Además, el complicado juego de los toros de La Playa puso las cosas cuesta arriba, no obstante la determinación que mostraron los toreros del cartel para agradar al público, que hizo una buena entrada.
Fermín Espinosa "Armillita IV", con dos salidas a hombros de las tres actuaciones anteriores en esta plaza, salió dispuesto a cambiar la suerte de la noche. El torero de Aguascalientes supo entender las condiciones del toro que le tocó en suerte y logró muletazos de calidad, abrigado también por las notas de la "Pelea de Gallos", que ejecutó el mariachi, y la algarabía contagiosa en el tendido.
El menor de la dinastía coronó la faena con una estocada entera al primer viaje, pero un tanto contraria, lo que le restó el corte de una segunda oreja que le fue negada por el juez Antonio Quiroga. Al final, éste sería la único trofeo concedido a lo largo de una noche accidentada
Abrió plaza el rejoneador Fauro Aloi, en su segunda actuación en Monterrey, plaza donde se le sigue negando tocar pelo. Para su fortuna, enfrentó al único toro con calidad, noble y de buen son, que acudió siempre a los caballos, poniendo a prueba al jinete.
Tanto se atracó de toro en su faena, que el precioso retinto llamado "Faraón" fue alcanzado en el anca derecha al ejecutar un quiebro y, lamentablemente, resultó herido. Luego sacó a "Aplauso" y a "Fuego", para clavar banderillas al violín, y terminó la faena montando a "Migajas", con el que adornó el morrillo con una rosa. Tras dos pinchazos y una estocada entera, echó pie a tierra y enseguida dobló el toro, sin necesidad de que Fauro utilizara el descabello.
José Mauricio mostró sus buenas maneras al lancear con la capa, en las verónicas de recibo y también por chicuelinas en el quite. Lalo Rvera, recién descendido un par de horas antes del avión que lo trajo desde Madrid, ejecutó una buena vara.
Luego, vino lo inoportuno. El viento se encargó de echar su labor. El capitalino lo intentó por ambas manos, incluso en muletazos de quebranto para someter la embestida del toro. Al intentar por pitón derecho, le pegó un derrote seco y lo alcanzó, propinándole una voltereta seria, buscando a su presa en la arena.
Maltrecho, José Mauricio fue llevado por sus compañeros a la enfermería desde donde regresó con arrestos para darle muerte al segundo viaje. Instantes después, pasó por su propio pie a la enfermería y fue trasladado al hispital.
Tras cuatro años de ausencia en esta plaza, Arturo Saldívar regresó a Monterrey para enfrentar al tercer toro de la noche, que resultó muy complicado. Así que decidió abreviar y fue pitado por el público, que a estas alturas de la noche seguía esperando mucho más de la corrida.
Llegaría el turno para el regio Sergio Garza en quinto lugar. A escaso mes de que cumpla nueve años como matador, Garza ejecuta siempre la misma faena. Entre sus fuertes, como lo ha expresado, es recibir a sus toros de rodillas, en los medios, para ejecutar largas cambiadas de rodillas. Y más tarde cubre el segundo tercio, lo que entusiasma al público. Pero ya con la muleta, suele perder la brújula.
Por otra parte, mal hizo anoche el torero regiomontano, de invitar a salir al ruedo al influencer Adrián Marcelo, para brindarle su faena mientras éste grababa la escena micrófono en mano, algo nunca visto. Obvio, aquella chuflería recibió el esperado y sonoro abucheo de la gente. Luego de que no pasó nada con la muleta, Garza finalizó la lidia de una estocada entera, contraria y delantera, a la que siguieron siete golpes de descabello.
En una de esas rarezas, validas si se puede decir hablando de otras suertes de capote, André Lagravere "El Galo", recibió a su toro con dos chicuelinas al hilo de tablas, antes que realizar cualquier otro lance.
Después, el animoso yucateco cubrió el tercio de banderillas, lo que el publicó recibió con alegría. Y su faena, con el viento aun molestando, fue más de voluntad y ganas de agradar, que de calidad, por lo que no fue fácil trascender. Al entrar a matar se perfiló a cuerpo limpio y pinchó. Luego lo hizo con un sombrero en mano... y volvió a pinchó. Terminó su labor con un golpe descabello.
Y si algo faltaba en la noche, la respuesta es sí: Sergio Garza decidió regalar un séptimo toro, faltando ya media hora para que las manecillas del reloj anunciaran la llegada de un nuevo día. ¿Y qué pasó?...
¡Pues, nada! que otra vez el torero regiomontano se fue a los medios a ejecutar la larga cambiada. ¿Y entonces?, pues lo que tantas veces se le ha repetido, "en una de esas…" y si, con el toro ya casi encima, Garza se inclinó apuradamente, casi acostado para esquivarlo, y se lastimó la pierna derecha.
Como pudo se puso en pie, el toro lo vio y le pegó un susto al tamaño de la Monumental, teniendo que apurar el paso adolorido para llegar de milagro a refugiarse a la tronera del burladero. Lo dicho: ¿qué necesidad? Así terminó su actuación.
Sin querer queriendo, ese toro de regalo lo tuvo que lidiar Arturo Saldívar, en ausencia de José Mauricio, que era el primer espada del cartel, y a esas horas ya estaba en el hospital. Pero el de La Playa tampoco funcionó, en este caso debido a su debilidad. A pesar de que Arturo se afanó por templarlo y agradar al público, tuvo que cortar la faena, misma que remató de una estocada eficaz para dar por terminada la larga jornada.