cuanto a la colocación de las banderillas, pero sí en la entrega, lo que le agradeció el público.
Sin pretenderlo, antes de que estuviera “bien armado” con la muleta en los medios, le pegó dos péndulos junto con dos pases por alto. Luego, la historia apenas se decía como el resto de la corrida”: fue con un toro parado, deslucido, que, cierto, fue el único que humilló, pero se quedaba corto, protestaba. Lejos de poder hacer algo, por el pitón izquierdo el astado protestaba más. Culminó un trasteo con manoletinas, en un afán de convencer al público que no pasaba en vano su reaparición por Pachuca, para señalar tres pinchazos y descargar cinco golpes de descabello, yéndose a la barrera bajo una tibia división de opiniones y pitos al toro.
La esperada reaparición en este coso de Héctor Gutiérrez tras ser triunfador de la Copa Chenel no podía ser menos, incluso se desplazó afición de Ciudad de México para verle, y con su primero, con el que no pudo lucir de capote porque el toro se defendía, echando las manos por delante y quedándose corto, en un hecho insólito (como en una plaza de pueblo) se pasó con solo un par de banderillas.
Y de muleta, hizo el esfuerzo ante un toro manso, que como cualidad de su condición, punteaba, se quedaba corto y echaba la cara arriba, pero la actitud del torero hizo que este, de su entrega, decíamos, el toro repitiera en una serie de ayudados que se destaca, templando esa deslucida acometida de la res, y tras una estocada apenas caída, se pidió la oreja, que no lo era, pero el juez no quiso entrar en discusiones con los pocos que la pidieron, y la regaló sin más.
Con el sexto dibujó tres buenas verónicas. Aunque el astado no tuvo fondo, fue el único como un espejismo de cualidad, la fijeza. De muleta, aunque se rehusó a seguir el engaño el burel, el torero hizo el esfuerzo. Le cogió en un descuido y provocó la disposición del público, pero no fue suficiente para remontar un trasteo en el que el público ya se distraía con cualquiera cosa a falta de interés en el ruedo, merced del poco juego de los toros. Señaló un pinchazo y estocada trasera, suficiente, para irse a la barrera en silencio del respetable, que ya no es respetable.
Arturo Saldívar merece hoy un renglón aparte. Se le ve madurez, asentamiento; hizo las cosas con cabeza, pensando las cosas, y parecía no tener las cosas fáciles, ya que su primero acusaba cierta cojera de la pata izquierda, es posible que haya estado acalambrado, y antes de ser picado, fue devuelto a los corrales, el juez se apresuró antes de tener un contratiempo con el público, lo devolvió, y entonces, cuando estaba siendo devuelto a los corrales, el animal ya no apuntaba esa cojera. Hay que ver toros, digo.
Salió, pues, el reserva, un toro muy hecho que punteaba desde que el torero lo tanteó con el capote, y en la muleta lo siguió haciendo el animal, además de quedarse corto y defenderse, y así, con eso, le pudo hacer una faena pensada, sentida, lo que se dice, con cabeza, lo mismo por el pitón derecho que con el izquierdo, en el que aguantó que se frenara, se para y se defendiera, pero el diestro estuvo sereno, paciente. Mató de un pinchazo y estocada baja, y si a uno de sus compañeros de cartel le regalaron una oreja, pues Saldívar tenía más que ganada una oreja, pero el público apenas le sacó al tercio a que le reconocieran su esfuerzo.
Su segundo, un toro que, aunque fue soso, al menos fue obediente a los cites de la muleta, con cierta fijeza, pero de embestida desacompasada que no le permitió elaborar un trasteo que trascendiera en el ánimo del público. Es cierto que el torero tuvo un tiempo en el que le tomó el ritmo a este astado que tampoco tuvo fondo. Acertadamente abrevió y tras señalar media estocada caída, descargó certero golpe con el descabello, para apenas escuchar palmas.
Total, que, Pachuca, sin hacer menos la plaza, continúa siendo una de pueblo, como dicen los que vienen de fuera.