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El tiempo pasa, pero la torería perdura

Domingo, 06 Sep 2026    ZAC, Zac.    Juan Antonio de Labra | Enviado         
Leonardo Benítez y Federico Pizarro cortaron dos orejas
El festival de esta noche en Zacatecas vino a confirmar que el toreo es pasión, y la nostalgia extraviada de pronto se aparece así, sin avisar, con la naturalidad de siempre, para recodarnos que ni siquiera el paso de tiempo es capaz de quitarle su pátina de torería a un hombre que se siente y se sabe torero.

Hoy fueron seis toreros en el ruedo de la Monumental, diestros de distintas generaciones y personalidad, quienes mantuvieron el interés del escaso público que había en los tenidos, a lo largo de un festival repleto de añoranza y buen toreo, con el denominador común de la entrega, esa que lleva a un ser humano a jugarse la vida en aras de expresar un sentimiento.

Y de novillo a novillo, conforme pasaron los minutos, todos demostraron que esa llama interna es muy difícil de que se extinga por completo, producto de una forma de ver y vivir la vida que está por encima de cualquier otra consideración.

Por ello, hasta la inesperada sustitución de Manolo Mejía -que hubiera disfrutado mucho torear este festival- no dejó indiferente a nadie cuando Alfredo Gómez "El Brillante" hizo una faena tersa, serena, en la que ese toreo de otra época, de muletita retrasada y cuerpo perfil, no ha perdido vigencia en México cuando se hace de dicha manera.

Y así le buscó las vueltas El Brillante a un novillo huidizo el que tuvo que encelar para robarle muletazos con limpieza y calidad, no obstante que el de Marco Garfias empezó a topar de mediados de la faena hacia adelante, y la que le recetó una estocada en buen sitio y meritoria, que debió haber sido premiada con una oreja.

Pero eso fue lo de menos. Lo relevante fue que ayer por la tarde le avisaron si quería torear y no lo dudó, y en menos de 24 horas ya había dejado sobre la arena zacatecana su solidaridad con Mejía, y la impronta de caballero agradecido.

Después salió Paco Dóddoli, cuya afición no le cabe en el cuerpo, y se las tuvo que ver con un novillo más corpulento y complicado, con el que el torero michoacano nunca perdió la fe, ni siquiera cuando el de Marco Garfias se echó a los lomos al matador Antonio Mendoza, que salió a hacerle un quite por saltilleras con tan arrebatada verdad, que la voltereta estaba cantada desde el cite.

A partir de ahí se descompuso todavía más la lidia del novillo, y lo bueno fue que Dóddoli estuvo breve, en una faena a la antigua, de escasos y eficaces muletazos, que sirvieron para cuadrar al novillo y tumbarlo de una magnífica estocada a un tiempo, que le valió el premio de la oreja, más que merecida a su concisión y cabeza clara.

El tercero de la noche tuvo buen aire, y Hernán Ondarza, que este año cumple 40 de haber tomado la alternativa en la plaza "Nuevo Progreso" de Guadalajara, enseño ese toreo perfumado que desde su más tierna etapa como novillero hizo concebir tantas esperanzas a la afición de Monterrey.

Y si con el capote apenas pudo bosquejar una bella media verónica, ya con la muleta el novillo fue más definido y consistente en sus embestidas, y eso le permitió a Hernán gustarse en una faena con muy buenos momentos, como esos muletazos templados que fueron la miga de un trasteo donde también los adornos contaron mucho: un trincherazo y un desdén de cartel de toros. Lo malo fue que no estuvo fino con el acero, ese talón de Aquiles que marcó su trayectoria. Sin embargo, dejó el aroma de torero fino, y eso fue lo más positivo de su brillante actuación.

Ya con la emoción a flor de piel, el León de Caracas volvió a rugir, y de qué manera. Porque Leonardo Benítez enseñó el sino de su paso por los ruedos: una determinación a prueba de fuego que, hoy, aquí en Zacatecas, una plaza que siempre se le dio bien, afloró con la rotundidad de quien se sabe dueño de su carácter.

A ese novillo, corrido en cuarto lugar, que fue el mejor de los seis, el torero venezolano lo recibió con una larga cambiada de rodillas; luego lo toreó a la verónica con enjundia y lo llevó al caballo con una chicuelinas al paso; y más tarde le hizo un quite, también por chicuelinas, pero de manos bajas, y arrebujada expresión.

Todo iba fluyendo de maravilla, y hasta la gente le pidió que cogiera las banderillas, a lo que pudo haber accedido, pero Leonardo estaba concentrado en lo que venía después: una faena con tal estructura y seguridad, que dio la impresión de que seguía en activo, como el primer día que llegó al país, hace 36 años, para hacerse hombre y torero en esta tierra que desde entonces es como la suya.

La gente gozó con la actitud de Benítez, que en cada serie puso el corazón por delante, en una faena maciza, de las que lo caracterizaron por su raza y que, además, tuvo chispazos de variedad como esos pases lasernistas y las sanjuaneras, parte del rico repertorio que fue una lección para las nuevas generaciones, muchas veces tan apáticas en buscar la variedad.

La estocada en todo lo alto, y la muerte del novillo, que también vendió con la certeza de tener el triunfo en la mano, fueron el mejor colofón a una noche en la que Leonardo vino a rememorar porqué llegó a ganarse un lugar en México, y durante muchos años fue la gran figura del toreo de Venezuela.

Y como le picó la cresta a Federico Pizarro, contemporáneos de generación y amigos de toda la vida, éste vino a complementar con su toreo lo que había hecho Benítez, en una lidia en la que desde el capote acarició las nobles embestidas del quinto novillo de la noche.

A mitad de la faena, parecía que el de Marco Garfias iba a quedarse corto y comenzó a mirar a Pizarro, que nunca dudó de lo que estaba haciendo, y gracias a esa confianza en sí mismo, consiguió meterlo otra vez en vereda con muletazos de muy buena clase, incluido el final, andándole, llevándolo de los medios al tercio, antes de ejecutar una estocada entera para que también se le concedieran dos orejas, en medio de la complicidad y el cariño del público.

Alfredo Gutiérrez no se iba a dejar ganar la pelea, y por ello recibió al sexto con una verónica de rodillas que llevaba un mensaje explícito de pundonor. Y a partir de ahí toreó muy bien a la verónica. Después hizo el quite de la noche: una combinación de cuatro preciosas suertes tales como el lance del quite de oro, ligado a una escobina, que antecedió una caleserina, para rematar con un larga. Ahí quedó eso.

La faena tuvo pasajes de un toreo de pulso y suavidad pasmosa, sobre todo en la economía y sutileza de los toques, y de un aguante muy preciso para dejar que el novillo descolgara la cara y sacara el potencial de nobleza que tenía, hasta que vino a menos, pero no por ello la emoción del público, que también agradeció que Alfredo cubriera el segundo tercio, al que invitó al matador Jorge Delijorge, que puso el mejor par de banderillas de la noche, en una muestra de que hoy viste la plata y el azabache, en las filas de los subalternos, pero que su sentimiento torero sigue siendo de oro.

La salida a hombros de Leonardo Benítez y Federico Pizarro fue como una imagen captada con una cámara análoga e impresa en papel, que nos remontó a mediados de los años noventa, cuando estos toreros venían arrollando con fuerza y dejaron, en la Plaza México, dos inolvidables triunfos con sendos toros de Xajay: "Consentido", al que Pizarro le cortó el rabo en 1995 y "Altruista", al que Benítez entró a matar sin percatarse que había sido indultado, y le cortó el rabo en 1997.

Hoy, como ayer, ahí estaban, como rivales y como amigos, cada uno con sus armas, como el resto de los toreros del cartel; cada uno con su estilo y concepto del toreo; pero todos, y quizá eso es lo más trascendente, con la esencia torera intacta. La misma que en su día los encaminó por la senda de Tauro.

Ficha
Zacatecas, Zacatecas.- Plaza Monumental. Segundo festejo de feria. Festival a beneficio del DIF del estado. Menos de un cuarto de entrada, en tarde fresca y húmeda tras la llovizna que cayó antes del toque de clarín. Novillos de Marco Garfias. Pesos: 370, 436, 434, 384, 368 y 348 kilos. Alfredo Gómez "El Brillante", que sustituía a Manolo Mejía: Vuelta. Paco Dóddoli: Oreja. Hernán Ondarza: Vuelta. Leonardo Benítez: Dos orejas. Federico Pizarro: Dos orejas. Alfredo Gutiérrez: Oreja. Incidencias: El matador Antonio Mendoza hizo dos quites. Destacó por su colocación Jorge Delijorge, además de que clavó un gran par de banderillas y fue ovacionado.


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